martes, 27 de junio de 2023

VIOLENCIA de Bibiana Collado Cabrera

 VIOLENCIA de Bibiana Collado Cabrera. Por Custodio Tejada.

OPONIONIONES DE UN LECTOR.



VIOLENCIA de Bibiana Collado Cabrera. Editorial La Bella Varsovia. Poesía. Tapa blanda. 92 páginas. Año de edición 2020. 21cm de alto por 12 cm de ancho y 0,5 de grueso. Tercera Edición. Está dividido en cuatro partes: “Decir víctima, Decir veneno, Decir golpe y Decir roto”. Un poemario grito o denuncia que se abre paso en las entrañas a fuerza de arañazos, heridas y cicatrices. Conforme vas leyendo acto y palabra se funden, y desde una arquitectura dialógica, la violencia verbal se convierte en reclamo de justicia a través de la batalla cultural del lenguaje, un estado de consciencia y una voluntad pedagógica. Otro libro de poesía que introduce por derecho propio a Bibiana Collado en el Linaje de las Matriarcas.

            Jhon Banville declara en una entrevista para “Ethic.es” con motivo de su última publicación “Las singularidades” que cuando se sienta a escribir deja de existir, o que “el arte no tiene ninguna responsabilidad para con nada… El arte no tiene ninguna responsabilidad en relación a la política, los códigos morales o cualquier otra cosa. Y una de las cosas que hacen las obras de arte más valiosas es el hecho de que el artista siempre lo hace lo mejor que puede. No importa lo horrible que sea la persona en cuestión: la obra siempre va a ser auténtica y cierta… Y es porque no tiene nada que ver con quién es uno”, “Pero no sé nada de justicia social. Solo me importa crear arte. Y eso es lo que hace valiosa la literatura: que no importa nada más. Un artista debe ser honesto y no pretender que está escribiendo por la sociedad, por su propio compromiso. Eso es basura…”. “Todo parece estar siempre cambiando, pero la verdad es que ni el mundo ni la gente cambia. Somos exactamente iguales que cuando estábamos dentro de las cavernas hace 12.000 años atrás… Somos los animales que siempre hemos sido”. Lo que dice Banville parece casi contracultural al momento y la percepción que vivimos. Por supuesto que Bibiana Collado no entraría en el decir de John Banville, su vocación “marxista” de la cultura no se lo permite. “Nos hacen con cada palabra” –escribe la autora. Vemos que el arte también tiene algo de mercado persa o rastro.

Escribió Mijaíl Mijáilovich Bajtín que “el lenguaje no es un don divino ni un regalo de la naturaleza. Es el producto de la actividad humana colectiva, y refleja en todos sus elementos tanto la organización económica como la sociopolítica de la sociedad que la ha generado”, o, “la conciencia solo deviene conciencia al llenarse de un contenido ideológico, es decir, sígnico y, por ende solo en el proceso de interacción social”. Autora y lectores nutriéndose de carne lingüística e intertextual. Las citas y dedicatorias de “Violencia” acompañan el trayecto itinerario o banquete.

            Decía Juan Ramón Jiménez que la literatura es un estado de cultura y la poesía un estado de gracia. En Bibiana Collado cultura y gracia se dan la mano y con esa carga de profundidad que tienen sus poemas nos conduce por la violencia de género, el abuso del patriarcado y el poder del lenguaje, con una buena carga metalingüística que se hace evidente en todo el poemario. “Los padres, cuyas bocas crearon el mundo,/ no me dieron palabras para nombrar eso” –dice en el poema Casa. La portada, con un desconchón que borra el rostro de una mujer que viste de azul, nos anuncia lo que nos espera en sus páginas, un deseo denuncia contra la violencia de género y la sumisión que proyecta el lenguaje. En la sinopsis del libro que encontramos en la contraportada leemos: “El lenguaje puede transformar la realidad y puede generar también violencia. A ese abismo se asoma este libro valiente y necesario”. En el titular que aparece en “elmundo.es” la autora afirma que las mujeres están demasiado acostumbradas a heredar silencio. “El silencio se hereda, la experiencia del daño se hereda”. En una entrevista para “lasnuevemusas.com” confiesa que “decir algo es hacer algo”, lo que pone de manifiesto que para la poeta decir y hacer son sinónimos, escribir es una forma de actuar, usa la poesía como acción o reacción y también como pedagogía o revolución. Le otorga al lenguaje el poder de la obediencia y la trampa, pero también el de la liberación y la lucha. Quien controla el lenguaje y el relato controla el poder. Verbalizar puede ser el primer paso del cambio, la primera piedra de la transformación. “Ellos pueden decir, nosotras no. Y si lo hacemos, se nos castiga” –dice.

He descubierto con dos lecturas que el poemario produce una rabia contenida y un debate consigo mismo y con esta época cronotopo que nos ha tocado vivir. Primero, con una lectura rápida que me sentó como un puñetazo por la contundencia de su poética, y luego, más sosegadamente, con una segunda lectura que sentí como una caricia de lija. Violencia, de Bibiana Collado  Cabrera, editado con la delicadeza que acostumbra La Bella Varsovia, abre las persianas del lenguaje para mostrarnos lo que ocurre en esa casa. Sus poemas son como golpes, versos que son pellizcos en las entrañas, heridas, “violencia sobre el lenguaje” que se hace denuncia y dignifica, un decir que quiere hacer, un nombrar que huye del silencio y del miedo para renombrar, para digerir de nuevo y sacar afuera. La voz de este libro es mucho más que decir víctima, veneno, golpe o roto, es un decir limpio, claro y directo que se hace ser o voluntad en la palabra que toma consciencia y se rebela en nombre de todas.

Abre el libro un gran poema titulado “La palabra despecho”, que podría estar incluido en cualquier antología que refleje el legado del Linaje de las Matriarcas y cuyo valor literario justifica por sí solo todo el poemario. “La palabra despecho constituye/ un éxito del lenguaje/ -y el lenguaje siempre es patrimonio del opresor-/ La palabra despecho desactiva/ todo discurso, anula cualquier/ fisura…” Con este poemario la poeta intenta “buscar y abrir fisuras en el lenguaje, con la voluntad de reapropiarse de esta herramienta poderosísima que juega tantas veces en nuestra contra” –dice y maximiza la poeta.

Un libro y una autora que seduce y encandila. Bibiana Collado consigue aunar el acto ético y el acto estético en una poética del decir que se hace ceremonia lírica y luminosa. El que quiera disfrutar de la poesía que la lea. Y al leerla la fijamos en nosotros para siempre.

Opiniones de un lector

Custodio Tejada

19 junio 2023  http://custodiotejada.blogspot.com/




    TODOLITERATURA

https://www.todoliteratura.es/noticia/58199/poesia/violencia-de-bibiana-collado-cabrera.html


GRANADA COSTA

domingo, 18 de junio de 2023

EL EXORCISTA DEL PAPA de Julius Avery

 EL EXORCISTA DEL PAPA. Una película de Julius Avery. Por Custodio Tejada

THE POPE´S EXORCIST



OPINIONES DE UN ESPECTADOR.  Por Custodio Tejada.


EL EXORCISTA DEL PAPA. Una película del australiano Julius Avery. Nacionalidad: Estados Unidos. Productora: Screen Gems. Productores: Michael Patrick Kaczmarek, Jeff Katz y Doug Belgrad. Año 2023. Duración: 103 minutos. Guionistas: Chester Hastings, Evan Spiliotopoulos, Michael Petrone, R. Dean Mac Creary. Fotografía: Khalid Mohtaseb. Música: Jed Kurzel. Género: Terror. Distribuidora: Sony Pictures. Para mayores de 16 años. Presupuesto: 18 millones de dólares. Lleva recaudados más de 70 millones de dólares, la mayoría fuera de los Estados Unidos. Estrenada en España el 5 de abril de 2023. Reparto: Russell Crowe (padre Gabriele Amorth), Laurel Marsden (Amy), Alex Essoe (Julia), Carrie Munro (Adela), Daniel Zovatto (padre Esquivel), Peter Desouza (Henry) y Franco Nero (El Papa). Presume y nos la venden como “inspirada” en los archivos reales del Padre Gabriele Amorth, exorcista jefe del Vaticano (concretamente en sus libros de memorias: “Un exorcista cuenta su historia” y “Un exorcista: más historias”). Rápidamente comprobamos que no es así, que tiene un currículum oculto. Grabada entre Irlanda y Roma, nos presentan la trama situada en una Castilla con mar, frondosa y verde como no es. Lo que demuestra la falta de rigor y el desconocimiento de España. Da para mucho más que un cine fórum. Es una película adoctrinadora que incide una vez más en los tópicos negrolegendarios, que tergiversa los hechos y la historia, y que fomenta la hispanofobia y la catolicofobia. Realmente es una apología de la leyenda negra, aunque EE.UU. y Hollywood ya nos tienen acostumbrados a esto. Quizá su nuevo imperio global “AUKUS” todavía lo necesita para seguir imponiendo su hegemonía mundial y especialmente para seguir devorando a la hispanidad y al catolicismo.

