viernes, 15 de mayo de 2026

LOS PLANETAS FANTASMA de Rosa Berbel.

 LOS PLANETAS FANTASMA  de Rosa Berbel Por Custodio Tejada.



 LOS PLANETAS FANTASMA  de Rosa Berbel Por Custodio Tejada.

Entradilla.

LOS PLANETAS FANTASMA de Rosa Berbel. Una autora que con solo dos libros ya forma parte de los Nuevos textos sagrados de Tusquets Editores. Un libro con una elegante cubierta en dorado y negro y con la ilustración de un cordero vegetal de Tartaria. Colección dirigida por Antoni Marí. Primera Edición: mayo de 2022. 32 poemas y 86 páginas, repartidos en tres partes: La muerte natural con 20 poemas, La conquista del paisaje con un poema largo muy eremita y Cuando acabó la fiesta con otros 11 poemas. Apadrinada en la solapa del libro, como si fuera una avenida de esfinges, por Fernando Aramburu, Daniel J. Rodríguez, Joaquín Pérez Azaústre y Luis García Montero. Los planetas fantasma es un canto de dolor más metafísico y metapolítico que su anterior poemario: “Las niñas siempre dicen la verdad”. El libro está dedicado “A Miguel, que consagra un lugar para lo extraño”. Ya desde el título consigue alumbrarnos un rasgo distintivo del poemario: el misterio. Nos asoma a él como una atmósfera creativa y una puerta espacio-temporal mágica. La poeta, como una eremita lírica que se retira al desierto del lenguaje cuarenta días, presenta su poemario como una verdad revelada o una sala hipóstila que conduce al santuario de su poética, como un texto sagrado metalingüístico  y metaliterario que evoca la pandemia y su legado, pero también otras obsesiones. Es un viaje iniciático que se recorre por la memoria y por las palabras, por su iconografía léxica y semántica. Y es que en este poemario se da la paradoja que habita en él un cierto nihilismo con devoción religiosa, hay una espiritualidad o una dialéctica constructivista donde la poesía se hace metalenguaje y vacío, nos plantea un viaje por “las desolaciones del lenguaje” y de los significados, una poesía que es capaz de invertir el sentido de la sombra y de la luz, de lo que se ve y lo que no se ve o se intuye sutilmente, que va de la realidad a la imaginación, de la poesía a la filosofía y del Eros al Thanatos. Un truco de magia semántico que convierte a la metáfora en revelación y a la poesía en metafísica o utopía, en una mística lingüística que catequiza con su poética en obras. Para entender las razones sentí-mentales del libro hay que comprender primero “las razones del viaje” lector que realiza este poemario y sus “mundos paralelos” al afirmar que “la línea de horizonte está torcida” y que lo que toca, la disyuntiva que nos propone es clara: “cambiar este paisaje” o “formar parte de él”. Ella lo intenta con su poesía porque sabe que las palabras igual que “Las emociones crean realidades.” Con versos como aforismos que parecen relámpagos. La batalla que se vive en el poemario surge de la batalla filosófica Aristóteles vs. Hegel, pasando por Lacan. Si la realidad es como un equívoco y todo nace a partir del vínculo que nos da el lenguaje que somete y fragmenta, entonces la poética del libro está impregnada por la Teoría Crítica y su capacidad para cuestionar las estructuras de poder y las formas ocultas de opresión en la cultura, en el lenguaje y en la vida cotidiana con la intención de emancipar al lector a través de un lenguaje poético subliminal y una reflexión fantasma sentí-pensante. Y desde ahí, al menos a mí como lector, me ha sugerido o invitado a plantearme la teoría de las influencias fantasma, para descifrar las sinergias que mueven a la literatura y el pensamiento lector de todas las épocas. Si la poesía escrita por mujeres no puede tratarse con “condescendencia o paternalismo”, la de Rosa Berbel mucho menos, ya que nos encontramos ante una poeta bendecida y con mayúscula.

 

Cuerpo.

En un principio voy a realizar una introducción algo metafísica para situarnos en la época que nos ha tocado vivir, en el zeitgeist y el volkgeist que nos configura nuestra mirada sentí-pensante, que diría Eduardo Galeano, y también para hacer una lectura más holística del texto que tenemos entre manos, que también podría leerse como un “contradiscurso de criticidad”. Si un autor codifica un zeitgeist en sus versos, una opinión lectora debe decodificar el zeitgeist que mueve la poética de esos versos, como si estuviera analizando una Teoría de las influencias fantasma. ¿Si somos el producto de un constructo lingüístico y todo es problema del lenguaje, cambiando el lenguaje se soluciona todo? ¿Necesitamos una teoría de la verdad más holística que sea un servicio público verificable o al menos “corroborado”? Detrás de cada poeta siempre hay un puñado de filósofos o al menos una filosofía apuntalando su mirada. La Teoría crítica y la Escuela de Frankfurt nos llevan hasta Adorno, Benjamin, Marcuse… De ahí podemos saltar al estructuralismo francés y el postestructuralismo y  a la corriente woke. Slavoj Žižek y su visión radical sobre la dialéctica hegeliana: materialista y lacaniana, asegura que el tiempo de Hegel no ha llegado porque todavía no hemos comprendido y que será en este siglo XXI cuando retornaremos a él para sanar el trauma de la realidad. Para Karl Popper y su falsacionismo nunca podemos saber  si nuestro conocimiento es verdadero, y en su ensayo La sociedad abierta y sus enemigos, plantea la “paradoja de la tolerancia”, o sea que “La tolerancia ilimitada debe conducir a la desaparición de la tolerancia. Si extendemos la tolerancia ilimitada aun a aquellos que son intolerantes; si no nos hallamos preparados para defender una sociedad tolerante contra las tropelías de los intolerantes, el resultado será la destrucción de los tolerantes y, junto como ellos, de la tolerancia. (…) Deberemos reclamar entonces, en nombre de la tolerancia, el derecho a no tolerar a los intolerantes.” Así que  la Teoría de la cancelación o el activismo identitario podrían tener una herencia del marco filosófico popperiano, según la percepción y el uso dogmático que el mundo woke y posmoderno hace de sus propias teorías. ¿Quiénes son por tanto los tolerantes y los intolerantes verdaderos que se sitúan en el lado correcto de la historia en una sociedad abierta? ¿Cuál es la sociedad justa y cuál la injusta, que plantearía John Rawls y su Teoría de la justicia? ¿Hasta qué punto los creadores, los artistas y los escritores somos víctimas o cómplices de las modas sentí-pensantes que nos imponen las élites dominantes camufladas con barnices filantrópicos, haciéndonos creer que somos originales y rebeldes antisistema cuando en realidad somos un producto sentí-mental subordinado a sus intereses, a sus zeitgeist prefabricados, de una manera consciente o no? “Nunca ha amenazado a la literatura  un peligro tan grave. Los poderes oficiales y oficiosos, el gobierno, tal vez las mismas alta banca y gran industria, han descubierto la fuerza de la literatura y van a utilizarla en provecho propio.” –escribe J. P. Sartre en su ensayo ¿Qué es la Literatura? Y también dice: “Así, al tomar partido en la singularidad de nuestra época, nos unimos finalmente a lo eterno y nuestra tarea de escritores consiste en hacer entrever los valores de eternidad que están implicados en esos debates sociales o, políticos.” ¿Pero hasta qué punto nuestra creatividad no es cómplice o víctima del Club Bildelberg, el Foro de Davos, de la Fundación Bill y Melinda Gates o de la Open Society Foundations de George Soros? Larry Fink, el Ceo de BlackRock que junto con Vanguard son dos de los fondos de inversión más grandes y poderosos que controlan y manejan no solo el mundo económico, sino mediático, cultural y político, le dice al periodista Brett Baier en una entrevista para Fox News que le pregunta: “¿Cree que la era woke fue un experimento fallido? Me refiero al ESG (Criterios Ambientales, Sociales y de Gobernanza), al DEI (Diversidad, Equidad e Inclusión), el promover eso. Cuando hablas de las cosas ahora, hablas en un sentido práctico, lo que podemos hacer, lo que podemos lograr. Mirando hacia atrás ¿cómo lo ves?”. Y Larry Fink contesta: “La sociedad avanza; el péndulo oscila todo el tiempo. En el caso de BlackRock, ya sabes, somos responsables de gestionar para todos. E incluso hoy, como dijiste, quizás estos fines… Las energías renovables se mencionan menos, puedo decirte ahora mismo que tenemos muchos inversores de todo el mundo que están invirtiendo en energías renovables, tratando de enfatizar la energía solar y otras cosas como esas. Entonces estamos trabajando con Occidental Petroleum ahora mismo para construir las mejores fábricas de captura de carbono en Texas. Ahora mismo, entonces, ¿creo que hace cinco años el péndulo estaba demasiados lejos? Sí. Creo que somos más pragmáticos. ¿Sabes? Yo personalmente soy más pragmático.” Y le pregunta el periodista: “¿Pero crees que BlackRock empujó a algunas empresas un poco más a la izquierda de lo que pensabas?” Y le contesta Larry Fink: “Nunca fue nuestra intención  porque nuestro trabajo es ser, tengo que ser fiduciario con todos los que nos dan dinero. Nuestra responsabilidad, Brett, es asegurarnos que si uno de nuestros inversores quiere invertir el 100% en hidrocarburos en Texas invierto el 100% en Texas. Pero si otro fondo estatal quiere que invirtamos en, digamos, todo en energía verde, lo vamos a hacer… Creo que la sociedad se ha movido a una mejor posición de mayor pragmatismo.” Y resulta curioso que el mismo Ceo de BlackRock, Larry Fink, decía en 2017: “Bueno, los comportamientos van a tener que cambiar y esto es una cosa que vamos a pedir a las empresas que tienen que forzar comportamientos y en BlackRock estamos forzando comportamientos… Y lo que estamos haciendo internamente es si no logras los niveles de impacto tu compensación podría verse afectada, ¿ok? Estamos haciendo lo mismo. Así que solo tienes que forzar comportamientos. Y si no fuerzas comportamientos, ya sea de género o raza, o de cualquier tipo que quieras decir, la composición de tu equipo será impactado… Y vamos a tener que forzar el cambio.” Y más recientemente, en Davos, en el World Economic Forum afirmó que “El mundo confía mucho menos en nosotros (refiriéndose a las élites globales) para contribuir al futuro. (…) Si el Foro Económico Mundial quiere ser útil en el futuro, debe recuperar esa confianza.” ¿Qué diría Sartre de esto si estuviera vivo? ¿Qué escribiría en su ensayo?  Parafraseando a mi manera a Enrique Dussel, pareciera que la ideología woke hubiera venido para que la centralidad del nordocentrismo europeo y estadounidense (fundamentalmente anglosajón) sigan gestionando el sistema-mundo sentí-pensante a través de su siempre tutelada liberación/progreso/creatividad de palabras-ideas zeitgeist y que la periferia siga en su papel esclavo y subordinado, por paradójico que parezca. Como si fuéramos a un cambio de era en la que el centro-periferia del sistema-mundo cronifica su sed emancipadora como signo del tiempo eterno, volviendo a un sistema interregional de fragmentaciones camuflado para que todo cambie sin que nada cambie y la gestión del sistema-mundo siga igual, o sea, en las mismas manos. Así que como trabajadores que somos todos de una empresa fantasma que produce dividendos ingentes y cuya energía es difícil de detectar porque está oculta y opera en un nivel sutil y de manera diferente a la norma, como los planetas fantasma, descubrimos que ellos dan las herramientas y nosotros las utilizamos como si fueran propias y no prestadas. Y es que como se pregunta Rosa Berbel: ¿Dónde caemos nosotros?, ¿Hasta dónde es capaz de llegar/ nuestra vista? Y yo me pregunto: ¿Hasta qué punto somos el resultado del lenguaje zeitgeist que la ingeniería social de los laboratorios de pensamiento de las élites chamanes nos imponen en cada época?

