LOS PLANETAS FANTASMA de Rosa Berbel Por Custodio Tejada.
LOS PLANETAS FANTASMA de Rosa Berbel Por Custodio Tejada.
Entradilla.
LOS
PLANETAS FANTASMA de Rosa Berbel. Una autora que con solo dos libros ya forma
parte de los Nuevos textos sagrados de Tusquets Editores. Un libro con una elegante
cubierta en dorado y negro y con la ilustración de un cordero vegetal de
Tartaria. Colección dirigida por Antoni Marí. Primera Edición: mayo de 2022. 32
poemas y 86 páginas, repartidos en tres partes: La muerte natural con 20
poemas, La conquista del paisaje con un poema largo muy eremita y Cuando acabó
la fiesta con otros 11 poemas. Apadrinada en la solapa del libro, como si fuera
una avenida de esfinges, por Fernando Aramburu, Daniel J. Rodríguez, Joaquín
Pérez Azaústre y Luis García Montero. Los planetas fantasma es un canto de
dolor más metafísico y metapolítico que su anterior poemario: “Las niñas
siempre dicen la verdad”. El libro está dedicado “A Miguel, que consagra un
lugar para lo extraño”. Ya desde el título consigue alumbrarnos un rasgo
distintivo del poemario: el misterio. Nos asoma a él como una atmósfera creativa
y una puerta espacio-temporal mágica. La poeta, como una eremita lírica que se
retira al desierto del lenguaje cuarenta días, presenta su poemario como una
verdad revelada o una sala hipóstila que conduce al santuario de su poética,
como un texto sagrado metalingüístico y
metaliterario que evoca la pandemia y su legado, pero también otras obsesiones.
Es un viaje iniciático que se recorre por la memoria y por las palabras, por su
iconografía léxica y semántica. Y es que en este poemario se da la paradoja que
habita en él un cierto nihilismo con devoción religiosa, hay una espiritualidad
o una dialéctica constructivista donde la poesía se hace metalenguaje y vacío,
nos plantea un viaje por “las desolaciones del lenguaje” y de los significados,
una poesía que es capaz de invertir el sentido de la sombra y de la luz, de lo
que se ve y lo que no se ve o se intuye sutilmente, que va de la realidad a la
imaginación, de la poesía a la filosofía y del Eros al Thanatos. Un truco de
magia semántico que convierte a la metáfora en revelación y a la poesía en
metafísica o utopía, en una mística lingüística que catequiza con su poética en
obras. Para entender las razones sentí-mentales del libro hay que comprender
primero “las razones del viaje” lector que realiza este poemario y sus “mundos
paralelos” al afirmar que “la línea de horizonte está torcida” y que lo que
toca, la disyuntiva que nos propone es clara: “cambiar este paisaje” o “formar
parte de él”. Ella lo intenta con su poesía porque sabe que las palabras igual
que “Las emociones crean realidades.” Con versos como aforismos que parecen
relámpagos. La batalla que se vive en el poemario surge de la batalla
filosófica Aristóteles vs. Hegel, pasando por Lacan. Si la realidad es como un
equívoco y todo nace a partir del vínculo que nos da el lenguaje que somete y
fragmenta, entonces la poética del libro está impregnada por la Teoría Crítica
y su capacidad para cuestionar las estructuras de poder y las formas ocultas de
opresión en la cultura, en el lenguaje y en la vida cotidiana con la intención
de emancipar al lector a través de un lenguaje poético subliminal y una
reflexión fantasma sentí-pensante. Y desde ahí, al menos a mí como lector, me
ha sugerido o invitado a plantearme la teoría de las influencias fantasma, para
descifrar las sinergias que mueven a la literatura y el pensamiento lector de
todas las épocas. Si la poesía escrita por mujeres no puede tratarse con
“condescendencia o paternalismo”, la de Rosa Berbel mucho menos, ya que nos
encontramos ante una poeta bendecida y con mayúscula.
En
un principio voy a realizar una introducción algo metafísica para situarnos en
la época que nos ha tocado vivir, en el zeitgeist
y el volkgeist que nos configura
nuestra mirada sentí-pensante, que diría Eduardo Galeano, y también para hacer
una lectura más holística del texto que tenemos entre manos, que también podría
leerse como un “contradiscurso de criticidad”. Si un autor codifica un zeitgeist en sus versos, una opinión
lectora debe decodificar el zeitgeist
que mueve la poética de esos versos, como si estuviera analizando una Teoría de
las influencias fantasma. ¿Si somos el producto de un constructo lingüístico y
todo es problema del lenguaje, cambiando el lenguaje se soluciona todo?