 

Hay quienes buscan la provocación y la polémica a caso hecho porque así el éxito y la taquilla funcionan mejor. Hollywood sabe que el tratamiento de ciertos temas le reporta no solo beneficios económicos de una forma fácil, sino también beneficios de propaganda y de supremacismo cultural, que son más rentables todavía aún. Lo que verdaderamente nos incapacita a los hispanos es creernos lo que nos cuentan. Eleonor Roosevelt decía que nadie podrá hacerte sentir inferior sin tu consentimiento. Y como la libertad de expresión vale para todos, y ellos la han usado, yo voy a ejercer la mía.

Otra película de Hollywood, estadounidense o useña, que vuelve a las andadas. ¿Será por deformación protestante, por deformación imperialista, por deformación anglosajona o por deformación “progresista” por lo que el cine norteamericano o anglosajón, preferentemente, enfoca y proyecta una y otra vez los mismos tópicos y las mismas fobias? Máxime cuando hay suficiente historiografía como para dar un salto y hacer justicia histórica comparada, salvo que necesiten que siga habiendo río revuelto porque siguen buscando la ganancia de los pe(s)cadores. O sea, la sumisión cultural, y por tanto económica, militar, política… En “PressReader.com” leemos que el premier británico Rushi Sunak ha decidido agitar la guerra cultural en el Reino Unido nombrando a Arif Ahmed, profesor de Filosofía de Cambridge, como director de Libertad de Expresión, y éste promete defender “la libertad de expresión desde todos los puntos de vista para que todos se beneficien”, o “No estamos hablando de ideas partidistas, sino de valores que son fundamentales para nuestra civilización”.

 “La película comienza con una madre estadounidense mudándose con sus dos hijos a un castillo antiguo en España, donde el niño es poseído por el diablo”. En la misma Wikipedia podemos leer: “Amorth encuentra un pozo que lleva a un complejo subterráneo debajo de la abadía, sellado por la Iglesia por su peligro demoniaco. Se entera de que un fundador de la Inquisición española fue poseído mientras realizaba un exorcismo, infiltrándose en la Iglesia para cometer atrocidades en nombre de Dios, incluyendo la Inquisición misma”. Antes, más al comienzo, una cita del Padre Amorth abre la película para darle casi un rango de documental, que por supuesto en absoluto tiene. “Cuando nos burlamos del diablo y nos decimos a nosotros mismos no existe, es cuando él es más feliz”. La cita parece providencial. Y podría referirse perfectamente a la leyenda negra. Yo creo que cuando Henry Kamen dice que la leyenda negra no existe y le creemos, es cuando él y otros son más felices.

Ana Sánchez de la Nieta nos la presenta en Aceprensa como “una película de terror que contiene, sin embargo, la extraordinaria biografía y personalidad del padre Gabriele Amorth”, así, a bocajarro. Pero va más allá de eso, y ni siquiera eso. Engaña al espectador. Disfrazada de una película que parece rendir homenaje al Padre Gabriele Amorth, un sacerdote católico que realizó más de 60.000 exorcismos y que fue el principal exorcista del Vaticano de 1986 hasta su muerte en 2016, lo que realmente hace es un ataque contra la Iglesia Católica y contra España y su historia (casi una enmienda a la totalidad, cosa que no hacen con ninguna otra historia de ninguna otra nación, cuando tienen intolerancias religiosas con mejores posibilidades y cifras más elevadas y documentadas historiográficamente que las que aquí pretenden inculcarnos).

Si buscamos por Internet lo que piensa la Iglesia Católica de la película, encontramos en “nacionflix.com” que “la película presenta a la Iglesia Católica como poco confiable, y que el ambiente del Vaticano está pintado con un efecto similar al de “El Código Da Vinci”, para inculcar en el público la duda sobre quién es el verdadero enemigo”, o, “la Asociación Internacional del Exorcista ha declarado que el contenido de la película critica la historia de la Iglesia y toca el tema de los abusos sexuales, lo que ha generado descontento entre sus miembros. Además, han acusado a la película de tergiversar y falsificar la realidad histórica del exorcismo”.

        El guion cinematográfico conduce hasta un momento crucial que, aunque parece pasar desapercibido, va dirigido subliminalmente al cerebelo del espectador. El argumento y la trama llevan un mensaje implícito y explícito al mismo tiempo. Sobre el minuto 59 aproximadamente escuchamos: “Esto no es por el niño” (y Russell Crowe alias Amorth se dirige a un pozo que hay en la entrada del castillo, que tiene el sello del Vaticano) y dice: “Este sitio ya provocó problemas a la Iglesia anteriormente”. “¿Qué es eso? ¿Lo reconoces?” –le pregunta al padre Esquivel. Y continúa diciendo: “Es el símbolo de la Inquisición española, el periodo más oscuro de la historia de la Iglesia”. “Esas son las víctimas de aquellos que no se convirtieron” (y nos ponen una montaña de calaveras al estilo azteca, como si fuera una versión nueva del videojuego Ecumene Aztec. Por estos lares las cosas no suceden por casualidad).  Y ya sobre el minuto 66 aproximadamente escuchamos: “en el año 1475… En Segovia… un monje poseído…” (hace referencia a Tomás de Torquemada). “El fraile fue el que convenció a la reina Isabel de la necesidad de una Inquisición, eso significa que desde el momento que fue poseído… todo lo que vino después fue obra del diablo, siglos de tortura, de preocupación y dolor… y se hizo en nombre de Dios por el diablo. La Iglesia lo encubrió. Vuestros pecados os alcanzarán.” Sí, sí, manda caracoles. Su rigor histórico es como para morirse de risa si no fuera porque nos lo creemos. Y presumen de estar basados en hechos reales y en los libros del Padre Amorth. Menuda enmienda a la totalidad de la historia y la identidad de un país, y se quedan tan panchos. Una falta de rigor, respeto y una muestra de desprecio superlativa que se esconde detrás de la libertad de expresión. Hasta podría interpretarse como una apología de la hispanofobia y la catolicofobia. Eso no lo harían en los mismos términos con su órbita protestante ya sea anglicana, luterana o calvinista. Cuando sería desde la historia comparada más exacto y escandaloso. ¿Se atreverían a insinuar o a tratar igual que a Torquemada a Lutero, Calvino, Oliver Cromwell y sus territorios, o a Carlos IX de Francia, o al Cardenal Richelieu…? Por supuesto, tampoco lo harían contra judíos o musulmanes. Dan ganas de recurrir a ese filósofo cómico español tan ocurrente como es José Mota y decirles a todos: ¡Vayan ustés a la mierda! Y sacar una claqueta de cine que dijera: ¡Laughs and claps! Cuando esto pasa, donde más les duele es en la taquilla, no viéndola. Y si la vemos, practicando un cine fórum para aprender de sus trampas y compartirlo. Callar o mirar para otro lado es lo peor que podemos hacer.

A la película la salva la gran interpretación de Russell Crowe, sin él la película se habría desinflado de inmediato. El film, con una iconografía propia del género de terror y con el suspense necesario para tener entretenido al espectador, tiene buenos efectos especiales y los tópicos de las películas de exorcismos. El maquillaje de caracterización también llama la atención. En el argumento, con algunos toques de humor en las batallas contra los demonios, podemos oír incluso que “al diablo no le gustan los chistes”. Hubiera estado bien que cuando vino Russell Crowe al programa televisivo El Hormiguero de Antena 3, para promocionar la película, Pablo Motos o quien fuera le hubieran preguntado ¿por qué siempre el cine de Hollywood y sucedáneos tienen un deje tufo de leyenda negra e hispanofobia? Uno está cansado de que usen la pantalla del cine o de la televisión como un cuadrilátero boxístico de batalla cultural permanente contra lo católico y contra España. Y también estamos cansados del silencio cómplice o cobarde de los que tendrían que velar por eso y no lo hacen.