Ponerte en modo lectura es como crear tu propio avatar y comenzar a mirar y comprender lo que lees con otros ojos más comprometidos y atentos. Alguien tiene que avisarte de que leer es como atravesar un campo minado, en cualquier momento tu cerebro sentí-mental puede estallar y saltar por los aires. Los damnificados por la lectura no aparecen en ninguna estadística. La escritura y la lectura pueden producir daños colaterales y convertirte en víctima de un espejismo sentí-pensante donde la imaginación será más salvífica que la realidad, si cabe. No hay una única forma de leer un libro, sino que hay múltiples maneras de ser lector. No todo lo que se escribe está escrito para halagarte, al contrario, muchas veces lo que hace es perturbarte. La escritora Remedios Zafra nos dice que “Si el libro que leemos no nos perturba, ¿para qué leemos?” ¿Se podría decir lo mismo de una reseña? Y el escritor cubano Leonardo Padura manifiesta que la literatura “tiene que ser un acto de provocación” y que uno aprende en la práctica literaria que “una de las necesidades más importantes que tiene que tener un escritor es una capacidad de manipulación, uno tiene que manipular al lector, uno tiene que retar al lector, incluso no tiene que decirle todo al lector…” Slavoj Žižek declara: “Yo creo en la manipulación, en política todo vale”. Una cita con aspecto de callejón oscuro y sin salida.

            Las palabras, domesticadas o salvajes, nos guían, nos moldean, nos chantajean, nos revelan y rebelan, nos engañan o despiertan.  ¿Por qué el lenguaje es unas veces honesto y otras veces réprobo, quién lo decide? La literatura está constantemente construyendo primados negativos o positivos en las mentes lectoras a través del lenguaje y de las palabras, una verdadera labor de ingeniería social, cultural y política. En los últimos siglos casi siempre en la misma dirección sentí-mental y filosófica y con resultados poco halagüeños. ¿Cuánto tiene la literatura de acto subliminal o publicidad engañosa? Dice J. P. Sartre en su ensayo ¿Qué es la literatura?, también titulado Literatura y existencialismo, que “El grito de dolor es signo del dolor que lo provoca. Pero un canto de dolor es a la vez el dolor mismo y una cosa distinta.” Pareciera que está hablando del flamenco y del quejío andaluz, que es otro tipo de literatura hecha con el duende de la guitarra, el cante y el baile. Como la poesía, que también tiene mucho de grito y de canto sublimados. La escritura comprometida exige también una lectura comprometida.

            Margaret Atwood, autora de El cuento de la criada, asegura que “Con la edad una se vuelve más inclusiva, entiendes que no es solo tu sociedad la que tiene cosas horribles, sino que todas esconden monstruos.” Y también que “la página escrita no es literatura hasta que el lector la traduce convirtiéndola en una voz.” Así que en toda  literatura, comprometida o no, también habitan monstruos, autores y lectores, y es la interacción que surge entre ellos, entre los primados negativos o positivos y su relación de viceversas, lo que determina la literatura y su campo de acción.

            Para el profesor argentino Daniel Giaquinta «lo sano de Occidente viene de Aristóteles, lo enfermo de Occidente viene del enciclopedismo hegeliano, de la traición a la realidad. Aristóteles decía la verdad existe y es la adecuación de mi cabeza a la realidad. Y Hegel, venido de Kant y de toda esta escuela y del enciclopedismo que lo llevó a la plenitud en el Siglo de las Luces afirma qué es la verdad, todo es relativo… Decía Chesterton  que “Llegará el día que será preciso desenvainar una espada por afirmar que el pasto es verde.”» La estructura del pensamiento de Hegel y su idealismo sigue siendo fundamental para la filosofía actual, incluyendo la teoría crítica, el marxismo y el estructuralismo, que nos obliga a pensar que el presente no es un hecho aislado, sino un proceso histórico. Y desde ahí también podríamos añadir que el lenguaje y su legado es otro proceso histórico que plantea una ingeniería social desde los significados. ¿Podemos entender entonces el lenguaje como el resultado de una consigna o una propaganda, tanto antes como ahora? En el poema First Dates (p. 46) del anterior libro de Rosa Berbel, Las niñas siempre dicen la verdad, unos versos dicen: “Heráclito no puede haber oído/ de Madame Bovary, pobre de él./ Aunque pudo pensar, cosa rarísima,/ sin la sombra alargada de Aristóteles./ Bum./” Y es que para la poeta “¿La verdad se construye en el poema?/ No. / El poema se construye en la verdad.” –asegura en la página 44 de su anterior poemario.

Si como afirma Henry Miller “Nuestro destino nunca es un lugar, sino una nueva forma de ver las cosas”, la lectura también debería buscar esa nueva forma de ver y de entender lo que leemos, lo que vivimos, lo que escuchamos, los lados “correctos” de la historia y de la literatura y los pensamientos política y culturalmente correctos. ¿Se puede ser un lector antisistema, o sea, que cuestione todo lo que lee y no dé ningún debate por cerrado? La filósofa y activista francesa Simone Weil asegura que “la capacidad de prestar atención es la forma más pura y rara de generosidad”. Entonces, cuando un lector abre un libro convierte ese gesto en un acto de empatía y de generosidad supremo hacia el autor y su obra, pero también hacia sí mismo. ¿Pero qué es más importante, la genialidad del autor y la obra o la generosidad y sinceridad del lector? Ambas se necesitan, porque ningún autor es Dios y ningún lector debería ser una simple marioneta.

            Esclavizado a un mundo donde la tecnología hace gala del zoom como si fuera una puerta interestelar y una lupa que nos construye con sus aumentos, descubro que hay detalles que sin ese zoom pasarían desapercibidos para nuestra consciencia microscópica y telescópica, o cósmica y minúscula, como diría Rosa Berbel. El alejamiento o la aproximación multiplicados en millones de megapíxeles permite que veamos con otros ojos lo que antes era imposible, pero al ver lo micro perdemos la atención de lo macro, y es por eso que micro y macro son necesarios para distinguir las perspectivas y las consciencias del mundo que nos rodea, que leemos y del que nos nutrimos. Curiosamente vivimos una época de destrucción  y confusión permanente en la que se nos quiere convencer que la luz ensombrece y la sombra ilumina, y aunque luz y sombra se retroalimentan la una a la otra en su valor y contravalor, en sus límites y reflejos, no son intercambiables, sus esencias semánticas son distintas, por mucho que queramos invertir el lenguaje y su significado, la ética y su legado. Las simbologías hunden sus raíces en el origen de los tiempos y de la consciencia universal. Al final de toda lectura lo que pretende un libro es convencerte, vencer tu resistencia para llevarte a su lenguaje territorio que es otra forma de destino y de zoom.

Los libros llegan cuando tienen que llegar, y si los compras antes de tiempo a veces hay que hacerlos esperar a que llegue su turno lector. Pero en este caso, Los planetas fantasma, llegó en el momento justo, ni antes ni después. Una vez comprado lo leí de inmediato y sucedió un flechazo o un momento aha.

            Si buscamos a Rosa Berbel y a Los planetas fantasma en la inquietante y sabihonda IA nos asegura que es “una destacada obra de poesía contemporánea que navega entre la utopía y el apocalipsis. Con una mirada reflexiva, la autora aborda la crisis ecosocial, el amor y el miedo, utilizando imágenes de espectros y brujas para explorar el final de una era.” Para Álvaro Valverde “su libro no solo no defrauda, sino que demuestra un salto cualitativo en su poética.” Y sigue: “La ironía, tan presente en su obra anterior, domina la escena.”, “se aprecia un aire sentencioso, aforístico a rachas.” La propia autora confiesa en una entrevista al también poeta Javier Gilabert que “La perturbación me parece muy interesante como emoción lectora y como emoción creadora.”,  y que Los planetas fantasma “es un libro que transita por diferentes estados de ánimo, que está atravesado por diversas obsesiones… Lo político siempre se cuela en todo lo que escribo…”,  “es un libro prepandémico, pandémico y postpandémico, que tiene una relación muy particular con el aislamiento,  la comunidad, la idea de apocalipsis, las posibilidades de lo póstumo, la utopía o el terror…” Según Rosa Berbel el libro surge como respuesta a una cuestión que se plantea: “qué correspondencia había o podía haber entre lo climático y lo afectivo, (…) entre las tragedias del planeta y las tragedias individuales. (…) Luego esa idea fue mutando y le pasaron por encima muchas otras obsesiones…” En otra entrevista le confiesa a María G. de Montis, para Efeminista.com,  que le obsesiona “Cómo la política tensiona o desestabiliza el lenguaje poético”, que el terror le interesa mucho, “que siempre ha sido un género muy favorable a la representación política, está siendo llevado por mujeres a todo un orden de cosas que nos resulta perturbador y violentísimo como el género, las clases o la situación política en Latinoamérica. Por otro lado está también todo ese imaginario de la bruja, que ha resignificado el feminismo en los últimos años hasta convertirse en un emblema. Pero también me interesa la forma en que se relaciona el terror con la poesía, cómo los fantasmas están presentes sin que se los nombre.”

El poemario, desde una dialéctica constructivista, está impregnado de un activismo ecológico y feminista y de una conciencia social donde el lenguaje se convierte en caballo de Troya y constructo político de su escritura comprometida, que diría Sartre. Una poética, la de Los planetas fantasma, que se debate entre lo emocional y lo intelectual, y así en unos poemas fluye más lo uno y en otros poemas fluye más lo otro, entre una simbiosis lírica y monstruosa que teje el terror y la poesía, y donde ve “el poema como vehículo para exorcizar los terrores colectivos.” Si ella con su poesía busca una “interpretación comunitaria”, esta opinión mía también crea “un lugar de enunciación comunitaria” lectora e hipertextual, un lugar compartido de ida y vuelta dentro de ese gran club de lectura que formamos todos los lectores juntos que hemos leído un mismo libro.

Rosa Berbel confesó en el “Festival Purullena tiene nombre de mujer” que el título original del poemario era “La muerte natural”, pero que al concluirlo se inclinó por el actual. El título final, Los planetas fantasma, es ya en sí mismo un jeroglífico a interpretar, ya que juega con el lector al entroncar con el contenido y la parte de terror que lo impregna, pero también al relacionarse con el concepto astrológico. Según la IA: “El concepto planetas fantasma suele utilizarse para describir situaciones donde la energía de un planeta es difícil de detectar, está oculta, opera en un nivel sutil o funciona de manera diferente a la norma”. Por lo tanto es un título que tiene un trasfondo muy poético y que pudiera hacer referencia como metáfora al significado oculto y mistérico que tiene el lenguaje en general y el poético en particular. Por tanto es un título muy metafísico también, como el poemario mismo. Quizá porque como escribe la autora: “Sobrevuelan el mundo palabras terroríficas,/ conscientes de que existen/ perversiones sin nombre.” (p. 26) ¿Podríamos entender el título como una metáfora woke, que hace referencia a esa realidad social que no se ve pero que existe y de la que la autora se hace eco comprometido, igual que ese lenguaje opresor que nos contagia?