¿Necesitamos una teoría de la verdad más holística que sea un servicio público
verificable o al menos “corroborado”? Detrás de cada poeta siempre hay un
puñado de filósofos o al menos una filosofía apuntalando su mirada. La Teoría
crítica y la Escuela de Frankfurt nos llevan hasta Adorno, Benjamin, Marcuse… De
ahí podemos saltar al estructuralismo francés y el postestructuralismo y a la corriente woke. Slavoj Žižek y su visión radical sobre la dialéctica
hegeliana: materialista y lacaniana, asegura que el tiempo de Hegel no ha
llegado porque todavía no hemos comprendido y que será en este siglo XXI cuando
retornaremos a él para sanar el trauma de la realidad. Para Karl Popper
y su falsacionismo nunca podemos saber si nuestro conocimiento es verdadero, y en su
ensayo La sociedad abierta y sus enemigos, plantea la “paradoja de la
tolerancia”, o sea que “La tolerancia ilimitada debe conducir a la desaparición
de la tolerancia. Si extendemos la tolerancia ilimitada aun a aquellos que son
intolerantes; si no nos hallamos preparados para defender una sociedad
tolerante contra las tropelías de los intolerantes, el resultado será la
destrucción de los tolerantes y, junto como ellos, de la tolerancia. (…)
Deberemos reclamar entonces, en nombre de la tolerancia, el derecho a no
tolerar a los intolerantes.” Así que la
Teoría de la cancelación o el activismo identitario podrían tener una herencia
del marco filosófico popperiano, según la percepción y el uso dogmático que el
mundo woke y posmoderno hace de sus propias teorías. ¿Quiénes son por tanto los
tolerantes y los intolerantes verdaderos que se sitúan en el lado correcto de
la historia en una sociedad abierta? ¿Cuál es la sociedad justa y cuál la
injusta, que plantearía John Rawls y su Teoría de la justicia? ¿Hasta qué punto
los creadores, los artistas y los escritores somos víctimas o cómplices de las
modas sentí-pensantes que nos imponen las élites dominantes camufladas con
barnices filantrópicos, haciéndonos creer que somos originales y rebeldes
antisistema cuando en realidad somos un producto sentí-mental subordinado a sus
intereses, a sus zeitgeist prefabricados,
de una manera consciente o no? “Nunca ha amenazado a la literatura un peligro tan grave. Los poderes oficiales y
oficiosos, el gobierno, tal vez las mismas alta banca y gran industria, han
descubierto la fuerza de la literatura y van a utilizarla en provecho propio.”
–escribe J. P. Sartre en su ensayo ¿Qué es la Literatura? Y también dice: “Así, al tomar partido en la
singularidad de nuestra época, nos unimos finalmente a lo eterno y nuestra
tarea de escritores consiste en hacer entrever los valores de eternidad que están implicados en esos
debates sociales o, políticos.” ¿Pero hasta
qué punto nuestra creatividad no es cómplice o víctima del Club Bildelberg, el
Foro de Davos, de la Fundación Bill y Melinda Gates o de la Open Society
Foundations de George Soros? Larry Fink, el Ceo de BlackRock que junto con
Vanguard son dos de los fondos de inversión más grandes y poderosos que
controlan y manejan no solo el mundo económico, sino mediático, cultural y
político, le dice al periodista Brett Baier en una entrevista para Fox News que
le pregunta: “¿Cree que la era woke fue un experimento fallido? Me refiero al
ESG (Criterios Ambientales, Sociales y de Gobernanza), al DEI (Diversidad,
Equidad e Inclusión), el promover eso. Cuando hablas de las cosas ahora, hablas
en un sentido práctico, lo que podemos hacer, lo que podemos lograr. Mirando
hacia atrás ¿cómo lo ves?”. Y Larry Fink contesta: “La sociedad avanza; el
péndulo oscila todo el tiempo. En el caso de BlackRock, ya sabes, somos
responsables de gestionar para todos. E incluso hoy, como dijiste, quizás estos
fines… Las energías renovables se mencionan menos, puedo decirte ahora mismo
que tenemos muchos inversores de todo el mundo que están invirtiendo en
energías renovables, tratando de enfatizar la energía solar y otras cosas como
esas. Entonces estamos trabajando con Occidental Petroleum ahora mismo para
construir las mejores fábricas de captura de carbono en Texas. Ahora mismo,
entonces, ¿creo que hace cinco años el péndulo estaba demasiados lejos? Sí.
Creo que somos más pragmáticos. ¿Sabes? Yo personalmente soy más pragmático.” Y
le pregunta el periodista: “¿Pero crees que BlackRock empujó a algunas empresas
un poco más a la izquierda de lo que pensabas?” Y le contesta Larry Fink:
“Nunca fue nuestra intención porque
nuestro trabajo es ser, tengo que ser fiduciario con todos los que nos dan
dinero. Nuestra responsabilidad, Brett, es asegurarnos que si uno de nuestros
inversores quiere invertir el 100% en hidrocarburos en Texas invierto el 100%
en Texas. Pero si otro fondo estatal quiere que invirtamos en, digamos, todo en
energía verde, lo vamos a hacer… Creo que la sociedad se ha movido a una mejor
posición de mayor pragmatismo.” Y resulta curioso que el mismo Ceo de
BlackRock, Larry Fink, decía en 2017: “Bueno, los comportamientos van a tener
que cambiar y esto es una cosa que vamos a pedir a las empresas que tienen que
forzar comportamientos y en BlackRock estamos forzando comportamientos… Y lo
que estamos haciendo internamente es si no logras los niveles de impacto tu
compensación podría verse afectada, ¿ok? Estamos haciendo lo mismo. Así que
solo tienes que forzar comportamientos. Y si no fuerzas comportamientos, ya sea
de género o raza, o de cualquier tipo que quieras decir, la composición de tu
equipo será impactado… Y vamos a tener que forzar el cambio.” Y más
recientemente, en Davos, en el World Economic Forum afirmó que “El mundo confía
mucho menos en nosotros (refiriéndose a las élites globales) para contribuir al
futuro. (…) Si el Foro Económico Mundial quiere ser útil en el futuro, debe
recuperar esa confianza.” ¿Qué diría Sartre de esto si estuviera vivo? ¿Qué
escribiría en su ensayo? Parafraseando a
mi manera a Enrique Dussel, pareciera que la ideología woke hubiera venido para
que la centralidad del nordocentrismo europeo y estadounidense
(fundamentalmente anglosajón) sigan gestionando el sistema-mundo sentí-pensante
a través de su siempre tutelada liberación/progreso/creatividad de
palabras-ideas zeitgeist y que la
periferia siga en su papel esclavo y subordinado, por paradójico que parezca.