Dice la ensayista María Elvira Roca Barea: “Durante las guerras de religión aparecen varios tópicos que han continuado vivos hasta el día de hoy, por supuesto la interioridad moral asumida por todos… El hecho de que no  hubiera libertad religiosa para los católicos en el lado protestante no transforma a los partidarios del protestantismo en intolerantes”. (Saben venderse y tienen un doble rasero del que no siempre somos conscientes –esto lo digo yo). “O sea, si eres un protestante que persigue a un católico es porque eres un moderno y eres partidario de la libertad religiosa. Pero si tú eres católico y persigues al protestante es porque ¿cómo vas a actuar de otra manera? Si vives preso en las tinieblas del catolicismo. Desde ese momento, se va amueblando en Europa y el mundo la idea de que la persecución del catolicismo, la intolerancia frente al catolicismo, la represión del catolicismo no es represión e intolerancia, sino una muestra de modernidad. Y como tal ha recorrido esta idea siglos, y sigue viva. Por supuesto, la intolerancia absoluta del católico se demuestra en España, buque insignia del catolicismo y su “horrible” inquisición. Y es verdad que hubo inquisición, pero no fue nunca el enorme monstruo que fue capaz de generar cientos de miles de muertes que la propaganda protestante se empeñó en crear, y consiguió mentalmente imponer, tanto en la literatura española y en otras. Todo lo que hay en Europa en aquella época es intolerancia religiosa. La tolerancia religiosa en la historia es un fenómeno  que tiene cinco minutos. La pregunta sería ¿cómo se gestiona la intolerancia religiosa en cada uno de los territorios de Europa? Y desde luego la gestión que hace la Inquisición española de la intolerancia religiosa es mil veces más respetuosa con la vida humana, con las personas sospechosas, desde el punto de vista del derecho procesal que lo que se hace en el lado protestante. La Inquisición desde ese punto de vista es un avance extraordinario. ¿Y esto por qué no lo estudiamos así? ¿Por qué hay que llegar hasta 1976 para que conceda Gustav Henningsen, que es danés y nos certifica que somos buenos, y estudiase las 44.000 causas que están archivadas en la Suprema y descubriera que solo hay 1300 muertos en siglos? Solo en La Noche de San Bartolomé (solo en París mataron más de 2000 hugonotes, y entre 5000 y 10.000 en el resto de Francia) provocó más muertos que la Inquisición en toda su vida, pero no han contaminado la historia de Francia. Solo las represiones de la primera hora del luteranismo provocaron más muertos que la Inquisición en toda su historia, y sin embargo, allí  la Inquisición está convertida en el monstruo que no fue y convertida en algo que ha contaminado la historia de España. De hecho la inmensa mayoría de los europeos cree que solo existió en España, que es un asunto español, y que la inventan los españoles. Y estoy hablando de los europeos con un nivel superior de estudios. Pero la leyenda negra es un fenómeno de opinión pública que no se modifica si nuestra propia gente no hace valer la historiografía que desmiente esa leyenda negra”. Si nos descargamos de Internet el PDF que hay en “dialnet.unirioja.es”: Príncipe de Viana, separata “Archivos e historiografía de la Inquisición española (Gustav Henningsen) podemos leer: “Esa desatención ha distorsionado nuestra idea de la Inquisición, de manera que parece que la institución perseguía fundamentalmente a minorías religiosas. En realidad, la suma de los judíos, los moriscos, los protestantes y los alumbrados constituían solamente el 40% de las víctimas, el otro 60% recibían condenas por delitos menores. Las estadísticas indican que, en contra de lo que se suele creer, la Inquisición era más activa con sus correligionarios, los “cristianos viejos”. Esa, al menos, es la conclusión a la que se llega en un estudio estadístico (descrito en el trabajo de J. Contreras y G. Henningsen) que ha analizado hasta ahora 44.000 casos en las relaciones de causas de diecinueve de los veintiún tribunales durante el periodo de 1450 a 1700”.        Trevor Davies dice sobre la Inquisición española que “juzgada por las normas de su tiempo no fue cruel ni injusta en sus procedimientos o en sus penalidades. En muchos aspectos fue más humana que casi cualquier otro tribunal europeo”. Pedro Insua en su ensayo “1492. España contra sus fantasmas” nos dice que “por supuesto, esta visión negrolegendaria es mucho más atractiva literaria y cinematográficamente (sobre todo es más versátil y da más margen a la fantasía) que la realidad histórica”. “No es un tribunal, pues, que persiga al judío (sobre el cual no tiene jurisdicción), sino que busca descubrir al cristiano que judaíza… y lo hace fundamentalmente para neutralizar en el plano institucional las acusaciones falsas y persecuciones procedentes del arbitrio popular sufridas por los conversos”. Pero ya sabemos aquel dicho: cría fama y échate a dormir, o aquella máxima que se le atribuye a Joseph Goebbels: “Una mentira repetida mil veces se convierte en  una verdad”.

            En una entrevista que le realiza “Fangoria.com” titulada “Pulp horror: Julius Avery on the Pope´s exorcist” y firmado “by Richard Newby” le preguntan al director de la película: “Me encanta Overlord, pienso que esa película tuya, junto con esta, comparten ciertas perspectivas temáticas en términos de estas organizaciones en las que las personas confían para enterrar estos monstruos secretos. Existe un vínculo entre el fanatismo religioso de la Inquisición y la ideología Nazi, en términos de querer transformar a las personas y doblegarlas a su voluntad. ¿Eras consciente de eso?” Y el director Julius Avery le contesta: “Personalmente lo que me entusiasmó del proyecto fue que, creas en estas cosas o no, demonios o lo que sea, pensé que era realmente interesante porque era un trabajo real. Y asumir el mal en ese sentido que estás hablando es algo que siempre me ha atraído de alguna manera. No estoy seguro de cuánto, creo, pero me parece fascinante que la ciencia pueda explicar el 98% de las cosas, y hay un 2% que no podemos explicar. Y solo por pasar a mi lado pulposo por un segundo, me encanta la idea de dos depredadores luchando. Russell me va a odiar por decir esto, pero ¿Quién no quiere ver a Gladiator enfrentándose al Diablo? Risas”. Al entrevistador podríamos sugerirle que ya puestos a buscar vínculos como pretende, que podría hacerlo en su área geográfica y mental que es lo más lógico, podría entroncar el nazismo con el Acta de Supremacía de 1534 de Enrique VIII de Inglaterra contra los católicos y otros, y lo que pasó en años sucesivos, la noche de San Bartolomé en Francia, o con el racismo científico que arranca del siglo de las luces, con Friedrich Nietzsche y su superhombre, con el antisemitismo visceral de Lutero, el fanatismo sangriento y cruel de Calvino o con el supremacismo racista anglosajón que históricamente ha expandido por donde ha ido pasando. Parece más lógico el vínculo y la línea directa de influencia que puede haber con los Nazis que buscar en otras latitudes, ya puestos a buscar vínculos y relaciones “en términos de querer transformar a las personas y doblegarlas a su voluntad”, me refiero, como dice el entrevistador de Fangoria. Pero usando un término futbolístico es mucho más ventajoso para sus identidades e intereses tirar balones fuera. En Athletistic.com leemos que desde la productora dicen que “estamos haciendo una película sobre religión y creo que todo lo que se diga sobre religión, va a generar una molestia. Habrá gente que no le guste o que diga que no es una buena representación, pero cada uno tiene su propia opinión”. ¿Qui prodest? ¿A quién beneficia y a quién perjudica una película como esta, que vierte tanto sesgo ideológico y adoctrinamiento? ¿Y por qué siempre en el mismo sentido y contra los mismos de siempre? Hernán Ferreiros en “lanación.com.ar” escribe que “el film de Julius Avery camina al filo del absurdo y del desinterés, quitándole rápidamente a la historia cualquier pretensión de realidad”

Al director Julius Avery el padre Amorth le recuerda Harry el Sucio o a Colombo. El propio padre Amorth compara el ritual exorcista como una batalla. Así que buscando cierto paralelismo bélico, podríamos pensar que otra alianza “AUKUS” ha llegado, esta vez en forma de película o batalla cultural, como tantas otras veces. Otra vez el imperialismo protestante contra el catolicismo, y de paso gotitas de perfume negrolegendario e hispanófobo. Una película idónea para consumo y gusto anglosajón (WASP) y para los sumisos culturales del mundo hispano acomplejado, y sucedáneos. Si el imperio español lo que enviaba en su época eran misioneros jesuítas, franciscanos, dominicos… ahora el imperio “AUKUS” del siglo XXI y afines lo que nos mandan son hispanistas, directores de cine Hollywood, publicaciones varias y documentales de tv., premios y dádivas en universidades de su cuerda o asistencias a congresos y seminarios como profesores agregados o conferenciantes a modo de prebendas, ONGs salvíficas… para que nos evangelicen y asumamos la doctrina de su “iglesia” y su ortodoxia. Y quien se niegue a ser bautizado en sus dogmas será arrojado al nuevo infierno de la cultura de la cancelación si fuese necesario, avalados siempre por su inquisición mediática y económica. Nada nuevo bajo el sol de esta nueva reforma.

Así que para concluir, diré que después de ver la película “El exorcista del Papa” del director Julius Avery, pareciera que el diablo Asmodeo hubiera poseído el guion cinematográfico en vez de a Henry, con la verdadera intención manipuladora de poseer a los espectadores acríticos. La propia película encierra un maligno cultural contra el que hay que estar alerta y preparado, usando si fuera necesario incluso agua bendita o argumentos históricos, que es lo que más exorciza a estas producciones adoctrinadoras y falsarias. Habrá que seguir en la lucha por el relato y recordarle también a ellos que sus pecados los alcanzarán, esperemos que sea más temprano que tarde.