            La primera parte titulada La muerte natural unida a la importancia que tiene el vaivén de los significados de las palabras en este poemario nos lleva hasta la intuición de que la naturaleza y el paisaje mueren en pro de una vida sublimada en el lenguaje. Dos citas abren este tramo del libro: “Es un amor que contamina” de Juan Luis Guerra y “En la literatura y las canciones el amor se expresa a menudo en imágenes del clima” de Ron Padgett.” El clima como mitologema o metáfora de un zeitgeist, de un atrapasueños lingüístico que impregna todo el viaje lector, la atmósfera lírica que lo contiene, la piedra angular sobre el que se sustenta todo el edificio poético del libro. La segunda parte del poemario titulada La conquista del paisaje resulta ser una metáfora exquisita del poder del lenguaje y su expansión, entendida esta como una batalla cultural y política. Con un solo poema largo y eremita que empieza con una cita de Raúl Zurita: “No necesitan rezar en voz alta/ porque es el universo entero su catedral”. Aquí el mitologema principal que sustenta el andamio lírico es el desierto como paradigma del paisaje y la conversión.  Y la tercera parte titulada Cuando acabó la fiesta nos aboca al apocalipsis con la cita “Post festum, pestum” y donde el pensamiento sueña con reconstruir el paisaje (lenguaje) como un propósito de enmienda, porque hay que hacer  Limpieza general en el hogar: ya “Que la belleza es insoportable./ Vuestra belleza ensucia/ y tendría que ser aniquilada.” –afirma la poeta en la página 67. Los títulos de los poemas son sintomáticos del poder fantasma expresivo, del dolor y el terror que nos vamos a encontrar en el poemario. El índice podría leerse como una letanía mágica que contamina y purifica en su significación invertida y mudable. En los primeros poemas (Nuevos propósitos, Siglo 22, No mires ahora, Bodegón, Gota fría) la atmósfera de la pandemia y lo ecológico y su cárcel es evidente y notoria. A partir del poema Vuelo de brujas hay un punto de inflexión y entran nuevas obsesiones, un feminismo más activista, desde una dialéctica constructivista que hace del lenguaje y de las palabras una arcilla moldeable de reminiscencias en medio del desierto semántico que se erige en un lugar de revelación o una punta de lanza. Los poemas En el camino, Luna en la cosecha, Los climas, Formas de mirar y Día de Reyes siguen la sinergia climática y pandémica más explícita y a la vez simbólica. El poema Esto no es un poema de terror vuelve en su paralelo lector a entroncar con la mirada del poema Vuelo de brujas. Los hilos de la ecología y el lenguaje, con toda la fuerza de su paisaje léxico, siguen tejiendo el tapiz lector en Casas viejas, Jardinería, Viajes largos a destinos imposibles, Otras fiestas, Variaciones y El día del hielo. En el primer poema del libro Nuevos propósitos, que huelen a viejos, ahora la playa es una piscina con césped y los adoquines son baldosas, algunos de sus versos (“oler a cloro, arrancar las baldosas,) me retrotrae al eslogan del mayo francés del 68 con aquel ¡Sous les pavés, la plage! Los adoquines bajo los que hay arena, ahora, en boca de Rosa Berbel, son las palabras, bajo las que puede haber otras semánticas y otros horizontes. Quizá como metáfora para hacer lo propio con el lenguaje. Y que yo relaciono, no sé por qué, con el poema de la página 35, Formas de mirar, quizá por el desencanto que proyecta y la reminiscencias al mar, la playa y el horizonte: “los desniveles suaves del asfalto/ (…)/ Si miramos sin ganas, la playa se parece/ a una extensa llanura.” El tercer poema No mires ahora, como esa tensión que se produce cuando vemos una película de terror que nos predispone en algunas escenas a dejar de mirar, es toda una poética iniciática porque “No todos pueden verlos./ Solo tú y yo que estamos/ hablando con lenguajes imposibles./ (…)/ Y la magia recorre el camino a la inversa.” Una invitación a los elegidos para deconstruir la realidad y el significado del lenguaje, a reescribir las emociones, la historia, el pensamiento, a dejarse llevar por la imaginación, como un náufrago llevado por el oleaje de una nueva lengua o un nuevo territorio de significación. El poema Los climas puede leerse como un plan de fuga o una nueva fe hecha metáfora de una nueva religión, para cambiar de casa y de templo. El poema El final de los ritos (p. 53) puede leerse y mirarse como otra poética en sí mismo, un poema metalingüístico y metafísico que roza la mística de un aprendizaje significativo que nos reduce a ser unos seres constructos por el lenguaje. En la segunda parte, de un solo poema, La conquista del paisaje, una palabra tan dura y que tanto debate genera en nuestro presente como es conquista, centra la atención de toda esta segunda parte. Y también paisaje, el paisaje como metáfora del lenguaje, es entonces al confluir ambas cuando todo cobra sentido y el poemario alcanza un rango sagrado y litúrgico. Podemos leer el libro como un sacrificio ritual, donde el cordero sacrificado es el propio lenguaje y su significado, un ritual que marca una nueva era y una nueva salvación resignificada. Lo religioso es otro hilo que teje también la poética del libro. Como lector, ipso facto, te transmutas en creyente o en un ateo-agnóstico convencido de la nueva religión. En todos los poemas el lenguaje (el nombrar como acto revolucionario y subversivo que te lleva al delirio) se convierte en una posibilidad de cambio y transformación, en una vía de redención que convierte a la palabra en un lugar constructivista político de transformación histórica. Si toda escritura es comprometida con los ideales de su autor, Rosa Berbel deja negro sobre blanco cuáles son sus credenciales. El poemario es un viaje por el paisaje, por el tiempo, por la memoria y por el lenguaje. El viaje como metáfora del destino. Y así la poeta viaja en tren, en coche, en bicicleta, con la mirada, con los sentidos, en las emociones y en el lenguaje para bordear la palabra igual que bordea el final de la noche, o de la historia. Un libro cuya iconografía léxica de contrarios en vaivén nos lleva a través de la imagen a una dualidad simbólica entre el régimen nocturno y el régimen diurno, como si fueran mundos paralelos desde una simetría rota, (silencio-ruído, bosque-ciudad, frío-calor, luna-sol, lluvia-árido, día-noche, amor-vida-muerte, luz-reflectante-brillantes-resplandece-sombra-aoscuras-penumbra, cerrado-abierto, cielo-tierra, lluvia-granizo-nieve-burbuja–sólido-líquido-gasesoso-, desierto-oasis, agua-sed, terror-ternura, placer-dolor, belleza-fealdad) para a través del bamboleo léxico y semántico conseguir “las transformaciones de los símbolos”, para cambiar el paisaje del lenguaje “donde florecen nombres y palabras/ y objetos puntiagudos”, de los significados y sus espejos que “devuelven figuras monstruosas” y se resignifican en su contacto fluctuante, permeable y mutante. El lenguaje de Los planetas fantasma nos rodea como una película de miedo cuyo final está en suspense por la ausencia y la nada y un cierto vacío.

La poética de este libro es una liturgia telúrica y cósmica, un rito, un conjuro, una fiesta con reminiscencias de aquelarre y delirio, la de un yo que se acopla en los otros, un acto mágico lleno de misterio y revelación que consagra y profana al mismo tiempo. En el libro hay un juego sutil, como la energía en los planetas fantasma, donde se juega a invertir el lenguaje y su significado, a confundir las realidades que nos transmiten las palabras, porque “El idioma del mundo ha dejado su huella/ en nuestro cuerpo.” Y no siempre la sombra es oscuridad ni la luz es resplandor. Porque como escribe en la página 19: “Y la magia recorre el camino a la inversa.” y “Las emociones crean realidades”, como el lenguaje. Es un poemario muy metalingüístico y metapolítico. “¿Cómo reconocer poemas de amor/ cuando el campo semántico/ es antiguo?” –se pregunta/nos pregunta la poeta en la página 17. La ambigüedad como recurso que resignifica: “Pero la oscuridad no duró demasiado. La luz ocultó pronto la belleza.” (p. 26)  Un cierto nihilismo lo habita con devoción religiosa: “Nos han dejado aquí a la intemperie:/ no hay paredes, ni casa, ni amor para las cosas/ que ya no poseemos./ Tendemos en el suelo el mantel sucio/ y admiramos con qué silencio pueden/ desvanecerse los lugares sagrados./” –leemos en el poema Saquear el templo de la página 85. En esta contemporaneidad que se alarga en su debacle todo muere. El sentido del humor también. Y así con ironía nos alumbra en la página 18 que “Todo lo que algún día nos hizo sonreír/ ahora está muerto.” Quizá porque el humor, como el lenguaje, es otra forma de propaganda y de dominio. En el poema Mundos paralelos de la página 83 nos interpela: “¿Hasta dónde es capaz de llegar/ nuestra vista?” Estamos en la eterna lucha de los últimos siglos: idealismo versus realidad, Aristóteles contra Hegel. “Ni los mundos posibles/ ni los mundos reales/ existirán jamás para nosotros./ No sabemos pintarnos.” –manifiesta Rosa Berbel en el mismo poema. La autora ha situado sabiamente en su poética el debate filosófico más crucial de los últimos siglos. Y si “La línea de horizonte está torcida” ¿Cuál es la rectitud? Según nuestro zeitgeist sentí-pensante en este comienzo del siglo XXI es una línea líquida, pero no podemos olvidar que hay otros estados que sepamos igualmente de mágicos en principio como son el sólido y el gaseoso. Y así la autora, a través de un lenguaje péndulo va marcando con su metrónomo semántico el paso del espacio y del tiempo poético, va de lo uno a su contrario, del presente al pasado y al futuro, del cuerpo al alma, de los recuerdos a las emociones, creando una atmósfera mística de vaivén, de terror y ternura, de belleza y muerte, de aciertos y errores, de luces y penumbras. Porque “En honor del fracaso y en nombre de la vida/ consagrábamos rezos./ En honor del presente hacíamos liturgias./ Y también ofrecíamos sacrificios.” –leemos en la página 60. Y algo de todo eso sostiene la lectura de este poemario.

La dicotomía entre Eros y Thanatos, como símbolos motrices de su poética, también impregnan la mecánica de Los planetas fantasma. La líbido y el todestrieb como impulsos creativos y existenciales. Desde el psicoanálisis freudiano, el conflicto entre estas dos pulsiones que gobiernan nuestra psique y conducta, representan la lucha de la vida y la muerte, la deconstrucción/destrucción y la creación de nuestras consciencias. ¿Cómo reconocer poemas de amor/ cuando el campo semántico/ es antiguo?/ Todo lo que algún día nos hizo sonreír/ ahora está muerto.” –canta la autora en la página 18. O “Para hablar de la muerte, nos fue preciso/ arrancarnos la ropa,/ (…) Para hablar del amor, debimos inventar/ otro lenguaje.” –escribe en la página 26. Entendiendo el deseo como otro viaje que realiza el poemario, este interior, un viaje que invita a mudarse. “La idea de luz/ ocupa nuestro amor/ y lo devasta.” –dice en la página 24. Cuando uno lee el poema La conquista del paisaje uno se imagina a la poeta retirada en el desierto durante cuarenta días y cuarenta noches escribiendo este poema como si fuera una verdad revelada, en tentación permanente entre Eros y Thanatos. Y en el poema Las palabras y las cosas la claustrofobia léxica y lírica es capaz de provocar una anafilaxia lectora. Y es que como nos asegura la poeta: “y ahora estamos confusos en la selva/ de los significados./ Ignoramos aún lo que seremos,/ la posición exacta del idioma.” - interpela en la página 53, porque “La simetría/ se ha roto. Apenas una/ celebración de la verdad:” Y en el poema Visiones de otro mundo (p. 75) el círculo se cierra y la filosofía que impregna todo el poemario se hace in-visible y leemos: “Todo cuanto era sólido/ se desvanece ahora ante la luz./ (…)/ Vamos reconociendo el misterio que crean/ las cosas que se esfuman,/ las cosas que se olvidan y se esfuman,/ fantasmas del realismo./ Somos ángeles torpes,/ somos desmemoriados.” a los que hay que devolver la luz y reconstruir la memoria, ¿cómo?, reescribiéndola. Porque “Cada uno de nosotros tiene una/ razón para callar.” (p.65) que nos recuerda a quien esté libre de pecado que tire la primera piedra. Pero sin remordimientos, porque “No sé pedir perdón,/ hemos pasado a oscuras tanto tiempo…” –canta en el poema Posibilidad de la luz de la página 33.