Como si fuéramos a un cambio de era en la que el centro-periferia del
sistema-mundo cronifica su sed emancipadora como signo del tiempo eterno,
volviendo a un sistema interregional de fragmentaciones camuflado para que todo
cambie sin que nada cambie y la gestión del sistema-mundo siga igual, o sea, en
las mismas manos. Así que como trabajadores que somos todos de una empresa
fantasma que produce dividendos ingentes y cuya energía es difícil de detectar
porque está oculta y opera en un nivel sutil y de manera diferente a la norma,
como los planetas fantasma, descubrimos que ellos dan las herramientas y
nosotros las utilizamos como si fueran propias y no prestadas. Y es que como se
pregunta Rosa Berbel: ¿Dónde caemos nosotros?, ¿Hasta dónde es
capaz de llegar/ nuestra vista? Y yo me pregunto: ¿Hasta qué punto somos el
resultado del lenguaje zeitgeist que
la ingeniería social de los laboratorios de pensamiento de las élites chamanes
nos imponen en cada época?
Ponerte
en modo lectura es como crear tu propio avatar y comenzar a mirar y comprender
lo que lees con otros ojos más comprometidos y atentos. Alguien tiene que
avisarte de que leer es como atravesar un campo minado, en cualquier momento tu
cerebro sentí-mental puede estallar y saltar por los aires. Los damnificados
por la lectura no aparecen en ninguna estadística. La escritura y la lectura
pueden producir daños colaterales y convertirte en víctima de un espejismo
sentí-pensante donde la imaginación será más salvífica que la realidad, si cabe.
No hay una única forma de leer un libro, sino que hay múltiples maneras de ser
lector. No todo lo que se escribe está escrito para halagarte, al contrario,
muchas veces lo que hace es perturbarte. La escritora Remedios Zafra nos dice
que “Si el libro que leemos no nos perturba, ¿para qué leemos?” ¿Se podría
decir lo mismo de una reseña? Y el escritor cubano Leonardo Padura manifiesta
que la literatura “tiene que ser un acto de provocación” y que uno aprende en
la práctica literaria que “una de las necesidades más importantes que tiene que
tener un escritor es una capacidad de manipulación, uno tiene que manipular al
lector, uno tiene que retar al lector, incluso no tiene que decirle todo al
lector…” Slavoj Žižek declara: “Yo
creo en la manipulación, en política todo vale”. Una cita con aspecto de
callejón oscuro y sin salida.
Las palabras, domesticadas o salvajes, nos guían, nos
moldean, nos chantajean, nos revelan y rebelan, nos engañan o despiertan. ¿Por qué el lenguaje es unas veces honesto y
otras veces réprobo, quién lo decide? La literatura está constantemente
construyendo primados negativos o positivos en las mentes lectoras a través del
lenguaje y de las palabras, una verdadera labor de ingeniería social, cultural
y política. En los últimos siglos casi siempre en la misma dirección
sentí-mental y filosófica y con resultados poco halagüeños. ¿Cuánto tiene la
literatura de acto subliminal o publicidad engañosa? Dice J. P. Sartre en su
ensayo ¿Qué es la literatura?, también titulado Literatura y existencialismo,
que “El grito de dolor es signo del dolor que lo provoca. Pero un canto de
dolor es a la vez el dolor mismo y una cosa distinta.” Pareciera que está
hablando del flamenco y del quejío andaluz, que es otro tipo de literatura
hecha con el duende de la guitarra, el cante y el baile. Como la poesía, que
también tiene mucho de grito y de canto sublimados. La escritura comprometida
exige también una lectura comprometida.
Margaret Atwood, autora de El cuento de la criada,
asegura que “Con la edad una se vuelve más inclusiva, entiendes que no es solo
tu sociedad la que tiene cosas horribles, sino que todas esconden monstruos.” Y
también que “la página escrita no es literatura hasta que el lector la traduce
convirtiéndola en una voz.” Así que en toda
literatura, comprometida o no, también habitan monstruos, autores y
lectores, y es la interacción que surge entre ellos, entre los primados
negativos o positivos y su relación de viceversas, lo que determina la
literatura y su campo de acción.