 

 

Opiniones de un espectador

Custodio Tejada

10 de Junio de 2023






TODOLITERATURA

https://www.todoliteratura.es/noticia/58161/cartelera/el-exorcista-del-papa-una-pelicula-del-australiano-julius-avery.html

                                                                GRANADA COSTA

viernes, 9 de junio de 2023

TRAIGO NOCHE EN LOS ZAPATOS de Andrés Ortiz Tafur

 TRAIGO NOCHE EN LOS ZAPATOS de Andrés Ortiz Tafur. Por Custodio Tejada




TRAIGO NOCHE EN LOS ZAPATOS de Andrés Ortiz Tafur poeta afincado en Cortijo Viejo (Santiago-Pontones) en la Sierra de Segura. Poesía. Ediciones de la Isla de Siltolá. Sevilla 2023. 97 páginas y 62 poemas repartidos en tres partes. Liternatura en estado puro.

Si escribir un libro y publicarlo es otra forma de salir de la zona de confort y de ponerse a los pies de los caballos, dar la opinión lectora a pecho descubierto es otro tanto de lo mismo, quizá más inconsciente si cabe. Es un deporte de alto riesgo.

Con el marchamo de “bestseller” y Premio Nadal 2023 (5ª edición ya de su libro “Nosotros” y más de 40.000 lectores) Manuel Vilas asegura dice remarca en una entrevista para el periódico Granada Hoy, disfrazado de sepulturero, que, “la poesía no tiene lectores, es un género muerto. Está muerta y enterrada porque no le interesa a nadie salvo a los eruditos (los eruditos que son poetas), aunque a veces algún libro se salva.” Así que leeré este poemario de Andrés Ortiz Tafur con cierto complejo de médico forense o de lector “homeless” pariente de los Hermanos Fossores. Valga mi lectura como otra autopsia, no tan lozana, cinematográfica y vivaz como la que Andrés Ortiz Tafur nos regala en la página 90 con el poema titulado Pensaba en mi autopsia.

Jorge Luis Borges advierte que “cuando uno extraña un lugar, lo que realmente extraña es la época que corresponde a ese lugar; no se extraña los sitios, sino los tiempos”. Henry David Thoreau escribió: “Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente y enfrentar solo los hechos de la vida y ver si podía aprender lo que ella tenía que enseñar. Quise vivir profundamente y desechar todo aquello que no fuera vida”. Y todo esto es lo que nos ofrece Andrés en sus textos.

Un artículo publicado en Zendalibros titulado ¿Qué es la liternatura? y firmado por Ramón J. Soria dice: “Se trata de una literatura del yo, pero en la que el narrador no es el centro ni es protagonista, sino un animal más que está, observa, siente y también cuenta, narra, relata. Puede ser un monólogo interior con aroma diarístico, pero también un diálogo con los seres animales y vegetales del entorno y, sobre todo, un diálogo cómplice con un lector que está al otro lado y saben avisado, cercano, entendido. Todos escriben saboreando el tiempo, la curiosidad, la recuperación de lo sensitivo que habían olvidado…” “En liternatura sobro todo importa y es original el cómo lo cuentan. Los autores explican detalles naturales, científicos, pero también subjetivos, poéticos,  minimalistas. Rompen o diluyen las fronteras entre lo civilizado y lo salvaje, lo cultural y lo instintivo”. Fue Gabi Martínez quien españolizó el anglicismo “nature writing” como liternatura. Y en otro artículo publicado en Valenciaplaza.com, titulado “Nature Writing” y firmado por Marta Moreira leo en boca de la poeta Luci Romero que “una de las cosas que me fascina de este género es lo flexible que es. Abarca, y a veces mezcla, narrativa, ensayo, poesía, diarios y crónicas, y toca muchísimos temas desde el punto de vista filosófico, científico, autobiográfico o político. Pero sobre todo creo que su principal valor añadido es que nos ayuda a recuperar la capacidad de mirar… El valor de lo local es otra de sus características esenciales”. Además Luci Romero tiene una teoría sobre la causa por la que la liternatura tardó tanto en cuajar en España: “la despoblación rural fruto del desarrollismo franquista a partir de los años 60 estableció una imagen negativa del mundo rural, asociada a la miseria y la escasez. Solo recientemente ha empezado a verse como algo más positivo. Ahora se está poniendo más de moda la idea de la vuelta al campo… lo más importante es aprender a observar de nuevo”.

Cuando uno abre un libro es como si nos asomáramos por una ventana abierta al campo y al horizonte, cada observador lector podrá fijarse en una cosa distinta, pero todos estarán viendo lo mismo, o sea, el paisaje que habita tras la ventana. Cada mirada es parte indisoluble del paisaje. Escribir o leer es una forma como otra cualquiera de ubicarse en el mundo.

Javier Esturillo dice en El Nuevo Observador que “Andrés Ortiz Tafur se confiesa en Traigo noche en los zapatos. El escritor linarense presenta su último libro marcado por la personalidad de un tipo que utiliza cada renglón como mercromina para las heridas del tiempo”, “en este último encargo vuelve a brillar la calidad de narrador en el que transforma en relato poético” la memoria. Xenia García comenta en la contraportada que el autor dibuja en este libro “una orografía de paisajes perdidos y por perder (espléndidos, sí, pero también tiranos) que transcienden la nostalgia celebrando con honestidad y lucidez poética las esquinas de nuestra memoria”. El poeta Álvaro Hernando apunta que “en literatura, en la vida, se puede llegar a la sabiduría aceptando que uno no ocupa lugares, sino tiempos. Ortiz Tafur, escéptico entusiasta, compone este cuaderno de bitácora entre lo iluminado y las sombras que nos habitan”. En Diario Jaén Sonia Jiménez Tirado escribe que “es un libro, pero bien podría ser un puente colgante de nostalgias y realidades entre ayer y mañana, escrito desde un hoy lúcido y consciente”. Santos Doval Vega, gran lector, corrector y amigo del poeta escribe en su muro de Facebook que “lo primero en lo que me fijé, cuando lo leí por primera vez, fue en que me reconocía en muchas de las experiencias vitales que narra Andrés en él. Siempre que leo poesía me parece estar adentrándome en la intimidad del autor, es como espiarlo. Voy leyendo como un susurro, como pidiendo perdón por estar, como si eso que tengo entre las manos se lo hubiera robado al autor. Por eso me parecen siempre los poetas unos valientes, que se muestran desnudos ante los lectores… Y luego está la voz narrativa de Andrés, con la que yo me siento cómodo, en la que es un placer dejarse llevar”. José Luis Morante publica en su blog Puentesdepapel56 que “Traigo noche en los zapatos recuerda en su comienzo una certeza: en el discurrir existencial no hay regreso, todo es una senda de sentido único, con frecuentes apeaderos de extrañeza, dolor e incertidumbre, donde reserva sitio la ausencia. Así cobra sentido un discurso poético sosegado y plural que percibe la intimidad como acuciante venero argumental”. “Coloquial, intimista y cercano al discurrir biográfico, el libro abre una exploración de la propia identidad entre la memoria y los sueños”.

Traigo noche en los zapatos de Andrés Ortiz Tafur. Ediciones de la Isla de Siltolá. Sevilla 2023. 97 páginas y 62 poemas repartidos en tres partes. La primera titulada Nuevo Catecismo con 21 poemas, la segunda titulada Fogata con 20 poemas y la tercera, Traigo noche en los zapatos, que da título también al conjunto, con otros 21 poemas. Poemas escritos en verso libre o prosa poética, de 4-5-6-7 8-9…17-18-19 sílabas. El poeta atrapa la poesía en la telaraña de sus versos con un tono coloquial y sencillo. Al leer a Andrés Ortiz Tafur podríamos pensar que estamos leyendo a un “nature writer” de casta y encuadrar su escritura dentro de la liternatura. Su escritura bebe de una literatura que disfruta y se nutre de la vida cotidiana y los recuerdos, de la naturaleza, crítica con la sociedad de consumo y con la estresante vida urbana; que se hace eco y sinopsis de la España vacía y donde el asombro y la contemplación se convierten en brújula.

Que Andrés Ortiz Tafur es hijo del deseo y de su tiempo ya lo sabíamos, que se mueve como pez en el agua del pensamiento líquido y fragmentario también. Dotado de una gran habilidad para reflejar la realidad y darle un toque de documental lírico lo demuestra en cada uno de sus textos. Para el autor escribir es una forma de ser y de estar en el mundo, de vivir su día a día y compartirlo con nosotros en una especie de litereucaristía a lo Jean-Baptiste Grenouille y su perfume. Se sacramentaliza por nosotros sus lectores. La voz de su consciencia, que se hace consciencia de todos, atraviesa como un relámpago cada uno de sus poemas y todo el libro. “¿qué desazón es esa/ capaz de convencernos de que resulta lícito/ quitarle el abrigo a otro para paliar nuestro frío?” –leemos en la página 20.