Para entender las razones sentí-mentales del libro hay que comprender primero “las razones del viaje” lector que realiza este poemario y sus “mundos paralelos”, al afirmar que “la línea de horizonte está torcida” y que lo que toca, la disyuntiva que nos propone es clara: “cambiar este paisaje” o “formar parte de él”. “Si renunciamos por completo al horizonte,/ todavía podremos ir al mar.” –advierte la poeta en el poema “Mundos paralelos” como si estuviéramos en otro mayo del 68. Una invitación a romper totalmente con Aristóteles y echarse ciegamente y con devoción en brazos de Hegel y su legado para “Saquear el templo” de la realidad y adorar a la imaginación, lo relativo y lo posmoderno como única salvación posible. ¿Una huida hacia adelante agarrado de la mano de Hegel? Y si para Sartre hemos sido condenados a ser libres y nos construimos con lo que decidimos, para Rosa Berbel lo es también con el lenguaje que usamos. Este es el viaje filosófico del libro, su viacrucis semántico que busca “una palabra para nombrar”, y donde nombrar se convierte en el acto más revolucionario o reaccionario de la historia, según se lea o nos convenga. El lenguaje convertido en campo de batalla con un sesgo binario que invita a la polarización.

Rosa Berbel, una poeta brillante y con duende, una de las voces líricas más emergente y precoz de nuestro panorama nacional, en este poemario que consagra y profana a la vez en un juego cambiante y prestidigitador de significados y ritos donde los contrarios a veces intercambian sus roles formando una mística ilusionista de manos y palabras que hablan con su tacto y su delirio, nos invita a la conversión, a tomar partido para “proteger el futuro/ de las desolaciones del lenguaje” que nos convierte en víctimas de su opresión. He aquí la verdad revelada, el quid de su dialéctica idealista. La escritura de Rosa Berbel, “posesiva, obsesa, fetichista,”, es una escritura comprometida de “copos blancos y tibios como una nieve bíblica” que con una delicada ironía y una mirada mágica y apocalíptica seduce como el triunfo de su lenguaje que es una fiesta o un aquelarre sutilmente posmodernista. Una lectura por tanto, la de este gran artefacto lírico que es Los planetas fantasma y sus “versos como conjuros”, que, independientemente de si quieres “cambiar el paisaje” o “formar parte de él”, disfrutarás con deleite y placer extremos. Para profundizar críticamente en la poética del libro deberás acudir a la Teoría de las influencias fantasma. Para disfrutar de estos magníficos poemas no hay que diseccionar la lectura como yo lo he hecho. Simplemente lee y disfruta de su iconografía léxica y semántica y de su itinerario-viaje simbólico y sentí-mental. Lee, luego existes, o no.

 

Opiniones de un lector.

Mayo de 2026

Custodio Tejada

PUBLICADA EN TODOLITERATURA

https://www.todoliteratura.es/noticia/62732/poesia/los-planetas-fantasma-de-rosa-berbel.html


Bibliografía.

-Berbel, R. (2018). Las niñas siempre dicen la verdad. Editorial Hiperión.

-Berbel, R. (2022). Los planetas fantasma. Tusquets Editores.

- Debates del sur global. (2 de abril de 2026). De “forzar comportamientos” a un “experimento fallido”: El giro de BlackRock. Instagram.

https://www.instagram.com/reel/DWpDU-nEXKk/

-Dussel, E. (2024). Al otro lado de la modernidad. Ensayos sobre la filosofía de la historia. Bellaterra Edicions.

-G. de Montis, M. (10 de agosto de 2022). Rosa Berbel: “La poesía escrita por mujeres se trata con condescendencia.”

https://efeminista.com/entrevista-rosa-berbel-planetas-fantasma/

- Giaquinta, D. (23 de septiembre de 2025). Mientras no tengamos rostro. Episodio número 8. Canal MNTR.MZA. Instagram.

https://www.instagram.com/reel/DOuDtuDji5Q/

-Gilabert, J. (5 de mayo de 2022) Rosa Berbel: “La perturbación me parece muy interesante como emoción lectora y como emoción creadora.” Secretolivo.

https://secretolivo.com/index.php/2022/05/05/rosa-berbel-la-perturbacion-me-parece-muy-interesante-como-emocion-lectora-y-como-emocion-creadora/

-Martín Jiménez, C. (20 de enero de 2026). En Davos, Larry Fink, copresidente del Foro Económico Mundial y director ejecutivo de BlackRock, reconoce abiertamente que las élites globales han perdido la confianza pública. Instagram.

https://www.instagram.com/reel/DTvXgCADSZz/

-Méndez Oceguera, O. (4 de abril de 2026). BlackRock: del capitalismo woke al capitalismo poswoke. Periodismo sin compromisos.

https://periodismosincompromisos.com/2026/04/04/blackrock-del-capitalismo-woke-al-capitalismo-poswoke/

-Padura, Leonardo. (20 de marzo de 2026). Canal juan_villegas_king_ Leonardo Padura. Instagram.  https://www.instagram.com/reel/DWF0xreDrRY/

-Popper, Karl R. (2017). La sociedad abierta y sus enemigos. Ediciones Paidós.

https://www.academia.edu/26789700/Jean_Paul_Sartre_Qu%C3%A9_es_la_literatura

-Sartre, J.P. (1957). ¿Qué es la literatura? Losada. S.A.

 -Seoane, A. (19 de marzo de 2026).   Margaret Atwood: “Cuando escribí El cuento de la criada los europeos no creían que Estados Unidos pudiera acabar así” El Mundo.

https://www.elmundo.es/la-lectura/2026/03/19/69bc3ba3e85ece48678b456d.html

- Valverde, A. (15 de junio de 2022). Los planetas fantasma: Rosa Berbel sí era para tanto. El Español.

https://www.elespanol.com/el-cultural/letras/20220615/planetas-fantasma-rosa-berbel/680182245_0.html

-Cordua, C. (2013). Hegel hoy, según  Žižek. Revista de filosofía Universidad de Chile.

https://revistafilosofia.uchile.cl/index.php/RDF/article/view/30106/31908


sábado, 10 de enero de 2026

OXFORD CIRCUS de Gerardo Rodríguez Salas

 OXFORD CIRCUS de Gerardo Rodríguez Salas. Por Custodio Tejada.

OPINIÓN LECTORA de Custodio Tejada.


Entradilla

OXFORD CIRCUS de Gerardo Rodríguez Salas. Colección Visor de Poesía.  III Premio de Poesía Marpoética, Marbella 2025. 84 páginas y 21 poemas repartidos en cinco partes, en cinco “actos circenses o performativos”: Vodevil (un poema), Burlesque (9 poemas), Teatro de sombras (un poema), Fenómenos (Freak show) (9 poemas) y Extravaganza (un poema). Oxford Circus, desde una poética elegante y discreta por la forma de presentarlo, es un rompecabezas woke que el lector debe armar. La voz poética del libro, a la vez vulnerable y resistente,  está llena de simbolismos, tiene algo de voz funambulista o voz vedette, una voz que nos lleva por la cuerda floja o el alambre, pero también por la pista central del circo crisálida convertido en un territorio líquido de significación. Es un libro singular escrito para curar, para ahuyentar la angustia, que combate el dolor y lo transforma, que diría Chantal Maillard; es una alegoría cuir con una poética fluida, posmoderna y líquida. Un poemario activista lleno de códigos que, desde un surrealismo entrevelado, muy bien armado y construido, demuestra el arte y el oficio del autor. El libro concebido como un teatro o un circo con sus pistas o escenas, le sirve al autor “como metáfora espacial e identitaria” “fluidas y subalternas, que entretienen, pero no forman parte de la normatividad ni del centro social”.  Un poemario estructurado como una performance cabaretera que nos lleva desde una dialéctica constructivista a una dialéctica de la interseccionalidad. El libro contiene cierto hermetismo para los no iniciados, por el mundo simbólico que encierra y la fe que profesa, cuya lectura necesita de la búsqueda y la interpretación para exprimir todo su jugo, necesita de un mapa conceptual para no perderse en el cruce de caminos que es ese “aquelarre de la diversidad” y la inclusividad, como indica el propio autor. Que Gerardo es un gran poeta ya lo sabíamos, aunque ahora ya sabemos que también está ungido por el neuma de los grandes premios. En el poemario se respira cierto solipsismo y catarsis lírica que deja al lector conmocionado en su primera lectura si no eres un iniciado, y es en la segunda lectura cuando uno comienza a comprender ese reguero de miguitas de pan cuir o geocaches woke que el autor ha ido dejando esparcidas por el texto.  Hay que estar atento a la iconografía y los símbolos que construyen el poemario, a sus mitos y creencias, a sus itinerarios léxicos y a sus rituales semánticos. La voz poética se erige como una víctima vulnerable y propiciatoria, pero también resistente y capaz de subvertir la narrativa dominante, como un nuevo cristo cuir redivivo que tampoco viene a traer la paz sino la guerra de su “buenanueva”. Así el poeta, como un ladrón de palabras o de nombres o de recursos o de poemas, como un alquimista lingüístico, un taumaturgo de las emociones o un ilusionista de significados y símbolos, nos ofrece un poemario que es un truco de magia, una especie de trampantojo por los distintos niveles de lectura que posee. El planteamiento artístico y estético es magnífico, digno de un depredador literario que hace versiones de otros poemas, por la intertextualidad que contiene, por el recurso mise en abyme que usa y comparte en línea con Chantal Maillard y por la apropiación de poéticas y códigos que practica. Una auténtica obra de arte. Esta reseña podría titularse: “Aproximación a la anatomía de un poemario woke y a su zeitgeist lírico.” Para disfrutar de su lectura no es necesario desentrañarlo o diseccionarlo como he pretendido yo en esta reseña.

           

Cuerpo

            Cuando uno opina manifiesta lo que sabe, pero también lo que ignora. Esa es la única vía que puede aproximarnos a la duda como catarsis o fuente de aprendizaje. Vivimos un zeitgeist en el que hay una lucha titánica por el poder, por ganar el relato, por despojar a las religiones tradicionales el monopolio de la espiritualidad y la transcendencia, para asumirlo las nuevas religiones posmodernas, las ideologías con su sesgo binario y el poder hegemónico financiero con sus proyectos solidarios y filantrópicos a través de un reguero de fundaciones y oenegés, de Netflix y demás sucursales mediáticas que expanden la agenda de las élites. Una forma de convertir la fe, más líquida y fluida todavía si cabe, en un “soma” al gusto y conveniencia de la jet society  más absolutista. Y así, desde el “Dios ha muerto” al espiritismo del siglo XIX pasando por el laicismo, el ecologismo religioso, el transhumanismo y la religión woke, se intenta construir un nuevo tipo de creyente con una espiritualidad y transcendencia al margen de las religiones clásicas y según los nuevos gustos e intereses ideológicos y políticos “correctos” de cada siglo. Se quiere construir una religión sin Dios a imagen y semejanza de la élite hegemónica para imponer las consciencias tranquilas de unos y agitar las consciencias de los otros, en un juego de trileros y éticas. Convirtiendo la espiritualidad y la transcendencia (en esta posmodernidad transhumanista, fluida y líquida del siglo XXI) en otro campo de batalla, en otra controversia social, cultural y religiosa. Una guerra abierta por el control del alma y las consciencias y las éticas, de opresores y oprimidos, del bien y del mal, del paraíso y del infierno, del lenguaje sagrado y del lenguaje diabólico…