Para el profesor argentino Daniel Giaquinta «lo sano de
Occidente viene de Aristóteles, lo enfermo de Occidente viene del
enciclopedismo hegeliano, de la traición a la realidad. Aristóteles decía la
verdad existe y es la adecuación de mi cabeza a la realidad. Y Hegel, venido de
Kant y de toda esta escuela y del enciclopedismo que lo llevó a la plenitud en
el Siglo de las Luces afirma qué es la verdad, todo es relativo… Decía
Chesterton que “Llegará el día que será
preciso desenvainar una espada por afirmar que el pasto es verde.”» La
estructura del pensamiento de Hegel y su idealismo sigue siendo fundamental
para la filosofía actual, incluyendo la teoría crítica, el marxismo y el
estructuralismo, que nos obliga a pensar que el presente no es un hecho
aislado, sino un proceso histórico. Y desde ahí también podríamos añadir que el
lenguaje y su legado es otro proceso histórico que plantea una ingeniería
social desde los significados. ¿Podemos entender entonces el lenguaje como el
resultado de una consigna o una propaganda, tanto antes como ahora? En el poema
First Dates (p. 46) del anterior libro de Rosa Berbel, Las niñas siempre dicen
la verdad, unos versos dicen: “Heráclito no puede haber oído/ de Madame Bovary,
pobre de él./ Aunque pudo pensar, cosa rarísima,/ sin la sombra alargada de
Aristóteles./ Bum./” Y es que para la
poeta “¿La verdad se construye en el poema?/ No. / El poema se construye en la
verdad.” –asegura en la página 44 de su anterior poemario.
Si
como afirma Henry Miller “Nuestro destino nunca es un lugar, sino una nueva
forma de ver las cosas”, la lectura también debería buscar esa nueva forma de
ver y de entender lo que leemos, lo que vivimos, lo que escuchamos, los lados
“correctos” de la historia y de la literatura y los pensamientos política y culturalmente
correctos. ¿Se puede ser un lector antisistema, o sea, que cuestione todo lo
que lee y no dé ningún debate por cerrado? La filósofa y activista francesa
Simone Weil asegura que “la capacidad de prestar atención es la forma más pura
y rara de generosidad”. Entonces, cuando un lector abre un libro convierte ese
gesto en un acto de empatía y de generosidad supremo hacia el autor y su obra,
pero también hacia sí mismo. ¿Pero qué es más importante, la genialidad del
autor y la obra o la generosidad y sinceridad del lector? Ambas se necesitan,
porque ningún autor es Dios y ningún lector debería ser una simple marioneta.
Esclavizado a un mundo donde la tecnología hace gala del zoom como si fuera una puerta
interestelar y una lupa que nos construye con sus aumentos, descubro que hay
detalles que sin ese zoom pasarían
desapercibidos para nuestra consciencia microscópica y telescópica, o cósmica y
minúscula, como diría Rosa Berbel. El alejamiento o la aproximación multiplicados
en millones de megapíxeles permite que veamos con otros ojos lo que antes era
imposible, pero al ver lo micro perdemos la atención de lo macro, y es por eso
que micro y macro son necesarios para distinguir las perspectivas y las consciencias
del mundo que nos rodea, que leemos y del que nos nutrimos. Curiosamente
vivimos una época de destrucción y
confusión permanente en la que se nos quiere convencer que la luz ensombrece y
la sombra ilumina, y aunque luz y sombra se retroalimentan la una a la otra en
su valor y contravalor, en sus límites y reflejos, no son intercambiables, sus
esencias semánticas son distintas, por mucho que queramos invertir el lenguaje
y su significado, la ética y su legado. Las simbologías hunden sus raíces en el
origen de los tiempos y de la consciencia universal. Al final de toda lectura
lo que pretende un libro es convencerte, vencer tu resistencia para llevarte a
su lenguaje territorio que es otra forma de destino y de zoom.
Los
libros llegan cuando tienen que llegar, y si los compras antes de tiempo a
veces hay que hacerlos esperar a que llegue su turno lector. Pero en este caso,
Los planetas fantasma, llegó en el momento justo, ni antes ni después. Una vez
comprado lo leí de inmediato y sucedió un flechazo o un momento aha.
Si buscamos a Rosa Berbel y a Los planetas fantasma en la
inquietante y sabihonda IA nos asegura que es “una destacada obra de poesía
contemporánea que navega entre la utopía y el apocalipsis. Con una mirada
reflexiva, la autora aborda la crisis ecosocial, el amor y el miedo, utilizando
imágenes de espectros y brujas para explorar el final de una era.” Para Álvaro
Valverde “su libro no solo no defrauda, sino que demuestra un salto cualitativo
en su poética.” Y sigue: “La ironía, tan presente en su obra anterior, domina
la escena.”, “se aprecia un aire sentencioso, aforístico a rachas.” La propia
autora confiesa en una entrevista al también poeta Javier Gilabert que “La
perturbación me parece muy interesante como emoción lectora y como emoción
creadora.”, y que Los planetas fantasma
“es un libro que transita por diferentes estados de ánimo, que está atravesado
por diversas obsesiones… Lo político siempre se cuela en todo lo que
escribo…”, “es un libro prepandémico,
pandémico y postpandémico, que tiene una relación muy particular con el
aislamiento, la comunidad, la idea de
apocalipsis, las posibilidades de lo póstumo, la utopía o el terror…” Según
Rosa Berbel el libro surge como respuesta a una cuestión que se plantea: “qué
correspondencia había o podía haber entre lo climático y lo afectivo, (…) entre
las tragedias del planeta y las tragedias individuales. (…) Luego esa idea fue
mutando y le pasaron por encima muchas otras obsesiones…” En otra entrevista le
confiesa a María G. de Montis, para Efeminista.com, que le obsesiona “Cómo la política tensiona o
desestabiliza el lenguaje poético”, que el terror le interesa mucho, “que
siempre ha sido un género muy favorable a la representación política, está
siendo llevado por mujeres a todo un orden de cosas que nos resulta perturbador
y violentísimo como el género, las clases o la situación política en
Latinoamérica. Por otro lado está también todo ese imaginario de la bruja, que
ha resignificado el feminismo en los últimos años hasta convertirse en un
emblema. Pero también me interesa la forma en que se relaciona el terror con la
poesía, cómo los fantasmas están presentes sin que se los nombre.”