Traigo noche en los zapatos son un conjunto de pisadas, un compendio de poemas huella que trazan un itinerario vital, una militancia, una batalla, un fuego, una luz que da sombra, una resistencia. “Sin embargo, sobre todas las cosas,/ de los peces nos sorprende su falta de memoria,/ su necesidad de olvido” –recita en la página 56. Podríamos decir sin miedo a equivocarnos que Andrés Ortiz Tafur escribe “a lo Walden” en un entorno de naturaleza salvaje como es Santiago-Pontones y Cortijo Viejo, enclavado en el corazón de la Sierra de Segura, como un auténtico “nature writer”. Lo podemos ver en su espléndido poema “Sierra Profunda” de la página 50. También en otros versos como “Cada tarde,/ desde una de las ventanas/ del edificio en el que trabajo, veo un caballo blanco/ merodear por la era del pueblo… que sueña con la libertad de una era” ;   “Vivo en uno de esos parajes en los que la altura y el viento se afanan inútilmente en descabezar a los árboles”; “con toda la atención prestada al horizonte/ me he visto tras las montañas, sin vértigo ni ciudad,/ en otro campo en el que los leones aún siguen durmiendo”; “Y ahí estaban:/ el perro,/ las cabras,/ los pájaros,/ el silencio”; “El pueblo es un punto claro/ con un denso bosque dentro”.

Otros verán otras cosas, porque por suerte la poética de seda que Andrés Ortiz Tafur despliega en sus escritos es variada y se adapta a cada cual según su mirada. Léanlo hoy mejor que mañana. Andrés Ortiz Tafur es un autor en estado de gracia. La poesía está más viva que nunca.

Custodio Tejada

Opiniones de un lector

Mayo de 2023           


  http://custodiotejada.blogspot.com/


EN TODOLITERATURA

https://www.todoliteratura.es/noticia/58048/criticas/traigo-noche-en-los-zapatos-de-andres-ortiz-tafur-poeta-afincado-en-cortijo-viejo-santiago-pontones-en-la-sierra-de-segura.html


            EN GRANADA COSTA

https://granadacostanacional.es/traigo-noche-en-los-zapatos/




miércoles, 8 de febrero de 2023

EJEMPLARES VIVOS A LA LUZ DE LA LUNA de Josefina Martos Peregrín

 EJEMPLARES VIVOS A LA LUZ DE LA LUNA de Josefina Martos Peregrín. Por Custodio Tejada

OPINIONES DE UN LECTOR.

EJEMPLARES VIVOS A LA LUZ DE LA LUNA de Josefina Martos Peregrín. Editorial Amarante. Una novela (con reflejos de ensayo) de 284 páginas, 38 capítulos/relatos repartidos en dos partes. En “Punto cero. ¨Reflexiones y reflejos”, la primera, que va de la página 11 a la 153, hay 19 capítulos. En la segunda parte, “la cara oculta”, que va de la página 155 a la 282, otros 19. Una dedicatoria: “Para Juan Manuel, el más feliz de mis espejos”. Dos partes que funcionan como un espejo, a un lado Eva Petrovna y al otro su reflejo, Josefina. Comienza con una cita de Jean Cocteau: “Los espejos son las puertas a través de las cuales la muerte va y viene”.  Un libro que refleja un laberinto de palabras/espejo por donde la autora entra y sale en “una proyección del yo” que se hace nosotros. La propia autora se refiere a este libro como un “caleidoscopio escrito”. En cierta medida es también un viaje por el lenguaje y las lecturas. Dice la orientalista-espiritualista Alexandra David-Néel: “he ido al corazón de la espesura por senderos inverosímiles”, y eso es lo que ha hecho Josefina Martos para escribir este libro. Convertirse en un conjunto de personajes femeninos que entran unos dentro de los otros como si fueran muñecas matrioscas con reflejos de novela coral. En mi modesta opinión, a Josefina deberíamos prestarle más atención lectora, sabiendo que ella misma nos aconseja en la página 160 cómo debemos ser sus lectores: “sobra cualquier tipo de erudición, basta con leer y seguir el hilo de lo que iré contando”.

 


            Asegura el poeta José Luis Morante que “El trabajo crítico jamás se sustenta en la gratitud ajena; sería un ejercicio de frustración perpetua. Es una labor de aprendizaje y enriquecimiento personal”. Comparto la cita de cabo a rabo. El escritor barcelonés  Enrique Vila-Matas mantiene que “la autoficción no existe; es una redundancia”. “A partir del Materialismo Filosófico de Gustavo Bueno es posible construir una Teoría de la literatura de naturaleza racionalista, científica, crítica y dialéctica, cuyo fin es la  interpretación de las Ideas objetivadas formalmente en los materiales literarios. La Teoría de la Literatura es el conocimiento científico de los materiales literarios. Y su fin es demostrar que la Literatura es inteligible” –mantiene el profesor de la Universidad de Vigo Jesús G. Maestro en su trabajo “El estatuto de la Teoría de la Literatura como ciencia de la Literatura ante la Teoría del Cierre Categorial”.  Y añade: “Puedo admitir que la Teoría de la Literatura sea una ciencia –minimalista– , al lado de ciencias –maximalistas–, como la Matemática o la Física, sin duda, pero no puedo aceptar que se le niegue, sin más, un estatuto gnoseológico o científico, porque desde las poderosas exigencias que impone la Teoría del Cierre Categorial de Bueno sí es posible reconocer en la interpretación de los materiales literarios un sistema conceptual definitorio, clasificatorio, demostrativo y modélico, capaz de construir, codificar y operar con términos, relaciones, referentes y estructuras o esencias literarias objetivas, y, en consecuencia, de segregar, también rigurosamente, operaciones, fenómenos, autologismos, dialogismos e incluso normas”. El cierre categorial de la literatura no se completa o está cerrado el proceso hasta que autor, obra, lector  e intérprete o transductor ejercen cada uno su labor ineludible, en una regresión y progresión permanentes, “donde los hechos nos conducen a las ideas y las ideas nos remiten de nuevo a los hechos… De este modo, interpretamos, es decir, intervenimos en la materia, con formas cada vez más sofisticadas, construidas a partir de los mismos materiales –en este caso literarios– que estamos interpretando”.

            “Ejemplares vivos a la luz de la luna me ha parecido una novela singular, también algo experimental en muchos aspectos, pues no sigue una trama lineal. Es un caleidoscopio de historias… El espejo como metáfora es el elemento que unifica y da entidad a todas ellas. Es un relato cargado de erudición, con una prosa cuidada, salpicada de imágenes poéticas, llena de reflexiones filosóficas” –escribe Carmen Hernández Montalbán en la revista Absolem.  Miguel Arnas Coronado comenta en el periódico Ideal: “Cuando uno comienza la lectura de esta novela evoca la tendencia iniciada por Sebald de mezclar ensayo con ficción. Solo que aquello sobre lo que aquí se ensaya es lo oculto, lo misterioso, lo irracional… esta novela no es de terror y ni mucho menos de género. Es literatura de altos vuelos”, “ya conocíamos la labor de Martos Peregrín como cuentista, verdaderamente encomiable, con una prosa rica y fluida. Aquí nos sorprende con una obra original y que excita el pensamiento”. Y César Rodríguez de Sepúlveda dice que “es una apasionante incursión en el inquietante mundo de los espejos. Desde su misma estructura, ya que todo el texto está construido sobre los centelleos que intercambian dos narradoras, espejo la una de la otra, reverberando las palabras de una en las de otra, y haciendo que nos cuestionemos la fiabilidad de ambas… En esta estructura duplicada y duplicante se inserta un racimo de historias”. En la contraportada del libro leemos en la sinopsis que “reflexiones y reflejos nos alumbran en la indagación de un misterio que fluctúa entre la locura y lo imposible, mientras asistiremos a las aventuras vividas por personajes diversos, tan llamativos como cristales de colores, en una historia hecha de historias que combina la fatalidad de los espejos rotos con la azarosa belleza de las flores de caleidoscopio”.

            Josefina Martos Peregrín, cuyos “sueños a veces transcurren con subtítulos”, en una entrevista concedida a Javier Gilabert para Secreto Olivo confiesa que “con cada libro sufro, río, me desespero, viajo, indago, disfruto”. Y con este “sentí una acuciante necesidad de reflexionar sobre conceptos íntimamente unidos al espejo: la verdad, la apariencia, la identidad, el doble, el misterio, la posibilidad de otras dimensiones, la máscara, la locura”. Ejemplares vivos a la luz de la luna “muestra diferencias notables con obras anteriores; en concreto, una mayor extensión, la hibridación de géneros (narrativa, ensayo, lírica, autoficción” y el papel decisivo de elementos metaliterarios”. Dice la orientalista-espiritualista Alexandra David-Néel: “he ido al corazón de la espesura por senderos inverosímiles”, y eso es lo que ha hecho Josefina Martos para escribir el viaje iniciático de este libro. Pero por mucho que digamos la autora aconseja en la página 160 que “sobra cualquier tipo de erudición, basta con leer y seguir el hilo de lo que iré contando”.