La industria cultural sabe que su éxito comercial depende del espíritu de época, de ofertar lo que sabe que tiene demanda y se pude vender con facilidad porque responde a un patrón de pensamiento que está de moda, y la  moda no surge de la nada, es producto de unos intereses. Si quieres despertar en el zeitgeist del siglo XXI, al menos en Occidente, “el dogma principal del pensamiento posmoderno” es la “construcción de la realidad”, como dice François Braunstein, o sea, que es la dialéctica constructivista de tabla rasa la que nos ha convencido que somos un constructo social, que podemos construir o deconstruir la verdad y la realidad a nuestro capricho. El arte y la literatura serían los vehículos correctos, como si fueran los nuevos textos sagrados, para ejercer las liturgias y los rituales de esta nueva “religión woke”. “El poder censor de la minoría es superior. Recordemos que la mayoría suele callar por miedo a ser criticada” o a “vivir el rechazo, el aislamiento, el silencio e, incluso, la exclusión.” –afirma Carmen Domingo. Y para Enrique Rubio el wokismo es un “absolutismo supremacista” que se sustenta en una serie de teorías como la teoría queer, la teoría crítica de la raza, la teoría poscolonial, la interseccionalidad…

            Hay libros que te llevan a otros libros, lecturas que comparten vasos comunicantes, emparejamientos lectores que van más allá de meras casualidades, como si sucediera una serendipia bibliográfica, como si el cosmos lector estableciera una biblioterapia universal que permite comprender cada lectura desde un espectro semántico y simbólico más completo al establecerse una interconectividad significadora entre ellas. Hay libros cuyas lecturas se juntan y suceden de una forma simultánea o correlativa, como si hubiera una ley o un efecto de atracción lector que agrupa o empareja libros produciendo un efecto trombo de ideas y significados. Porque la lectura, al fin y al cabo, es eso, una simbiosis o una sinestesia de libros, de autores, de ideas, de nombres y citas, de intertextualidades y asombros, pero también de contradicciones. Y así, las lecturas de unos influyen en las lecturas de los otros y viceversa, compartiendo un mismo contagio semántico.

            Cada lector es un itinerario de libros y de autores, también de ideas y sentimientos. Cada autor es a su vez también un lector, por tanto, es otro itinerario de libros y de autores, y así, encajados los unos en los otros, como una muñeca matriosca, formamos todos juntos, autores y lectores, un selfie intertextual con efecto Droste lector. Un club de lectura extendido en el tiempo como sinergia sentipensante por imitiación o por oposición. La poesía es un material altamente inflamable de combustión inmediata que nuestras neuronas sintetizan como si fuera un gel energético para deportistas, de absorción rápida, que funciona como un impulsor de la energía sentipensante, de la sinapsis entre el cerebro y la consciencia, entre la filosofía y la ética, entre las neuronas y los latidos. Dice Pedro Ugarte que “la interposición de unas palabras o de otras aspira a condicionar el discurso del antagonista. (…) Si todo lo que yo propongo lo califico como avance, ¿qué adversario tendrá el valor de proponer un retroceso?”, quizá para “proscribir todo debate.” La literatura no solo se lee, sino que se interpreta. Un  libro es un mapa que conduce a un territorio léxico, a un lugar semántico y a una leyenda, pero también a una consciencia. Y como todo mapa tiene unos códigos y símbolos que hay que descifrar previamente si queremos llegar a buen puerto, o sea, a la epistemología de ese texto. Leer los premios literarios es una forma de leer el zeitgeist de nuestro momento histórico, de conocer sus sinergias  y demandas, sus resonancias de moda y sus sinapsis de ingenierías lectoras o sociogénesis editoras, en definitiva, otra forma de estar al día y vivir nuestra época.

Escribía Paul Valery que “La historia es el producto más peligroso que ha elaborado la química del intelecto humano”, pero la poesía no se queda a la zaga. La poesía es una tecnología punta. Y este libro, Oxford Circus, quiere también, de alguna manera, reivindicar y reescribir una parcela de la historia a través de una retahíla de geocaches líricos y de una iconografía léxica. Yuval Noah Harari pone el dedo en la llaga y mantiene que “el poder humano depende de la cooperación de las masas; la cooperación de las masas depende de fabricar identidades de las masas, y todas las identidades se basan en relatos de ficción, no en hechos científicos.” Y con estos hilos se van tejiendo los zeitgeist de cada época y sus libros.

Harold Bloom habló en El canon occidental de la “Escuela del resentimiento” y dijo que “Leer al servicio de una ideología cualquiera es, creo, no leer en absoluto.” Y así bendecidos por la French Theory y el estructuralismo francés, una panoplia de autores y obras han influido con sus discursos y con una devoción cuasi religiosa en la lectura zeitgeist de los últimos tiempos. Michel Foucoult (“No hay más realidad constatable que la lengua ni más cosas que las palabras”), Jacques Derrida (“No hay nada fuera del texto” o “deconstruir la realidad”), Jacques Lacan (“El inconsciente está estructurado como un lenguaje.” O “Solo los idiotas creen en la realidad del mundo; lo real es inmundo y hay que soportarlo.”), Gilles Deleuze (el papel del individuo es “desmontar la red que la cultura en la que nacemos teje a nuestro alrededor”), Lévi Strauss (“La lengua es una razón humana que tiene sus razones y que el hombre no conoce.” O “La realidad es una ilusión creada por la falta de imaginación”.) Herbert Marcuse, Theodor Adorno…Y así ha surgido el posestructuralismo y la ideología woke. Donde la “nueva religión queer” nace de la mano de filósofos que son profesores de universidades americanas como Judith Batler, Peter Singer, John Money, Anne Fosto-Starling, Donna Haraway, entre otros. Pero también Paul B. Preciado, Frantz Fanon, Richard Delgado, Derrick Bell…

Si le hacemos caso a Michel de Montaigne y consideramos que “El mayor enemigo de la verdad no es la mentira, sino la ilusión de saber la verdad”, deberíamos saber que más allá de cualquier zeitgeist y volksgeist hay una nueva luz esperándonos, una luz que brota de la duda como liberación, aunque cada época pretenda imponernos su verdad relativa como una verdad absoluta usando la duda como coartada para el cambio y la imposición de sus nuevos dogmas. Y así para entender mejor la vida, la lectura y las intertextualidades que brotan entre ellas puede ser una buena forma abrir los ojos a los matices simbólicos y a las citas que habitan en los textos.

            El autor de este poemario, como buen profesor y poeta, ha ido dejando un reguero de pistas o geocaches para que sus lectores no se pierdan y guíen sus itinerarios sentipensantes, especialmente si no eres un iniciado en epistemologías identitarias. Válgame a mí y a mi reseña-opinión lectora, igual que Gerardo en Oxford Circus, hacer uso de la misma técnica o recurso mise en abyme y remitir a un entramado colectivo para adentrarme en su espesura lírica y en su hoja de ruta creativa. Puesto que estamos en una época sagrada donde la espiritualidad y la transcendencia se están continuamente redefiniendo, acudiré a otras lecturas previas antes de leer los Evangelios. Son muchas las publicaciones al respecto, tanto a favor como en contra. Yo señalaré aquí algunas para comprender el zeitgeist woke de Oxford Circus:

                        1.- La activista, ensayista y poeta cuir-woke Titania McGrath (personaje creado por el escritor, periodista y humorista Andrew Doyle y con la que se identifica desde el humor y la ironía), quien considera su libro “Woke” (que “es una ironía feroz sobre el mundo identitario”) como una especie de Biblia (Woke. Alianza Editorial, 2019) y que es fiel creyente de que “Las palabras pueden cambiar el mundo.”, nos convierte a todos en oprimidos y víctimas, pero también en opresores o revolucionarios. Nos marginaliza y jerarquiza, según nuestros traumas, para llevarnos a una lucha más identitaria que de clases, alejada de la “tiranía” de los hechos,  pero refugiada en la “dictadura” de los sentimientos y las emociones, rompiendo la sinapsis cuerpo-mente. Escribe que “En general, la cuestión de las clases es una distracción de los problemas reales. Si el movimiento por la justicia social nos ha enseñado algo es que tu orientación sexual, género o raza tienen más capacidad para afectar tus posibilidades de movilidad social que las circunstancias económicas, la educación o el nepotismo. (…) No puedes ser woke sin defender la interseccionalidad.”

                        2.-La filóloga y escritora feminista Carmen Domingo Soriano, (autora de #Cancelado. El nuevo Macartismo. Editorial Círculo de Tiza, 2023) dice: “Quizás la cancelación que ha sido más virulenta en los últimos tiempos ha sido la que ha sufrido el feminismo de la mano de la izquierda posmoderna y su teoría de género, o teoría queer. Una teoría que, por resumirla de algún modo, señala, por irrelevante, la biología, mientras que le da predominio a los estereotipos de género que se eligen voluntariamente y, a partir de entonces, cada uno puede autodeterminarse como quiera, independientemente de su sexo biológico.” O “Y en aras de esa corrección política, aunque por el momento no se quema a nadie, se lanza a las llamas metafóricas de la opinión pública a cualquiera que no opine «lo correcto». Aunque la metáfora de la hoguera es preocupante… es válida. Porque el tan temido regreso de las hogueras de libros es un hecho, sí, pero sus impulsores no son nazis, sino progresistas fanáticos escudados en la «diversidad» y «la inclusividad».”

                        3.- Según el filósofo francés Jean François Braunstein (autor de “La religión woke. Anatomía del movimiento irracional e identitario que está poniendo en jaque a Occidente”, Editorial Espasa): “…el hombre blanco occidental y heterosexual, por definición sexista, racista y colonialista, es el «chivo expiatorio». (…) El culto woke, como muchos otros cultos religiosos es un culto a víctimas inocentes, martirizados injustamente. (…) Lo más característico de esta religión woke es que no  existe el perdón. El «privilegio blanco» parece ser el equivalente a una especie de pecado original. El hombre blanco (y el heteropatriarcado) es culpable de que sus antepasados oprimieran… Lo primordial es no entablar ningún tipo de diálogo con el réprobo: ese es el objetivo de la cancel culture… buscan una catarsis de la sociedad… La teoría de género es el centro de la religión woke. …su misterio casi teológico. (…) La destrucción de la lengua es una de las consecuencias, cuando no uno de los objetivos del proyecto trans.”

            4.-El escritor Enrique Rubio (autor del ensayo “Religión Woke. El despertar del supremacismo identitario. ¿Cómo el izquierdismo se ha transformado en la religión conservadora y totalitaria más importante del siglo XXI?”. Editorial Almuzara, 2023) escribe: “Para esta religión (woke) no existe el conocimiento objetivo ni la verdad, ya que todo lo visible y lo invisible son constructos culturales…El cine, la literatura y el arte en Occidente es pura propaganda política izquierdista desde hace mucho tiempo. (…) Junto a otras empresas relacionadas con el consumo cultural y la tecnología, Netflix es uno de los símbolos y uno de los motores de la evangelización woke. (…) El izquierdismo woke heredó el pecado, la culpa y la vergüenza de la tradición cristiana, pero sin posibilidad de redención.” O “¿Por qué en los últimos años ha estado ganando por goleada el relato de la izquierda woke sobre las religiones capitalista, liberal, conservadora, católica… hasta el punto de que las grandes empresas sean los patrocinadores principales de esta secta mundial? (…) ¿Se lo permitirían de no ser porque es la agenda de las élites?”.

            Y después de este peregrinar lector uno parece estar ungido para afrontar el zeitgeist de Oxford Circus, porque uno descubre que, como siempre, estamos, ya sea desde una dialéctica ilustrada, romántica, capitalista, marxista, psicoanalista, constructivista, de la interseccionalidad o woke, en una batalla por el relato, por construir a través del lenguaje otra ética y otra consciencia, por fabricar otro mundo quizá igual de imposible que todos. Como vemos partir de una semántica o de otra nos predispone a leer de una o de otra manera, a ser o no ser.