El
poemario, desde una dialéctica constructivista, está impregnado de un activismo
ecológico y feminista y de una conciencia social donde el lenguaje se convierte
en caballo de Troya y constructo político de su escritura comprometida, que
diría Sartre. Una poética, la de Los planetas fantasma, que se debate entre lo
emocional y lo intelectual, y así en unos poemas fluye más lo uno y en otros
poemas fluye más lo otro, entre una simbiosis lírica y monstruosa que teje el
terror y la poesía, y donde ve “el poema como vehículo para exorcizar los
terrores colectivos.” Si ella con su poesía busca una “interpretación
comunitaria”, esta opinión mía también crea “un lugar de enunciación
comunitaria” lectora e hipertextual, un lugar compartido de ida y vuelta dentro
de ese gran club de lectura que formamos todos los lectores juntos que hemos
leído un mismo libro.
Rosa
Berbel confesó en el “Festival Purullena tiene nombre de mujer” que el título
original del poemario era “La muerte natural”, pero que al concluirlo se
inclinó por el actual. El título final, Los planetas fantasma, es ya en sí
mismo un jeroglífico a interpretar, ya que juega con el lector al entroncar con
el contenido y la parte de terror que lo impregna, pero también al relacionarse
con el concepto astrológico. Según la IA: “El concepto planetas fantasma suele
utilizarse para describir situaciones donde la energía de un planeta es difícil
de detectar, está oculta, opera en un nivel sutil o funciona de manera
diferente a la norma”. Por lo tanto es un título que tiene un trasfondo muy
poético y que pudiera hacer referencia como metáfora al significado oculto y
mistérico que tiene el lenguaje en general y el poético en particular. Por
tanto es un título muy metafísico también, como el poemario mismo. Quizá porque
como escribe la autora: “Sobrevuelan el mundo palabras terroríficas,/
conscientes de que existen/ perversiones sin nombre.” (p. 26) ¿Podríamos
entender el título como una metáfora woke, que hace referencia a esa realidad
social que no se ve pero que existe y de la que la autora se hace eco
comprometido, igual que ese lenguaje opresor que nos contagia?
La primera parte titulada La muerte natural unida a la
importancia que tiene el vaivén de los significados de las palabras en este
poemario nos lleva hasta la intuición de que la naturaleza y el paisaje mueren
en pro de una vida sublimada en el lenguaje. Dos citas abren este tramo del
libro: “Es un amor que contamina” de Juan Luis Guerra y “En la literatura y las
canciones el amor se expresa a menudo en imágenes del clima” de Ron Padgett.”
El clima como mitologema o metáfora de un zeitgeist,
de un atrapasueños lingüístico que impregna todo el viaje lector, la atmósfera
lírica que lo contiene, la piedra angular sobre el que se sustenta todo el
edificio poético del libro. La segunda parte del poemario titulada La conquista
del paisaje resulta ser una metáfora exquisita del poder del lenguaje y su
expansión, entendida esta como una batalla cultural y política. Con un solo
poema largo y eremita que empieza con una cita de Raúl Zurita: “No necesitan
rezar en voz alta/ porque es el universo entero su catedral”. Aquí el
mitologema principal que sustenta el andamio lírico es el desierto como
paradigma del paisaje y la conversión. Y
la tercera parte titulada Cuando acabó la fiesta nos aboca al apocalipsis con
la cita “Post festum, pestum” y donde el pensamiento sueña con reconstruir el
paisaje (lenguaje) como un propósito de enmienda, porque hay que hacer Limpieza general en el hogar: ya “Que la
belleza es insoportable./ Vuestra belleza ensucia/ y tendría que ser
aniquilada.” –afirma la poeta en la página 67. Los títulos de los poemas son
sintomáticos del poder fantasma expresivo, del dolor y el terror que nos vamos
a encontrar en el poemario. El índice podría leerse como una letanía mágica que
contamina y purifica en su significación invertida y mudable. En los primeros
poemas (Nuevos propósitos, Siglo 22, No mires ahora, Bodegón, Gota fría) la
atmósfera de la pandemia y lo ecológico y su cárcel es evidente y notoria. A
partir del poema Vuelo de brujas hay un punto de inflexión y entran nuevas
obsesiones, un feminismo más activista, desde una dialéctica constructivista
que hace del lenguaje y de las palabras una arcilla moldeable de reminiscencias
en medio del desierto semántico que se erige en un lugar de revelación o una punta
de lanza. Los poemas En el camino, Luna en la cosecha, Los climas, Formas de
mirar y Día de Reyes siguen la sinergia climática y pandémica más explícita y a