 

            La autora, como una gestora de logística inversa, hace una recogida selectiva de residuos o de “productos vividos” y aprovecha todos los materiales a su alcance para reutilizarlos, reciclarlos, rediseñarlos, para desmontarlos y volverlos a montar con nuevos embalajes a modo de una sala de despiece o de espejos. El libro es un acto de transmutación constante, de prestidigitación y ventriloquía. También tiene algo de psicofonía. Un narrador omnisciente nos acompaña desde el principio, aunque también evoluciona, a veces de una forma autodiegética, homodiegética o heterodiegética. Como no podía ser de otra forma también atisbas en ella reflejos de una novela coral, donde los personajes de las historias secundarias también actúan como narradores, y cuyo objetivo primordial es jugar con el lector formando un gran salón de espejos y de reflejos. En ningún momento se pierde el ritmo. El argumento presenta la acción con relatos intercalados, documentos adjuntos, testimonios, viajes, diario… Una dedicatoria abre el primer reflejo: “Para Juan Manuel, el más feliz de mis espejos”. Comienza con una cita de Jean Cocteau: “Los espejos son las puertas a través de las cuales la muerte va y viene”. En “Punto cero. ¨Reflexiones y reflejos”, la primera parte, que va de la página 11 a la 153, hay 19 capítulos. En la segunda, “la cara oculta”, que va de la página 157 a la 153, otros 19. Dos partes que funcionan como un espejo, a un lado Eva Petrovna y al otro su reflejo, Josefina. En la primera parte habla “Eva Petrovna, periodista y parasicóloga”, pero en la segunda “la cara oculta”, habla “su albacea literaria, su compañera invisible, la otra”. Y en el capítulo “No soy la misma” la autora se nombra a sí misma: “Yo me llamo Josefina Martos, coautora de esta novela caleidoscópica, un volumen de magias, una especie de grimorio que recoge fórmulas y ritos, procesos de cocción en marmita lenta y recolección de ejemplares vivos a la luz de la luna”. Lo que nos manifiesta, una vez más, el espíritu juguetón de la escritora y la voluntad de hacer cómplices de sus “andanzas literarias” a los lectores. En la segunda parte nos previene de que “aparecerán dos magas”: Alexandra David Néel y Helena Petrovna: “me relaciono con ellas a través de sus escritos, para mí la mejor forma de relación” –advierte. Dos médiums narradoras, pero un solo libro, una novela con destellos de ensayo. Además la autora intenta también explicarnos su modus operandi como narradora a través de un “método holmesiano”. El libro, en especial la parte final, presentada como un diario, nos introduce en la liturgia de la muerte como un camino y vía de revelación. ¿Podría entenderse como otro paralelismo/reflejo más, un “entierro celestial” en el que la autora/rogyapa ofrece su cuerpo literario a los buitres/lectores/intérpretes en un festín tibetano y budista? (página 264) En cualquier caso la novela es un tributo a la escritura y a los viajes.

            Palabras cóncavas y a la vez convexas consiguen crear una atmósfera/espejismo envolvente que llevan y traen al lector en volandas del misterio. Sorprende la magia de los nombres y de las menciones, colocados ahí a caso hecho, como si fueran agujeros de gusano. Aparecen en el texto muchos nombres que actúan como espejos intertextuales: Valle Inclán, Indiana Jones, Apolonio de Tiana, Alberto Magno, Madama Blavatsky, los hermanos Grimm, Plauto, el Fantasma de la Ópera, Narciso, la ninfa Liríope, Tiresias, Frankenstein, Moby Dick, Drácula, Bécquer, Poe, Lovecraft, “Marcelino, pan y vino”, Max Estrella, Alejandro Sawa, Mr. Hyde, Orson Welles, Rita Hayworth, Rodolfo Valentino, Almanzor, Francesca Woodman, Peter Pan y su “legión de fantasmas párvulos”, Goya, Shakespeare, Diego Fint, Cristo, San Pablo, Corintios, Agustín de Hipona, Iker Jiménez, Rilke, Dylan Thomas, Miguel Ángel, Cervantes, Don Quijote, Sancho Panza, Ana Frank, Los Beatles, Rodin, Perséfone, Alexandra David Néel, Kaspar Hauser, Hitchcock, Ingmar Bergman, Edith Piaf… Pero el texto, como si fuera una galería de los espejos, también está lleno de lugares a los que nos teletransporta: Callejón del Gato, Madrid, Córdoba, Nunca Jamás, Cuesta Moyano, Ikea, Hades, Laguna Estigia, Hélade, Roma, Medina Azahara, mezquita, Elche, sumeria, Egipto, España, Inglaterra, Praga, Grecia, India, Rabat, Montevideo, Tíbet, Versalles…

            El texto, además, está salpimentado con una retahíla de aforismos que pueden dejarte un rato congelado en tu propio pensamiento: “No existe objeto ni saber que el género humano utilice del todo bien, porque nada puede ir bien mientras nuestra curiosidad sea mayor que nuestro respeto” (p. 35). Otras con gran sentido del humor y fina ironía: “Lástima no entender lo que dicen las moscas en su zumbido, cuántas citas de moscas filósofas, tan cultas y bien voladas, nos perdemos” (p. 42). “Mientras estamos vivos nos vemos inmersos en la vanidad del ser, en la nada multiforme y no podemos evitar el ensueño, ya penoso, ya feliz, pero siempre engañoso y transitorio” (p. 52). O “en un espejo siempre hay más de lo que vemos” (p. 28).

 En el libro se mezclan personajes y autores en un encuentro espectral digno del mejor espejo literario. En él también viaja un canon/equipaje, el que la autora/lectora ha elegido para esta novela/viaje. Porque lo que nos propone Josefina, una gran viajera, no es otra cosa que un viaje, un viaje espectral a través de la palabra y las ideas. La autora, con un ojo crítico de Gran Hermano que todo lo ve, va desmenuzando una “realidad especular” que es intemporal, por lo que tiene de visionaria. La narradora omnisciente, como si fuera una vidente, nos guía y nos lleva de la mano por la novela a través de su fina ironía y el suspense. Nos aguardan distintas historias dentro de la historia, como muñecas matrioscas que encajan unas dentro de las otras. Como Espejo hambriento, que da fe de que toda realidad es un reflejo fragmentado de espejos rotos, igual de fragmentado que nos presenta el argumento de esta novela, que bien podría funcionar como un libro de relatos. O la del espejo veneciano.

            Si toda lectura es un punto de encuentro, este libro resulta que es una calle o una plaza en la que puedes sentarte a ver pasar la muchedumbre y a ti mismo entre ellos, en un juego de espejos mutantes. Varias preguntas te surgen conforme vas adentrándote en su espesura: ¿hasta dónde autora y protagonista coinciden y divergen (Eva Petrovna y Josefina)?, ¿hasta dónde se solapan “identidad y máscara”? La palabra/concepto espejo (aderezado con toques filosóficos, históricos, teosóficos, literarios…) es el hilo de Ariadna que la autora ha elegido para dar sentido al conjunto, pero también para hilvanar el argumento antes de coser cada capítulo con el título final, que suena en cierta medida a aquellos grimorios antiguos o bestiarios de la Edad Media.

            La autora/protagonista escribe desde el principio pensando en el lector, al que lo introduce en el texto de una manera “espectral”, como un espejo más, y así podemos leer en la página 43: “Vaya, me doy cuenta de que acudo al lector en apelación expresa, ¿un truco para involucrarte a ti que lees mis peripecias? ¿Existes? ¿Diálogo con un lector inexistente en la esperanza de que algún día exista?...”. A la autora le gusta jugar, establecer una especie de yincana en la que el lector se sienta protagonista de su propio juego. También está presente el cine, como otro espejo más. Así hace referencia a “La dama de Shangai”, “Marcelino, pan y vino”, “Jhony Guitar”, “Planeta Prohibido”, “Como en un espejo”. “El cine, en sí, es un espejo: refleja la sociedad, sus pesadillas y deseos, su visión de la vida e invención de la Historia” –dice en la página 50. Dios y las religiones actúan como otros espejos más: “esa metáfora que hinduismo y budismo llaman Maya, la Ilusión” (p. 52). Una carrera de relevos parecen los distintos espejos. En sus renglones percibimos los rastros de las constelaciones familiares y de Freud: Refiriéndose a Hixam relata en la página 66 que “y ríe como lo que es, un niño perverso a cualquier edad, enfermo de inmadurez crónica, caprichos insaciables, conciencia culpable y terror infantil. Así lo percibo en mi visión: así lo han hecho su propia madre y Almanzor”.