            Oxford Circus pudiera parecer hasta un libro hermético en la primera lectura. Es en la segunda lectura cuando descubres que varios itinerarios cruzan el libro, varias sinergias lo atraviesan y cada una colabora en la significación que encierra el texto lírico. Todas suman. Desde las citas y sus nombres al título del libro y de sus partes, desde el lenguaje utilizado a sus símbolos, desde sus gritos a sus silencios. Y así Oxford Circus, Oscar Wilde, Bonnie Hancell… nos conducen a una herencia, quizá como parte de la realidad académica del autor como catedrático de literatura inglesa y de su paso por aquellos lugares como estudiante. Y en la contraportada, casi como un colofón, con el “nihil obstat” woke bendecido por Sara Torres, se nos cita y orienta la significación señalando hacia Jack Halberstam y su obra “El arte queer del fracaso”, que de alguna manera, resemantiza todo el poemario, ya que nos conduce a otro aluvión lingüístico y semántico de conceptos que se retroalimentan unos a otros en un totum revolutum, como heteronormatividad, lógicas hegemónicas de poder, crítica al capitalismo, a las formas de parentesco, masculinidad, blanquitud, eurocentrismo, noción de víctima, feminismo radical y masoquismo, apropiación cultural, patriarcado heteromormativo, interseccionalidad cuir, cancel culture, empoderamiento… Y como dice Pedro Ugarte el uso del lenguaje nunca es inocente.

            Dice Antonio Colinas, Presidente del jurado que concedió el premio Marpoética, en la entrega de éste; que llamó la atención “la audacia del libro,” que tiene fulgor y una intensidad de palabra nueva, que Gerardo es un autor con oído cuya poesía fluye y que hay dualidad en este libro. Un libro extraordinario con una atmósfera engañosa por la profundidad del libro que nos lleva a unos espacios, circunstancias y anécdotas y a ese desgarro extremado entre los símbolos. Hay formas poéticas llenas de cortes, de silencios muy bien resueltas por el poeta. En el poemario hay cierto diálogo entre clasicismo (versos endecasílabos y alejandrinos) y ese lenguaje y forma audaz nueva. La poeta Rosa Berbel apunta en la presentación del libro en Granada que “Aunque hay referencias teóricas, en realidad lo que nos encontramos aquí no es nada académico. Como digo es una carta de amor a la escritura, y a la escritura poética como una fuerza de vida. Estos poemas piensan desde su naturaleza poética, son vibrantes poéticamente y emiten una gran cantidad de luz, son juguetones y experimentales, pero también conscientes de su tradición y de su genealogía, son rupturistas a muchos niveles, pero son sobre todo reparadores; son intertextuales, que, es algo muy propio de Gerardo, siempre están remitiendo a un entramado colectivo, pero también atestiguan la consolidación de una voz singular y muy propia.” Para Francisco Javier Guerrero (“Un arco sagrado”, Cuadernos del sur, Córdoba, 27 diciembre 2025) es “Un libro de poemas genuino. Una voz nueva y transformadora.” “La noción del circo estructura las cinco partes del poemario como una alegoría terrenal identitaria que enaltece las virtudes limítrofes.”, “… una apuesta estética que desgarra el lenguaje y lo renueva a través de un estilo y unas formas –los espacios, los cortes del verso, y hasta la tipografía tienen una intención semántica–“. “Oxford Circus es un libro que renueva y sana. Que ensancha las posibilidades formales de la poesía actual. Y que, sobre todo, nos propone una forma distinta de habitar el mundo y su lenguaje.”

Adentrarse epistemológicamente en Oxford Circus, en sus creencias y conocimientos, en su verdad y la justificación que la sustenta, es adentrarse en la reivindicación de la diversidad; en cuanto a su forma y estilo es más ecléctico y experimental que su anterior libro: Los hilos de la infamia,  aunque comparten vasos comunicantes y una misma voz poética. El poeta intenta que la correspondencia, la coherencia y el pragmatismo de su verdad lírica ayude a entender el mundo real, a proyectar una forma de ver y sentir, como si su poética fuera un espejo de cuerpos y ojos que refleja hacia afuera y hacia adentro; un True Mirror que muestra tu reflejo tal y como te ve el otro, o el Espejo de Oesed de Harry Potter que muestra el deseo más profundo de quien se mira en él. Y así, con su escritura de obsidiana, nos refleja a todos y a sí mismo, y atrapa líricamente un zeitgeist, esa es la gran hazaña de Oxford Circus, su esencia. Y así utiliza el recurso mise en abyme creando un efecto espejo donde un verso, un poema, una cita… establecen un diálogo intertextual, un reflejo especular, una repetición y desdoblamiento donde el cuerpo, el dolor, el grito woke… crean un laberinto textual de significación que reivindica la felicidad del placer y una liberación identitaria (“aquí escondemos/ en los armarios/ portales a otros mundos” p. 41), una pugna entre lo telúrico y lo aéreo o entre Platón y Aristóteles (“se ha estrellado el avión/ no buscará/ nadie estos cuerpos/ pero algún día/ habrá un ciclón/ a plena luz/ un saturnal de vientos y de gritos de arcilla.” P. 73).

            Gerardo, como un “acróbata que salta en el vértigo de las palabras” para insuflarles una nueva vida, que diría Vicente Huidobro, transita por el surrealismo a través de una catábasis lírica en busca de metáforas que alumbren la oscuridad, que alcancen un sentido encantado con el que hechizar al lector. Gerardo ha convertido la poesía de este poemario en una poderosa tecnología de rituales y símbolos, dotándolo así de un misterio o una atmósfera de elipsis y silencios intertextuales que se complementan o completan en la mente del lector y su inconsciente. Los títulos, las citas y el lenguaje en general (convertidos en geocaches literarios sentipensantes) marcan una intencionalidad creativa, una multitud de itinerarios dentro de un único camino, con una multitud de niveles o capas semánticas, que se hacen imprescindibles identificar o descifrar para comprender la lectura general del libro y su auténtico significado. Gerardo, como hijo de su tiempo y del zeitgeist actual, se enrola en la sinergia woke para ver el mundo de una forma determinada a través de la dialéctica constructivista cuir de moda.

            Empezaremos por la portada. Título e ilustración comparten, a priori, una disonancia y en conjunto predisponen para el tratamiento surrealista que contiene el poemario, donde símbolos y significados se solapan en una gran metáfora, se superponen en diferentes estratos, que aunque vale como mérito, alguien podría verlo en su contrario. Pareciera sobrevenido, ya que al principio, en la primera lectura, no encuentras una sincronía semántica con los versos del libro, pero en la segunda lectura y ya a través de la explicación que el propio poeta da en la entrevista de Javier Gilabert comprendes la intención del poeta. La ilustración es una pintura titulada El malabarista (1956) de la artista surrealista Remedios Varo que “representa la lucha personal por el equilibrio espiritual y la transformación, que da vida y significado a un mundo ordinario”, dice la IA. Wikipedia dice que “La obra de Varo evoca un mundo surgido de su imaginación donde se mezcla lo científico, lo místico, lo esotérico y lo mágico”. El título: Oxford Circus, en un principio un título sugerente nos hace viajar semántica y geográficamente hasta Reino Unido, a un cruce de caminos, a una estación de metro de Londres- Wesminster, a la intersección de las Calles Regent Street y Oxford Street.  Desde esta primera mirada, Circus significaría circular y podríamos emparentarlo con un tiempo y un espacio circular. Pero en cuanto empiezas a leer te das cuenta que no es ese su significado correcto, así que esa interpretación te invita a pensar que es un título sobrevenido o por lo menos que invita a confusión. El propio autor en una entrevista dice: “el marco estructural del libro me lo dio el motivo del circo” y después añade: “el título se fragmenta en sus dos palabras: Oxford es un lugar que marcó mi trayectoria académica, porque allí fue donde realicé mi master en Estudios de Género y el lugar donde empecé a explorar mi propia disidencia de género. (…) A su vez, Circus alude a un cruce de caminos (identidades fluidas, cosmopolitas, extranjeras), pero también al circo, como lugar de identidades nómadas, o a la idea del cerco de brujería, la magia, el conjuro…” Entonces todo encaja, especialmente por la idea de circo.

Oxford Circus es un poemario que recurre al recurso literario mise en abyme o puesta en abismo (“un procedimiento literario fractal de metaliteratura o de muñecas matrioscas”) cuya interrelación hace de la intertextualidad una vía de significación sine qua non para comprender en toda su riqueza el verdadero alcance del poemario que tenemos entre las manos. Gerardo también toma una preferencia por el cuerpo accidentado, el dolor y el grito como senda, como ética y estética, igual que hace Maillard en “Matar a Platón”. El autor, como buen profesor, ha dejado un reguero de geocaches lectores para que no nos perdamos por el camino en la interpretación de su obra, aunque tengamos que realizar una labor detectivesca para descubrir su leitmotiv. Y así para llegar a Gerardo Rodríguez Salas y a Oxford Circus hay que pasar antes por Chantal Maillard y el poema “Escribir” de su obra “Matar a Platón”, pero también por Paul Preciado y su obra “Yo soy el monstruo que os habla”, Theodor W. Adorno y la poesía después de Auschwitz, Leopoldo María Panero y su poema “El cinco” del libro “La Casa del Miedo”, Oscar Wilde y la larga carta a su amante “De Profundis”, Albert Wendt y su obra “Inside us the dead”, Shakespeare y su ser o no ser, El retrato de Dorian Gray, Adán y Eva y la Biblia, Juan Ramón Jiménez y su poema “Distinto” de su libro “Una colina merididana”, Lucrecio y su obra epicúrea y hedonista “De rerum natura”, Frankfurter Engel, el reverendo Charles Tindley con “we shall overcome”, Pedro Lemebel y el “Manifiesto: Hablo por mi diferencia”, Charles Darwin y su Origen de las especies, Bonnie Hancell y su obra “In this Allegory/ Where we Dissappear, Zygmunt Bauman y su obra “Modernidad líquida”, Sidnead Overbye y su poema “El río”, Rosa Berbel y el poema “Limpieza general” de “Los planetas fantasmas”… Oxford Circus es un libro de poemas que parecen una reescritura de efecto matriosca a través de una voz lírica disociativa que suplanta poéticas y técnicas como fórmula creativa y juego identitario, por lo que podría decirse que tiene una creatividad fluida. Y así podemos comprobarlo especialmente en los poemas “Somos cuerpos opacos”, “No hay respuesta” y “Una gota” donde las reminiscencias de Overbye o Hancell son más que evidentes, igual que el poema homónimo Escribir donde Gerardo también imita a Chantal Maillard. Los idiomas que intervienen en el discurso poético del poemario son el español, el latín, el inglés y el francés, lo que le da también una atmósfera líquida.