la vez simbólica. El poema Esto no es un poema de terror vuelve en su paralelo
lector a entroncar con la mirada del poema Vuelo de brujas. Los hilos de la
ecología y el lenguaje, con toda la fuerza de su paisaje léxico, siguen
tejiendo el tapiz lector en Casas viejas, Jardinería, Viajes largos a destinos
imposibles, Otras fiestas, Variaciones y El día del hielo. En el primer poema
del libro Nuevos propósitos, que huelen a viejos, ahora la playa es una piscina
con césped y los adoquines son baldosas, algunos de sus versos (“oler a cloro,
arrancar las baldosas,) me retrotrae al eslogan del mayo francés del 68 con
aquel ¡Sous les pavés, la plage! Los
adoquines bajo los que hay arena, ahora, en boca de Rosa Berbel, son las
palabras, bajo las que puede haber otras semánticas y otros horizontes. Quizá
como metáfora para hacer lo propio con el lenguaje. Y que yo relaciono, no sé
por qué, con el poema de la página 35, Formas de mirar, quizá por el desencanto
que proyecta y la reminiscencias al mar, la playa y el horizonte: “los
desniveles suaves del asfalto/ (…)/ Si miramos sin ganas, la playa se parece/ a
una extensa llanura.” El tercer poema No mires ahora, como esa tensión que se
produce cuando vemos una película de terror que nos predispone en algunas
escenas a dejar de mirar, es toda una poética iniciática porque “No todos
pueden verlos./ Solo tú y yo que estamos/ hablando con lenguajes imposibles./
(…)/ Y la magia recorre el camino a la inversa.” Una invitación a los elegidos
para deconstruir la realidad y el significado del lenguaje, a reescribir las
emociones, la historia, el pensamiento, a dejarse llevar por la imaginación,
como un náufrago llevado por el oleaje de una nueva lengua o un nuevo
territorio de significación. El poema Los climas puede leerse como un plan de
fuga o una nueva fe hecha metáfora de una nueva religión, para cambiar de casa
y de templo. El poema El final de los ritos (p. 53) puede leerse y mirarse como
otra poética en sí mismo, un poema metalingüístico y metafísico que roza la
mística de un aprendizaje significativo que nos reduce a ser unos seres constructos
por el lenguaje. En la segunda parte, de un solo poema, La conquista del
paisaje, una palabra tan dura y que tanto debate genera en nuestro presente
como es conquista, centra la atención de toda esta segunda parte. Y también paisaje,
el paisaje como metáfora del lenguaje, es entonces al confluir ambas cuando
todo cobra sentido y el poemario alcanza un rango sagrado y litúrgico. Podemos
leer el libro como un sacrificio ritual, donde el cordero sacrificado es el
propio lenguaje y su significado, un ritual que marca una nueva era y una nueva
salvación resignificada. Lo religioso es otro hilo que teje también la poética
del libro. Como lector, ipso facto, te transmutas en creyente o en un ateo-agnóstico
convencido de la nueva religión. En todos los poemas el lenguaje (el nombrar
como acto revolucionario y subversivo que te lleva al delirio) se convierte en
una posibilidad de cambio y transformación, en una vía de redención que
convierte a la palabra en un lugar constructivista político de transformación
histórica. Si toda escritura es comprometida con los ideales de su autor, Rosa
Berbel deja negro sobre blanco cuáles son sus credenciales. El poemario es un
viaje por el paisaje, por el tiempo, por la memoria y por el lenguaje. El viaje
como metáfora del destino. Y así la poeta viaja en tren, en coche, en
bicicleta, con la mirada, con los sentidos, en las emociones y en el lenguaje para bordear la palabra igual que bordea el
final de la noche, o de la historia. Un libro cuya iconografía léxica de
contrarios en vaivén nos lleva a través de la imagen a una dualidad simbólica
entre el régimen nocturno y el régimen diurno, como si fueran mundos paralelos
desde una simetría rota, (silencio-ruído, bosque-ciudad, frío-calor, luna-sol,
lluvia-árido, día-noche, amor-vida-muerte, luz-reflectante-brillantes-resplandece-sombra-aoscuras-penumbra,
cerrado-abierto, cielo-tierra, lluvia-granizo-nieve-burbuja–sólido-líquido-gasesoso-,
desierto-oasis, agua-sed, terror-ternura, placer-dolor, belleza-fealdad) para a
través del bamboleo léxico y semántico conseguir “las transformaciones de los
símbolos”, para cambiar el paisaje del lenguaje “donde florecen nombres y
palabras/ y objetos puntiagudos”, de los significados y sus espejos que
“devuelven figuras monstruosas” y se resignifican en su contacto fluctuante,
permeable y mutante. El lenguaje de Los planetas fantasma nos rodea como una
película de miedo cuyo final está en suspense por la ausencia y la nada y un
cierto vacío.