Es un viaje interior, pero también un retrato social o un retrato de época, donde toca distintos temas: la maternidad, la muerte, el viaje, el tiempo… Pero también es un viaje metaliterario y metapoético: “Frecuento a Borges y me crie con cuentos de todas clases” –confiesa en la pag 58, o, “los poemas pueden actuar como palabras mágicas, y probablemente lo son, pero tal vez no bastan, tal vez debería…” –expone en la página 157. La autora también ejerce la crítica literaria: “nunca han visto a Alicia. Yo sé por qué, porque Lewis Carroll era un farsante, un adulto que no sabía nada de la infancia y se limitaba a utilizarla” –comenta en la página 151. O cuando habla de Peter Pan en las páginas 70 y siguientes o en la 168 y siguientes, planteándonos un ensayo. “Milton, en El paraíso perdido transforma la religión en poesía y la poesía en religión; con esta metamorfosis salvaguarda la libertad” –exhorta en la página 229.

Cuando leemos y comprobamos la habilidad que tiene Josefina para nombrar y personificar, comprendemos que además de narradora, es también una gran poeta con sentido del humor. “Ciprés Insomne”, “año del Algarrobo que Nunca Llora”, “Castaño Incomprendido”, “Manzano Dormilón”, “Magnolio que Huyó del Parque”… Lo que nos demuestra el espíritu juguetón de la narradora que actúa muchas veces como esos martinicos traviesos y bromistas.

El paralelismo con su “efecto espejo”, entre otros muchos que los hay, es para mí el gran recurso de esta novela, “de esta relación literaria y vital” –apunta en la página 172. Se establecen paralelismos entre Eva Petrovna y Josefina (con su relación epistolar, o de alter ego), entre Josefina y Peter Pan, el Nunca Jamás y el Hades, Homero y Virgilio, Novela o conjunto de cuentos, filosofía teosofía y religión, realidad y ficción, texto y vida, entre pasado y presente, entre imaginación y biografía, entre la vida y la muerte, entre lo humano y lo divino.

“Esta novela en exceso compleja y, para colmo, semiajena” –como la define  la propia autora en la página 177, tiene algo de mirada atrás, también de unas memorias sui generis. Eva-Josefina nos advierte del juego: “lo que para mí es literatura, para ella es biografía”. La autora, con un fino sentido del humor, seduce y desarma al lector. Basta con asomarse a su alegato exhortación contra el demonio de la grasa y el colesterol para comprobarlo (páginas 122 y siguientes, 188) “Parafraseando la reina de Blancanieves, le pregunto al espejo mientras me peino: < espejito, espejito, di la verdad por favor, ¿hay alguien más tonta que yo?> Gracias a Dios no contesta” –podemos leer en la página 223. Porque como dice la autora en una entrevista: “el sentido del humor y la ironía aligeran y liberan el peso del drama”.

Las palabras anzuelo que la autora va esparciendo por el texto con un gran poder de imantación nos van seduciendo hasta dejarnos postrados ante su escritura de altos vuelos. “Reconociendo mi carácter de tiquismiquis con las palabras, caprichosa con la sintaxis y maniática de la concisión y la sintaxis” –confiesa metaliterariamente la autora en la página 167. Así: “reflexión-espejo, especular, caleidoscopio, estanque o balsa de mercurio, espejo líquido, fuente de azogue…” invitan al trance. La lectura permite que uno se mueva como en una especie de plano astral “de manera que cada lector pueda creerse descubridor del secreto” –dice en la página 93.

Qué es la escritura sino un espejo que no siempre refleja a quien escribe o a quien lee, sino a todo el mundo. Es importante cazar a lazo estos “Ejemplares vivos a la luz de la luna”, porque “necesitamos la magia” de una escritora como Josefina que consigue con sus renglones hacer una metempsicosis literaria de observaciones, vivencias y reflexiones. Parafraseando una cita del propio libro podríamos decir que es una novela que “me entretiene, me fascinan sus aventuras, sus viajes por el mundo material y el mental”. Y es que de alguna manera, la literatura para Josefina ha sido un plan de huida: “la necesidad de huir para poder vivir” –leemos en la página 172. Es un libro lleno de guiños, de nombres, de juegos, de magia, de espejos… Josefina da muestras sobradas de ser una excelente retratista. Si todo el libro puede leerse como un gran retrato de época, lleno de descripciones,  página a página se van alternando la prosopografía y la etopeya hasta conseguir una especie de museo de lentes y espejos, un álbum casi fotográfico de “Ejemplares vivos a la luz de la luna”. Un lugar mágico a caballo entre el grimorio y el bestiario. Es un libro para disfrutar de lo lindo, idóneo para releer, porque con cada nueva lectura el idioma de sus espejos/espejismos puede ser otro distinto. Y cuidado con los destellos/reflejos que también encandilan. Y sin desmerecer a nadie, Josefina no es una autora que trata temas por encargo, escribe lo que quiere sin pensar en los premios o en los reconocimientos, pero podría publicar en cualquier editorial por mérito propio. Es mi opinión.

 

Opiniones de un lector

Custodio Tejada

17 de diciembre de 2022

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TODOLITERATURA

GRANADA COSTA

sábado, 12 de noviembre de 2022

UN KILIM DE PALABRAS de Marina Tapia

 UN KILIM DE PALABRAS de Marina Tapia

Opiniones de un lector. Por Custodio Tejada.



UN KILIM DE PALABRAS de Marina Tapia. Ediciones El sastre de Apollinaire. Poesía, 68. “Realizado con papel procedente de bosques administrados de forma sostenible y 100% libre de cloro”. Escrito en clave femenina aspira a no ser una gota de agua más en el inmenso océano del activismo poético, sino que busca ser una voz propia con aroma de mujer. Un destello de revelación lo impregna todo. Marina entra, con este poemario, en el Linaje de las Matriarcas. Desde el principio nos deja claro cuáles son sus intenciones con un oxímoron abrupto: “De pronto desperté con la conciencia viva,/…/ para poder –con odio-/ hablar de amor” –susurra en la página 24. El poemario se nos presenta con una portada de colores cálidos y con aires arabescos que invitan a soñar con una alfombra mágica o con brocados. Su ilustración me recuerda, quizá por conexión intercromática, a las telas que cubren los cuerpos en los cuadros de  Gustav Klimt. Un kilim es una alfombra oriental de colores vivos, escaso grosor y reducidas dimensiones que está decorada con motivos geométricos y que se teje con la técnica de tejido de hendidura. Marina Tapia, una poeta nacida en Valparaíso (Chile), pero incardinada en Granada, ondea como una bandera entre Elena Martín Vivaldi y Alejandra Pizarnik. Una poeta que escribe es también un cuerpo preñado del que nacen palabras que alumbran y tejen.

 

Si los libros son la lluvia, las reseñas son los charcos que deja esa lluvia en la mente lectora. Inercias de pensamiento que se convierten en bucles de opinión. Y leer una opinión lectora, lo mismo que leer un libro, es un viaje/intersección por el interior de otra persona en un instante preciso, una especie de selfi intertextual. Como diría Malraux: “Tengo siempre la impresión de que escribo para hombres (y mujeres) que me han de leer más adelante”.

Cuando un lector opina sobre un libro lo que hace es construir un discurso, plantea un viaje posible. Un lector siempre está en obras. Para Jean-Jacques Rousseau y su amigo Emilio la lectura nos hace “aprender mucho de lo que no se conoce” y nos convierte en unos presuntuosos ignorantes, incluso “el abuso de los libros acaba con la ciencia”. Hay reseñas que transforman la lectura de un libro, abren horizontes y ensanchan la mirada de un texto, y eso no es mérito tanto del crítico como del libro en cuestión. Ser un lector no redime de nada. Estoy en contra de ese supremacismo lector que nos venden como panacea de la humanidad o de las tertulias oficiales. Muchos genocidas fueron grandes lectores, Iosif Stalin por ejemplo. Ser un lector no es garantía de nada, aunque tu biblioteca tenga varios miles de ejemplares y los hayas leído todos. El ego de un lector es como la pintura de Goya: Saturno devorando a su hijo. Es cierto que la vida, leyendo, es mucho más intensa y consciente, incluso divertida. Pero hay que tener cuidado con las disonancias cognitivas que proyectan los libros y el arte en general, a veces nos inoculan una luz de gas sin que nos demos cuenta. ¿Al escribir qué es lo que realmente se pretende? Sabiendo que hay mucho en juego se podría pensar que todo escritor aspira a convertirse en materia literaria o hacerse mito, ya sea desde la ficción o la pura realidad. Los libros no son inofensivos, a veces los carga el diablo como a las armas. Son portadores de consciencia, y como tal, buscan expandir su escala de valores, bien sea por explosión o por implosión. Detrás de cada libro hay un código deontológico que no siempre está a la altura de la verdad que deseas. Un lector es siempre un iniciado, y el autor aspira siempre a ser  el sumo sacerdote.