También es un poemario iconoclasta que, a su manera, derriba estatuas y campos semánticos religiosos clásicos para resignificarlos con el dolor y su luz negra de víctima en “la abrupta ladera de la Historia”: “rocía sal/ ¡sal!/ en las estatuas”, “me lanzan dos encapuchados/  -una estatua no puede/ bailar- pero yo hago/ piruetas/ a veces/ los ángeles/ no tienen alas/ su hoguera/ prende el asfalto/ en la caída”; “y aquél ángel de Fráncfort/ con heces de palomas/ aquella noche/ alzamos/ un muro/ de las lamentaciones”. Hay una pugna/batalla religiosa por ocupar y reinventar la espiritualidad y la transcendencia y ganar el relato de la fe, entre la herencia woke-cuir y la herencia católica de la voz poética, y así podemos seguir un reguero de referencias que en contacto unas con otras y puestas en abismo reinventan el lenguaje y su significado, los ritos y los mitos, y un anticlericalismo que reescribe la Biblia convirtiendo los versos de Oxford Circus también en una escritura sagrada: “infestado de cuerpos invertidos/ que sangran y decoran/ sin ser beatificados” (p 18); “sed cantos de este templo circular” (p.25); “sobre un altar sin cirios” (p. 25); “probad la fruta de este árbol/ todos los árboles del mundo” (p 26); “que venís del jardín de las manzanas” (p. 28); “pues no nos salva/ el hijo que heredó/ la grandeza del padre” (p. 32); Pentecostés/Corpus Christi (p. 37) “y hurgaste en mi costado”; Lamentaciones, 1:12, Credo de los Apóstoles, “sin un dios que abrazar/ …/ sin obispos ni conjeturas/ sin sueños de manzanas/ sin un juicio final/ que nos maldiga”  (p. 63); “que nadie/ creó a nadie/ que jamás hubo/ costillas…” (p.38);  “S/ omos cuerpos opacos/…/ cuerpos infam/ es sin coronas de espinas s/ omos templos sin pr/ eces…” (p.63); “N/ o hay respuesta el pec/ (h)ado se disuelve en mi b/ oca un cuerpo márt/ ir deja un tenaz re/ gusto en este cuerpo m/ ío que sangra…” (p. 71); “… con más/ fuerza que nunca rompiendo crucifijos…” (p. 82); “aquí nada es sagrado ¿o tal vez sí? … hoy por fin confesamos” (p. 83).   Y es en ese nivel freático sagrado woke-cuir de significado desde donde manan todos los veneros simbólicos de este libro mapa, de este poemario matriosca intertextual y simbólico. Después de leer a Natalie Diaz y a otros poetas y activistas posmodernos y líquidos uno descubre que comparten un radicalismo existencial y creativo, un activismo militante woke que hacen del imperativo y la deconstrucción su hábitat favorito. Gerardo usa los recursos literarios como el oxímoron o el mise en abyme entre otros como una metodología queer para combinar elementos contradictorios entre sí, diluir identidades y autores en su poética, deconstruir significados y símbolos, romper la gramática y los versos en caída como una forma de destruir el lenguaje y establecer una neolengua… en busca de otras coherencias significativas, menos normativas, para desde ahí proyectar una performatividad creadora.

Una polarización constante sostiene a este poemario y su mundo simbólico y afectivo. Símbolos que hay que valorarlos por su fuerza más que por su forma. Una dualidad mística atraviesa el poemario que funciona como un oxímoron vital con forma de larva: la lluvia (el llanto) y el fuego, la noche y la luz, el frío y el calor, vigilia y sueño, el sol y la luna, blanco y negro, el bien y el mal. Una lluvia-llanto y un fuego que bautizan en el dolor y purifican resignificando el lenguaje y su pasado simbólico, como una forma de exorcizar fantasmas, terrores y pesadillas. Y es ese isomorfismo o polarización de imágenes la que establece una constelación de emociones y pensamientos que ahondan en lo mistérico, lo esotérico y lo sagrado, estableciendo una dialéctica entre la luz y las tinieblas, imágenes opuestas que consagran la poética de Oxford Circus y su contexto histórico donde la voz poética se metamorfosea en una voz justiciera: o conmigo o contra mí, pareciera que no hay espacio alternativo para la concordia ni la tolerancia (“En la ciudad donde los libros (las togas, las nubes) nunca/ duermen no habrá lugar para vosotros”, p. 27), (“Nosotros hoy maldeciremos”, “aquí habrá fiesta aunque no quede nada”, “y habrá una luna nueva en vuestra noche”). Pero son múltiples los oxímoros repartidos por el texto, quizá como una materialización lingüística de los “cuerpos invertidos”, de la metamorfosis que persigue el poemario: “soñar un sol/que bañe el pie/ en la sombra” (p. 17); “no tolerar más/ vuestra tolerancia” (p. 18); “inventar un afuera/ dentro” (p. 19); “salir adentro” (p.35); “ardió la llama oscura” (p. 38); “encendemos la noche”, “somos doradas sombras/ que colmamos de luz”  (p.47); “Un cielo alterno/ bajo el mar” (p. 61); “nunca fui luz/ nunca fui sombra” (p.65); “die hará resu/citar” (donde se juega con el significado de “die” en inglés, morir, quizá como un tratamiento líquido o fluido del lenguaje y los idiomas) (p. 71)… Es frecuente el uso metafórico de la lluvia (el llanto) en sus versos con un significado profundo de renovación simbólica ambivalente: purificación y vida, pero también tristeza y desastre. La lluvia está ligada a lo sagrado y a la abundancia, a un renacer espiritual y emocional, pero también representa la hostilidad del entorno. “… seguir el rastro/ del arcoíris/ que deshizo la lluvia” (p.16). “… ladrillos rojos, paraguas que no os salvarán/ de esta lluvia/ que suena diferente…” (p.27),  “La lluvia/ tras el cristal” (p. 39)… Escribió Gilbert Durand: “Bachelard muestra cómo el grito inhumano está vinculado a la «boca» de las cavernas, a la «boca de la sombra» de la tierra, a las voces «cavernosas» incapaces de pronunciar voces suaves. Por último en la exploración experimental del sueño, se encuentran sujetos aterrorizados por los gritos de seres semianimales que aúllan, sumidos en una charca fangosa.” Por lo que en este poemario se vislumbra una agresividad de bestiario donde los humanos y los animales intercambian sus roles como criaturas híbridas: “muerdes botones con saña animal” (p. 31), “tan espesa la sangre/ sucia y grumosa” (p.38), “un hombre sueña/ con abrir la ventana/ llamar a gritos/ a un joven/ cualquiera” (p. 39), “y las brujas bailamos una vez/ en nuestra cueva, animales aullando/ en su guarida, hipnóticos conjuros/ de letras inventadas y de fuego” (p. 68), “ cómo me amabas/ cómo gritaste”, “aquí danzamos fuera de las jaulas” (p.82). La agresividad animal de las fieras, “y sus músicas horrísonas” que devoran, funcionaría como símbolo de agitación y cambio, de transformación y metamorfosis. (Ciempiés, avestruces, gallos, carneros, palomas, sirenas, larvas, primates, luciérnagas, hormigas, mariposas… recorren los versos). Un poemario crisálida, donde “no tiemblan ya las mariposas”, que nos lleva a un territorio léxico nocturno lleno de hogueras como un relato de terror camuflado con purpurina. Y así comprobamos que también el cuerpo y el oscurantismo junto al anticlericalismo configuran una poética que resignifica la negrura convirtiéndola en crisálida de palabras y significados nuevos, un poeta que actúa como un médium que habita otras poéticas para crear una poética nueva. La herida como símbolo de la vulnerabilidad y una conciencia compartida. Y la palabra terrible sangre, “tan rica de misterio, de sufrimiento y de terror” que diría E. A. Poe, como drama y maleficio, como puerta de la vida y de la muerte también abre a la feminidad. (“cuéntame un cuento/ hasta sangrar” p. 30). Y la noche, “tan espesa cruel y grumosa”, como sustancia maléfica que el poeta resignifica/invierte como positiva convertida en sustancia del tiempo, junto a la bestialidad que impregna todo el poemario, invoca a Cronos, pero también a Thánatos y por tanto a Eros. Y esa oscuridad de las tinieblas de la caverna y sus hogueras es resonancia del grito de dolor y de placer y de rabia que sostiene la larva de la voz poética que se encarna en el lenguaje.

Y así vamos atravesando la ideología woke y su agenda ritual con un reguero de referencias, desde la teoría queer (“Nadie recordará/ la caja/ el residuo biológico/ de tantos cuerpos negros/ tan convienientemente/ reciclados/”) con poemas como “Gender Buttons” (botones de género) o “Los cuerpos opacos” y su cita de la poeta queer Bonnie Hancell a una teoría colonial con poemas como “Dentro de mí los muertos” y citas a Albert Wendt.  O a la teoría de la raza: “aquí no hay/ anillos de poder/ razas buenas o malas” (p. 41). O se hace referencia a la necesidad de una neolengua, a una resignificación y reescritura, a una lucha por el control del lenguaje (“escribir/ urdir la gran mentira/ sobrevivir” p. 19), (“inventaremos nombres/ cazaremos los vuestros” p.42), (“-¿quién te sostiene a ti?- / las letras encarnadas/ de una historia silente/- muchas historias-“ p.52), (“arrastra mil palabras que cortaron tu cuerpo/ las anega/ resurgen puras” p.75), (“aquí inventamos lenguas” p. 81). También nos dirige a la deconstrucción y recreación del pasado y su poder (“no hay reto(r)no/ no funciona el ctrl z/ (des)hacer el pasado (re)hacerlo/ cortar pegar” p. 34), (“Te invité a imaginar/ otra historia” p. 38), (“somos las sombras de tu historia” p. 49). O a la fiebre iconoclasta (“me lanzan dos encapuchados/ -una estatua no puede/ bailar- pero yo hago piruetas…” p 49), (“rocía sal/ ¡sal!/ en las estatuas”), (“ardemos   eso es el presente     girar sin pausa/ prendernos con     las llamas     del pasado” p. 83). O a la cancel culture (“no tolerar más/ vuestra tolerancia” p.18). Y a la batalla por el lenguaje y el relato (“¿dónde encajamos/  en vuestro puzle? /…/ ¿dónde encajáis/ vosotros/ en nuestro puzle?” p.70) con el que interpela directamente al lector.

Su primer poema “Escribir” es claramente metapoético y metaliterario y podría leerse como una declaración de intenciones o una poética, está escrito a modo de confesión donde el autor explica lo que pretende y a modo de justificación recuerda a Adorno y su “ladera de la Historia”, donde la escritura o la reescritura, como base de un constructo social-político-religioso y su dogma de tabla rasa, pone al servicio de su fe cuir. Pero también nos lleva hasta Chantal Maillard y “Matar a Platón” con la que comparte la noción del daño, la preferencia por el cuerpo y la herida, también ese recurso mise en abyme y la importancia de los títulos y apartados en las distintas lecturas que tiene el poemario. Escribir, un poema donde la repetición se hace ritual y la mirada se convierte en grito. Hay un poema experimental, visual y semántico, que llama poderosamente la atención, “Sílencio”, donde el autor juega con el lenguaje, intenta recrearlo y resignificarlo a través del juego, con signos y cabriolas gramaticales, como si el lenguaje fuese moldeable o una cadena de ADN líquido y cuántico. O los poemas “Pentecostés  Corpus Christi” y  “Mi infancia son recuerdos” donde la bipartición del poema  nos conduce a una dualidad demiúrgica invertida, a un uno que se desdobla o un desdoble que se unifica, que recuerda a los romances y donde la tradición y la modernidad se funden como en todo el poemario. O los poemas  “Somos cuerpos opacos” y “No hay respuesta”  donde la lengua, la gramática y los versos se rompen o se derriten, y ese juego de caída y ruptura resignifica y expande al propio lenguaje y al propio poema. O el puñetazo en la mesa y en las sienes que es el poema Puzles líquidos y su referencia al filósofo Zigmunt Bauman. O el aquelarre final del poema “Arded” donde los “cuerpos fulgentes que gritan” transcienden el imaginario para alcanzar una epifanía simbólica y una purificación. Nuestro poeta, en el poema “Somos cuerpos opacos” (p.63), quizá como la artista/poeta del norte de Inglaterra Bonnie Hancell, lo que persigue es una catarsis a través de la práctica creativa entendida y utilizada como una terapia. De hecho las letras de algunos poemas de Gerardo se caen de un verso a otro como ocurre en poemas de Bonnie Hancell, quizá un homenaje encubierto (también sucede lo mismo en el poema No hay respuesta, p.71). Y es que como en aquella, Gerardo también ha convertido los poemas de Oxford Circus y el cuerpo en “un lugar de protesta absoluta y un lugar de epifanía poética”, que diría Richard Scott, el cual también dice refiriéndose al libro de Bonnie Lain Hancell, En esta alegoría/Donde desaparecemos, que “Leer estos poemas es ver bajo la piel de la vida misma y enfrentarse a las crudas verdades de nuestra propia humanidad.” Lo que nos lleva a otro paralelismo que se podría establecer entre Hancell y Maillard. Podríamos decir algo parecido también de Oxford Circus y de Gerardo Rodríguez Salas por los vasos comunicantes que tienen sus poéticas. El planteamiento artístico y estético es magnífico, digno de un depredador literario que hace versiones de otros poemas, por la intertextualidad que contiene, por el recurso mise en abyme que usa y comparte en línea con Chantal Maillard y su libro “Matar a Platón” y por la apropiación de poéticas y códigos que practica. Una auténtica obra de arte que cierra heridas abriéndolas, válgame el oxímoron.