La
poética de este libro es una liturgia telúrica y cósmica, un rito, un conjuro, una
fiesta con reminiscencias de aquelarre y delirio, la de un yo que se acopla en
los otros, un acto mágico lleno de misterio y revelación que consagra y profana
al mismo tiempo. En el libro hay un juego sutil, como la energía en los
planetas fantasma, donde se juega a invertir el lenguaje y su significado, a
confundir las realidades que nos transmiten las palabras, porque “El idioma del
mundo ha dejado su huella/ en nuestro cuerpo.” Y no siempre la sombra es
oscuridad ni la luz es resplandor. Porque como escribe en la página 19: “Y la
magia recorre el camino a la inversa.” y “Las emociones crean realidades”, como
el lenguaje. Es un poemario muy metalingüístico y metapolítico. “¿Cómo
reconocer poemas de amor/ cuando el campo semántico/ es antiguo?” –se
pregunta/nos pregunta la poeta en la página 17. La ambigüedad como recurso que
resignifica: “Pero la oscuridad no duró demasiado. La luz ocultó pronto la
belleza.” (p. 26) Un cierto nihilismo lo
habita con devoción religiosa: “Nos han dejado aquí a la intemperie:/ no hay
paredes, ni casa, ni amor para las cosas/ que ya no poseemos./ Tendemos en el
suelo el mantel sucio/ y admiramos con qué silencio pueden/ desvanecerse los
lugares sagrados./” –leemos en el poema Saquear el templo de la página 85. En
esta contemporaneidad que se alarga en su debacle todo muere. El sentido del
humor también. Y así con ironía nos alumbra en la página 18 que “Todo lo que
algún día nos hizo sonreír/ ahora está muerto.” Quizá porque el humor, como el
lenguaje, es otra forma de propaganda y de dominio. En el poema Mundos
paralelos de la página 83 nos interpela: “¿Hasta dónde es capaz de llegar/ nuestra
vista?” Estamos en la eterna lucha de los últimos siglos: idealismo versus
realidad, Aristóteles contra Hegel. “Ni los mundos posibles/ ni los mundos
reales/ existirán jamás para nosotros./ No sabemos pintarnos.” –manifiesta Rosa
Berbel en el mismo poema. La autora ha situado sabiamente en su poética el
debate filosófico más crucial de los últimos siglos. Y si “La línea de
horizonte está torcida” ¿Cuál es la rectitud? Según nuestro zeitgeist sentí-pensante en este
comienzo del siglo XXI es una línea líquida, pero no podemos olvidar que hay
otros estados que sepamos igualmente de mágicos en principio como son el sólido
y el gaseoso. Y así la autora, a través de un lenguaje péndulo va marcando con
su metrónomo semántico el paso del espacio y del tiempo poético, va de lo uno a
su contrario, del presente al pasado y al futuro, del cuerpo al alma, de los
recuerdos a las emociones, creando una atmósfera mística de vaivén, de terror y
ternura, de belleza y muerte, de aciertos y errores, de luces y penumbras.
Porque “En honor del fracaso y en nombre de la vida/ consagrábamos rezos./ En
honor del presente hacíamos liturgias./ Y también ofrecíamos sacrificios.”
–leemos en la página 60. Y algo de todo eso sostiene la lectura de este
poemario.
La
dicotomía entre Eros y Thanatos, como símbolos motrices de su poética, también
impregnan la mecánica de Los planetas fantasma. La líbido y el todestrieb como impulsos creativos y
existenciales. Desde el psicoanálisis freudiano, el conflicto entre estas dos
pulsiones que gobiernan nuestra psique y conducta, representan la lucha de la
vida y la muerte, la deconstrucción/destrucción y la creación de nuestras
consciencias. ¿Cómo reconocer poemas de amor/ cuando el campo semántico/ es
antiguo?/ Todo lo que algún día nos hizo sonreír/ ahora está muerto.” –canta la
autora en la página 18. O “Para hablar de la muerte, nos fue preciso/
arrancarnos la ropa,/ (…) Para hablar del amor, debimos inventar/ otro
lenguaje.” –escribe en la página 26. Entendiendo el deseo como otro viaje que
realiza el poemario, este interior, un viaje que invita a mudarse. “La idea de
luz/ ocupa nuestro amor/ y lo devasta.” –dice en la página 24. Cuando uno lee
el poema La conquista del paisaje uno se imagina a la poeta retirada en el
desierto durante cuarenta días y cuarenta noches escribiendo este poema como si
fuera una verdad revelada, en tentación permanente entre Eros y Thanatos. Y en
el poema Las palabras y las cosas la claustrofobia léxica y lírica es capaz de
provocar una anafilaxia lectora. Y es que como nos asegura la poeta: “y ahora
estamos confusos en la selva/ de los significados./ Ignoramos aún lo que
seremos,/ la posición exacta del idioma.” - interpela en la página 53, porque
“La simetría/ se ha roto. Apenas una/ celebración de la verdad:” Y en el poema
Visiones de otro mundo (p. 75) el círculo se cierra y la filosofía que impregna
todo el poemario se hace in-visible y leemos: “Todo cuanto era sólido/ se
desvanece ahora ante la luz./ (…)/ Vamos reconociendo el misterio que crean/
las cosas que se esfuman,/ las cosas que se olvidan y se esfuman,/ fantasmas
del realismo./ Somos ángeles torpes,/ somos desmemoriados.” a los que hay que
devolver la luz y reconstruir la memoria, ¿cómo?, reescribiéndola. Porque “Cada
uno de nosotros tiene una/ razón para callar.” (p.65) que nos recuerda a quien
esté libre de pecado que tire la primera piedra. Pero sin remordimientos,
porque “No sé pedir perdón,/ hemos pasado a oscuras tanto tiempo…” –canta en el
poema Posibilidad de la luz de la página 33.