            Le dice Wagner a Liszt en una carta: “A mí me atrae cada vez más de los grandes poetas lo que callan que lo que hablan. La grandeza de un poeta lo aprendo mucho más de sus silencios que de lo que dicen y por ello es Calderón para mí tan querido” –se transcribe en un artículo de Margarita Garbisu Buesa titulado El teatro de Calderón y el drama musical wagneriano.  Leo un artículo de Infolibre firmado por David Gallardo donde el cantautor Paco Damas denuncia que “no hay mayor violencia de género que la ocultación de todas estas mujeres”, refiriéndose a Las Sinsombrero, a las mujeres invisibles del 27 y de la posguerra. En un artículo de Granada Hoy de Yolanda Ibáñez leemos que asegura la escritora Teresa Gómez, discípula del catedrático Juan Carlos Rodríguez (el importador de aquel espíritu de mayo del 68 francés a la Universidad de Granada y a la Poesía de la Experiencia) que está “convencida absolutamente del poder de la poesía”. Y que en La Otra Sentimentalidad “hubo un empeño por construir un lenguaje que deconstruyese el lenguaje anterior, que dotara de sentimientos nuevos a palabras viejas, a unas palabras heredadas que no nos gustaban a las nueva generaciones”. En El País Semanal de abril de 2017 un artículo de Olivia Muñoz-Rojas pregunta ¿Qué significa ser mujer y feminista en el siglo XXI? Nos muestra la imagen de Getty que viste una camiseta de Dior con una frase de la escritora Chimamanda Ngozi que se ha convertido en un símbolo y que dice: “We sould all be feminists”. Los pensamientos también se ponen de moda. “Decir amistad es decir entendimiento cabal, confianza rápida y larga memoria; es decir, fidelidad” –asegura Gabriela Mistral. Y eso es lo que hace Marina Tapia, ser fiel a un colectivo y a una poética que se encarna en su momento histórico.

            Dice Josefina Martos Peregrín refiriéndose a Un Kilim de palabras de Marina Tapia que “el poemario es una maravilla que aúna reflexión, sentimiento y sabiduría literaria”, afirmación ésta que “sintetiza perfectamente la poética del libro”, según Ángel Olgoso. Luis Cerón Marín afirma en Todoliteratura que “todo está perfectamente hilvanado en este poemario, pues nada está dejado al azar”, “es un conglomerado poético nada arquetípico, sino muy singular”. Y Miguel Arnas Coronado publica en La página de los libros del diario Ideal que “un kilim es una estera o alfombrilla utilizada también, para la oración islámica. Y así está erigido el poemario, como trama o tejido de palabras, de frases, de imágenes, de versos”, “no se piense en un panfleto. No es poesía militante a secas. Es poesía…”.

Hay “ojos que juzgan y censuran”, cada día más, pero también hay ojos que se ponen en la piel del otro y hacen de la alteridad un hogar acogedor. Así son los ojos de Marina Tapia, “un poema transformado/ en cuerpo” oficiante. Abre el libro con una dedicatoria conjuro invocadora: “A mis maestras. A mis amigas poetas. A mi hija”. El poemario comienza con un poema súplica o sortilegio. Tiene cuatro partes. Preámbulo de voces con seis poemas. Fuente callada con tres poemas. Disonancias con otros tres y Tránsito al poema con quince fragmentos que podrían considerarse una poética-ensayo y una declaración de amor. Y aunque su “paz no es matemática,/ no se puede encerrar en un conjunto/ de citas y fórmulas”, sus dedicatorias y citas sí son toda una declaración de intenciones. Nombres que señalan un horizonte “como una feliz genealogía del valor”, de sus “hermanas, las Evas”. La parte “Preámbulo de voces” comienza con una cita de Safo: “… y a mis compañeras hermosos cantos cantaré yo ahora para alegrarlas…”. Las otras tres partes del poemario: Fuente callada, Disonancias  y Tránsito al poema tienen citas de Olga Novo, Carmen Conde y Juana Castro respectivamente. Luego, muchos de sus poemas están dedicados a mujeres: A Concha Méndez, Ángela Figuera Aymerich, Elena Martín Vivaldi, Alejandra Pizarnik, Anna Ajmátova, Ángeles y Elena, su abuela enfermera... Otros se titulan con el nombre de autoras como Emily Dickinson, o tienen una cita de Ángeles Mora. Lo que dice mucho de sus querencias y herencias y de su itinerario lírico. ”Me hablan en secreto,/ desde citas y nanas me ruegan:/ que jamás olvidemos su lucha” –proclama en la página 20. Solo mujeres, una forma de reclamar su lugar en el canon de la poesía y en el mundo. Desde el principio nos deja claro cuáles son sus intenciones con un oxímoron abrupto: “De pronto desperté con la conciencia viva,/…/ para poder –con odio-/ hablar de amor” –susurra en la página 24. Un kilim de palabras es una urdimbre de significantes y significados que entrelazados con delicadeza forman una pieza tejido que nos envuelve con su música y su poética arterial. Sus versos dicen y callan, y con esos hilos de palabra y silencio, de mujer y justicia construye la poesía reivindicativa de este poemario.

Para Marina la inspiración es “un momento-tempestad”. La propia autora define este poemario como un “telar de versos”, pero también podríamos pensarlo como “golondrinas líquidas” o “un tejido líquido” o “un líquido de ideas” que se funde con la propia piel de Marina Tapia  y Zygmunt Bauman. Marina Tapia entra, con este poemario, en el Linaje de las Matriarcas, ese grupo cada día más numeroso de mujeres contemporáneas que reivindican el papel de la mujer y su lucha feminista como poética y como temática, y que reclaman el lugar que le corresponden en el canon de la literatura en particular y de la historia en general. “La mujer lleva un ave en el bolso” –revela  en la p. 34. Muchas luces y voces brillan en los versos de Marina. Hace referencia a una luz de gas/disonancia padecida de la que por fin ese hombre sale derrotado “con golpes y portazos” enfrentándose a “su máquina de fraude y saqueo” –exhala la poeta en la p 41 y 43.

            Marina se siente portavoz, efigie de una lucha. “Nutro la libertad del pensamiento,/ descanso en un telar/ de voces anteriores que me guían.” –reza en la página 16, porque su poesía encierra algo de oración pagana, “con calidad sagrada”, que ansía “nombrar lo que ocurre” como fórmula exorcista. Por la garganta de la poeta cantan “un coro de mujeres golondrina” y giran “un corro de mujeres vela”. La voz musical de Marina, como una voz matrioska, contiene la voz de otras mujeres, de todas las mujeres ariadnas. Comienza con la dedicatoria inicial y continúa con un océano de expresiones que apuntan una poética: “lengua materna”, “cuerpo preñado”, “amamantas futuro”, las “Evas”. Sus poemas están llenos de palabras luz en sus distintas intensidades: candiles, brecha de luz, resplandor, ocaso, destellos, alumbra… “Y pese a todo, canto”: Un poema perfecto, o mejor aún, un poema exacto en medio de un libro excelente por la forma en que abrocha las dos premisas que vuelan en el libro: mujer y poesía. Ambas se funden en un destello maternal y creador. La poesía es femenina, igual que Inanna, la diosa sumeria del amor, de la guerra y del poder, con la que nos ofrece “una lírica divina y tan secreta”.

            ¿Y qué pretende Marina con la poesía? “No ahogaré la palabra/ -lo único que salva-“, “Las palabras me acercan a ti,/ red de arterias,/ único camino/ para poder verter/ copiosamente/ la sangre de mi voz” –canta en la página 42 y 56. Podríamos decir que Marina en este libro se convierte en la poeta de la “conciencia viva” y de la reivindicación feminista. Titula un poema “Soy vuestra voz”, y eso es lo que ha pretendido con este libro: Ser un vehículo portavoz, un karaoke lírico que intertextualiza con solo mencionar, que se expande contrayéndose, como un espasmo cósmico que se hace lenguaje sideral. Pretende y consigue que su yo poético se refiera también a un yo femenino, el de la mujer como colectivo, aunando así el registro de su voz con el eco de su época. ¿Qué es, por tanto, Un kilim de palabras? Es mucho más que un artefacto lírico, es “un pálpito irredento/ forjado enteramente de palabras” y de “resquicios de utopía”. El libro entero es una Matria que hace honor a su época y que os invito a que leáis, si es que mi opinión vale de algo en este mundo tan teledirigido, corporativo y mercantilista.

 

Custodio Tejada

Opiniones de un lector

Octubre de 2022

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 Todoliteratura