Dice Gilbert Durand: “Semánticamente hablando, puede decirse que no hay luz sin tinieblas mientras que al contrario no es cierto: la noche tiene una existencia simbólica autónoma”. Oxford Circus es un libro que, refugiado en el simbolismo de la noche, en “palpar las lindes de la noche”, irradia luz, una “luz negra”, pero igualmente que toda luz emana innumerables sombras, precisamente por eso, por ser luz. Y es esa iconografía léxica, esa fatalidad entre el Régimen Nocturno y el Régimen Diurno de las imágenes y los símbolos, esa dualidad permanente sublimada en un reguero de oxímoros y códigos la que nos guía el inconsciente lector e interpretativo. Todo es un itinerario simbólico, una ceremonia poética cuir-woke,  un aquelarre lírico que pretende mover voluntades y establecer miradas líquidas e intertextuales, una consciencia fluida, por lo que es también una poesía activista.

Un poemario que, como una «caja de herramientas» que diría Focault, pretende desmontar y volver a montar una mirada civilizatoria retrospectiva desde una performatividad/performance woke. Oxford Circus se balancea en la telaraña-creencia de que corrigiendo la lengua se va a transformar la realidad, por lo que su lírica brota de un pensamiento mágico y de un solipsismo extremo, al fundamentarse sobre la fe y la ilusión de que la consciencia es lo único que existe y lo único que fabrica o construye el mundo y la realidad. Un poemario que me lleva a otros libros que indagan en la misma sinergia woke, en la misma teoría social y cultural, y que comparten el mismo zeitgeist de este presente fluido y líquido, cada cual con sus costuras pero todos atravesados por un mismo hilo de reconocimientos y éxitos, como son: El sin ventura Juan de Yuste de Ali Calderón (México), Poscolonial Love Poem de Natalie Diaz (Estados Unidos) y Martinete del Rey Sombra de Raúl Quinto (España).

Y es en esa intertextualidad en la que se balancea el libro y su telaraña léxica  donde el propio autor manifiesta que las dos citas de Chantal son “un tributo a la escritura en diálogo con Chantal Maillard”. Pero al releer el poemario podemos observar que las citas hablan entre ellas, que el recurso literario mise en Abyme y la intertextualidad entre citas, ideas, libros y autores nos guían por un itinerario lector concreto: “Yo soy el monstruo que os habla” (Paul Preciado);  “Escribir/porque alguien olvidó gritar/ y hay un espacio blanco/ ahora, que lo habita.” (Chantal Maillard); “Una y otra vez el chirriar de los trapecios/ una y otra vez.” (Leopoldo María Panero); “For us there is only one season.” (Oscar Wilde, De Profundis); “Inside us the dead,/ like sweet-honeyed tamarind pods/ that will burst in tomorrow´s sun.” (Albert Wendt); “Si veis un hombre distinto,/ matadlo.” (Juan Ramón Jiménez); “Si non aurea sunt iuvenum simulacra per aedes lampadas igniferas manibus retinentia dextris, lumina nocturnis épulis ut suppeditentur.” (Lucrecio. De rerum natura II, 24); “Si est dolor sicut dolor meus” (Lamentaciones, 1:12); “No soy un marica disfrazado de poeta.” (Pedro Lemebel); A clean and sober temp/ le where no one comes t/ o worship.” (Bonnie Hancell); “Parece que rezuman un agua antes oculta.” (Trinidad Gan); “The ocean is calling me   home.” (Sidnead Overbye); Escribir/ para hallar la paz/ después de haber hablado/ con los muertos./” (Chantal Maillard); “Me habéis dejado el suelo lleno de ideas hermosas. No hay forma de limpiarlas.” (Rosa Berbel).

Un poemario que podríamos decir que ha sido concebido muy al gusto del estilo de Broadway, de sus luces brillantes y de su teatro icónico, de plumas de colores y lentejuelas doradas. Por lo que tiene de espectáculo de variedades, al menos por cómo ha sido concebido en su estructura, más de teatro que de circo me atrevería a decir yo: (Vodevil, Burlesque, Teatro de sombras, Fenómenos (Freak Show) y Extravaganza), como una “poesía de viarietés” como lo manifiestan los nombres puestos a las distintas partes del poemario. Y así, de alguna manera, con “plumas que son cuchillos” y “con el humo de colores y purpurina”, podríamos pensar que la voz del personaje que conduce el poemario, esa voz transgresora y provocadora, es la voz de una vedette de cabaret redimida. Y Oxford Circus, el título del libro, sería lo que llama Bachelar, el “símbolo motor” que une todas las dominantes y las representaciones que el libro contiene. Y es en ese juego simbólico que impregna todo el poemario donde el teatro-circo, como arquetipo significante, muta y se transforma, no en un lugar para ser feliz, entretener y reír, sino en un territorio simbólico convertido en campo de batalla donde sufrir, transgredir y resignificar, en un relato de guerra escrito para provocar una catarsis, porque si no hay catarsis, hay psicosis. “Sed/ payasos de una carpa/ de ensueño/ y corazones rotos” –leemos en la página 26.

Si la escritura es la más alta tecnología humana, la poesía en manos de Gerardo consigue ser un arma y un artefacto al mismo tiempo, una catapulta de palabras sentipensantes llenas de sinergias con sabor a espectáculo, como constatan los títulos de los apartados en los que está dividido el poemario. Un texto, Oxford Circus, que invita a la lucha y al conflicto como vía de sanación o solución, quizá como un duelo de sables o pistolas convertidas en palabras y metáforas, todo un desafío. Y así nos encontramos dos interrogantes polarizadores que interpelan al lector y encajan como el yin y el yang en la poética del libro: “¿dónde encajamos/ en vuestro puzle?” versus “¿dónde encajáis/ vosotros/ en nuestro puzle?”. (Poema: Puzles líquidos, p.69). Lo que nos conduce a un enfrentamiento sin perdón ni tolerancia donde el destino está escrito o servido, por mucho que nos escudemos en la diversidad y en la inclusividad, que diría Carmen Domingo Soriano. El tratamiento cuir de su poética implica militancia pero a la vez también creencia, esa mirada woke sobre la sociedad y sobre la propia intimidad es asumida como ideología, pero también como religión, como otra forma de alcanzar la transcendencia y afrontar la espiritualidad, y por tanto, la salvación y el paraíso. Gerardo convierte el poema en un espacio sinestésico donde conviven el plano fónico y el plano semántico en un vaivén deconstructivo y mutante del lenguaje, lo visual, lo auditivo, lo emocional, lo filosófico, lo identitario… Y donde pronto ese yo poético infantil de algunos poemas, al inicio, conforme avanza la lectura se metamorfosea en un yo-nosotros justiciero que destila terror y amor a la vez, gota a gota, una química hostil, una alquimia de cuerpos, gritos, dolor y sangre que destila por su alambique poético woke. También puede apreciarse ese tránsito y esa venganza en el poema “Este cerco” en el que podríamos imaginar a Humpty Dumpty transformándose en un Zanco Panco diabólico.

Si una obra debe ser valorada en función de su valor estético y artístico, sin duda alguna hay que señalar que Oxford Circus es un poemario fantástico desde todos los puntos de vista, para unos, y un poemario fantástico literariamente hablando para todos,  un magnífico libro de poesía cuya lectura se dirige al oído y al corazón al mismo tiempo a través de un itinerario de miguitas de pan de una voz poética que juega con el lector para llevarlo a una consciencia y una ética del mundo. Porque como dice el propio Oscar Wilde en De profundis: “…todo lo que llega hasta la consciencia es justo”, “porque… nada es imposible para la humildad y todo le es fácil al amor”. De igual manera Gerardo ha venido a nosotros con su poesía para intentar enseñarnos “el placer de vivir y el placer del arte”, pero también “el valor y la belleza del dolor” que victimiza y redime, como diría Wilde. Así que para finalizar hay que incidir en que es un poemario escrito con una sensibilidad y un oficio desbordantes, que hace de la alegoría un retablo zeitgeist que entretiene mientras catequiza, por lo que tiene de sagrado. Un poemario instalado en una visión de la realidad fomentado por la izquierda posmoderna y líquida. Pero leer al servicio de una ideología eso no es leer, que diría el pope de la literatura Harold Bloom. Y llegado aquí me acuerdo del poeta Alfonso Brezmes que dice que le “basta un poema magnífico para salvar a su autor del olvido; me sobran esas obras completas en las que no cabe un solo instante para el hallazgo, el recogimiento, la ternura o el asombro.” En este hermoso poemario encontraréis más de uno, el libro entero es un espectáculo repleto de asombros y hallazgos, de suspenses líricos. Gerardo ya está salvado del olvido. Su lectura os quemará por dentro. Arded con él, “Soñad los libros/ que ardieron tantas veces.” Pasen y lean sin dejarse atrapar por la banalidad del mal, que diría Hannah Arendt. La lectura espectáculo va a comenzar. Ocupen sus asientos y ocupémonos del cuidado del mundo y del arte. Se abre el telón. Un poemario, Oxford Circus, a la altura de la editorial que lo publica y al nivel de Gerardo Rodríguez Salas, por qué no, el próximo Premio de la Crítica Andaluza de Poesía, con mis respetos a los demás candidatos.

 

Bibliografía

- Rodríguez Salas, Gerardo. “Oxford Circus”. Editorial Visor, 2025.

-McGrath, Titania. “Woke”. Alianza Editorial. 2019.

-Domingo, Carmen. “#Cancelado. El nuevo Macartismo.” Editorial Círculo de Tiza, 2023.

- Rubio, Enrique. “Religión Woke. El despertar del supremacismo identitario.” Editorial Almuzara, 2023.

-Braunstein, Jean François. “La religión woke. Anatomía del movimiento irracional e identitario que está poniendo en jaque a Occidente.” Editorial La Esfera de los libros, 2024.

-Durand, Gilbert. “Las estructuras antropológicas de lo imaginario”. Taurus Ediciones. Madríd, 1981.

-Gilabert, Javier. “Gerardo Rodríguez Salas: «Siempre he apostado por la visibilidad de las identidades disidentes».” Entrevista, Culturamás,  9-12-25.

- Guerrero, Francisco Javier. Reseña: “Un arco sagrado”, Cuadernos del sur, Córdoba, 27 diciembre 2025.

- Ugarte, Pedro. Artículo: “Pedagogía, resistencia y nostalgia”. El Español, 5-12-25.

-Hancell,Bonnie.             (https://www.deathofworkerswhilstbuildingskyscrapers.com/product-page/bonnie-hancell-in-the-allegory-where-we-disappear)

 

 

OPINIONES DE UN LECTOR

Custodio Tejada

Diciembre de 2025


TODOLITERATURA

https://www.todoliteratura.es/noticia/62073/poesia/oxford-circus-de-gerardo-rodriguez-salas.html


GRANADA COSTA

https://granadacostanacional.es/oxford-circus-de-gerardo-rodriguez-salas/