Para
entender las razones sentí-mentales del libro hay que comprender primero “las
razones del viaje” lector que realiza este poemario y sus “mundos paralelos”,
al afirmar que “la línea de horizonte está torcida” y que lo que toca, la
disyuntiva que nos propone es clara: “cambiar este paisaje” o “formar parte de
él”. “Si renunciamos por completo al horizonte,/ todavía podremos ir al mar.”
–advierte la poeta en el poema “Mundos paralelos” como si estuviéramos en otro
mayo del 68. Una invitación a romper totalmente con Aristóteles y echarse
ciegamente y con devoción en brazos de Hegel y su legado para “Saquear el
templo” de la realidad y adorar a la imaginación, lo relativo y lo posmoderno
como única salvación posible. ¿Una huida hacia adelante agarrado de la mano de
Hegel? Y si para Sartre hemos sido condenados a ser libres y nos construimos
con lo que decidimos, para Rosa Berbel lo es también con el lenguaje que
usamos. Este es el viaje filosófico del libro, su viacrucis semántico que busca
“una palabra para nombrar”, y donde nombrar se convierte en el acto más
revolucionario o reaccionario de la historia, según se lea o nos convenga. El
lenguaje convertido en campo de batalla con un sesgo binario que invita a la
polarización.
Rosa
Berbel, una poeta brillante y con duende, una de las voces líricas más
emergente y precoz de nuestro panorama nacional, en este poemario que consagra
y profana a la vez en un juego cambiante y prestidigitador de significados y
ritos donde los contrarios a veces intercambian sus roles formando una mística
ilusionista de manos y palabras que hablan con su tacto y su delirio, nos
invita a la conversión, a tomar partido para “proteger el futuro/ de las
desolaciones del lenguaje” que nos convierte en víctimas de su opresión. He
aquí la verdad revelada, el quid de su dialéctica idealista. La escritura de
Rosa Berbel, “posesiva, obsesa, fetichista,”, es una escritura comprometida de
“copos blancos y tibios como una nieve bíblica” que con una delicada ironía y
una mirada mágica y apocalíptica seduce como el triunfo de su lenguaje que es
una fiesta o un aquelarre sutilmente posmodernista. Una lectura por tanto, la
de este gran artefacto lírico que es Los planetas fantasma y sus “versos como
conjuros”, que, independientemente de si quieres “cambiar el paisaje” o “formar
parte de él”, disfrutarás con deleite y placer extremos. Para profundizar
críticamente en la poética del libro deberás acudir a la Teoría de las
influencias fantasma. Para disfrutar de estos magníficos poemas no hay que
diseccionar la lectura como yo lo he hecho. Simplemente lee y disfruta de su
iconografía léxica y semántica y de su itinerario-viaje simbólico y
sentí-mental. Lee, luego existes, o no.
Opiniones de un lector.
Mayo de 2026
Custodio Tejada
PUBLICADA EN
TODOLITERATURA
https://www.todoliteratura.es/noticia/62732/poesia/los-planetas-fantasma-de-rosa-berbel.html
Bibliografía.
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niñas siempre dicen la verdad. Editorial Hiperión.
-Berbel, R. (2022). Los
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- Debates del sur
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fallido”: El giro de BlackRock. Instagram.
https://www.instagram.com/reel/DWpDU-nEXKk/
-Dussel, E. (2024). Al
otro lado de la modernidad. Ensayos sobre la filosofía de la historia.
Bellaterra Edicions.
-G. de Montis, M. (10
de agosto de 2022). Rosa Berbel: “La poesía escrita por mujeres se trata con
condescendencia.”
https://efeminista.com/entrevista-rosa-berbel-planetas-fantasma/
- Giaquinta, D. (23 de septiembre
de 2025). Mientras no tengamos rostro. Episodio número 8. Canal MNTR.MZA.
Instagram.
https://www.instagram.com/reel/DOuDtuDji5Q/
-Gilabert, J. (5 de mayo de 2022) Rosa Berbel: “La perturbación me parece muy interesante como emoción lectora y como emoción creadora.” Secretolivo.
-Martín Jiménez, C. (20
de enero de 2026). En Davos, Larry Fink, copresidente del Foro Económico
Mundial y director ejecutivo de BlackRock, reconoce abiertamente que las élites
globales han perdido la confianza pública. Instagram.
https://www.instagram.com/reel/DTvXgCADSZz/
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de abril de 2026). BlackRock: del capitalismo woke al capitalismo poswoke.
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-Cordua, C. (2013).
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https://revistafilosofia.uchile.cl/index.php/RDF/article/view/30106/31908

