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martes, 19 de marzo de 2013

EL VUELO (microrrelatos)

EL VUELO (microrrelatos)


EL VUELO

El taxi dio demasiadas vueltas para llevarme al aeropuerto. Llegué con la hora justa para tomar el vuelo. Incluso las azafatas tuvieron que ayudarme a colocar el equipaje de mano en los compartimentos superiores. Como un elefante en una cacharrería fui chocando con los reposabrazos de los asientos y con algunas manos de pasajeros hasta que encontré mi sitio al fondo del aparato. Me puse rápidamente el cinturón de seguridad y le pedí un vaso de agua a la primera azafata que se acercó a mí para preguntarme si estaba cómodo. Coloqué una pequeña almohada detrás de mi nuca y me quedé dormido. Entresueños  oí una voz que me decía: “Señor, hoy no va a salir ningún avión” e inmediatamente me desperté en la sala de embarque de un aeropuerto alemán esperando el vuelo que había sido anulado hasta nueva orden por culpa del volcán islandés Grimsvötn.

                                                                Autor: Custodio Tejada

martes, 3 de abril de 2012

ÁFRICA


ÁFRICA

            Desde la ventana de mi dormitorio se ve la sierra con un manto blanco de nieve. Todas las mañanas me dice buenos días y me da ánimos para comenzar una nueva jornada. Al otro lado de la sierra el mundo se estira y bosteza y vuela como una cometa. Una nube juguetona me avisa de que hay horizonte más allá de Sierra Nevada, de que más allá de la nieve y del agua la vida nos sorprende de mil maneras, de que más allá de las cumbres nos aguarda la sorpresa de una máscara que tras su rostro conserva el legado ancestral de una tribu nómada.
            Detrás de Sierra Nevada el oleaje del mar aguarda que un barco junte las dos orillas igual que un apretón de manos aúna dos voluntades. Más al sur hay un horizonte llamado África lleno de aventuras intrépidas y antiguas leyendas de dioses y hombres y tierras lejanas. Más al sur hay un horizonte infinito que nunca se acaba, un horizonte lleno de magia y danza que por las dunas del desierto cabalga a lomos de un viejo dromedario.
            Al son del tan-tan el viento sopla en todas las direcciones y la naturaleza se desborda a cada paso como una cascada de tesoros y plegarias. Por eso cuando miras a la sierra descubres que el mundo se despereza y África entera te espera con los brazos abiertos igual que una madre centenaria. África brilla como un diamante, África sorprende como una perla negra. África merece mejor suerte de la que tiene. Desde las cumbres de  Sierra Nevada se ve África, la olvidada.

                                                                       Autor Custodio Tejada.

domingo, 4 de marzo de 2012

LA PESADILLA


 
LA PESADILLA

Hace varias noches que una pesadilla me despierta a la misma hora. A las tres en punto de la madrugada una voz ronca me susurra al oído un nombre que no conozco. Entre sueños una mano fría me acaricia el rostro. Inmediatamente después veo un rascacielos en llamas y una multitud sin ojos que deambula de un lado para otro buscando un lazarillo que la guíe.  El cielo no es azul, se ha vuelto de un rojo intenso casi color de sangre. El aire huele a podrido. Es difícil respirar y mantener la calma. Hay muchos cadáveres amontonados en las aceras. Voy andando por un pasillo largo de hospital cuando me encuentro  con un muerto tumbado en una camilla. En el pecho lleva tatuado mi nombre y una frase que dice: ¡Tú eres el Mesías, sálvanos!

                                                                                    Autor: Custodio Tejada
 

sábado, 5 de noviembre de 2011

BENDITO ENGAÑO


BENDITO ENGAÑO

He visto con mis propios ojos lo que nadie puede imaginarse. He cogido con mis propias manos cientos de tesoros. He caminado por caminos que nadie volverá a transitar. He oído el grito de los horrores y el susurro de los amantes. He acariciado las mieles del éxito y la hiel del fracaso. He visto y he oído lo suficiente como para saber que todo es un engaño, un bendito engaño. He sentido en mis propias carnes el yugo de la pasión y la liberación del olvido. He sucumbido al encanto sutil de los olores y al paraíso del paladar; pero por encima de todo, lo que más me ha impresionado en mi vida ha sido el poder de atracción que tiene un papel en blanco.

                                                     Autor Custodio Tejada

martes, 11 de octubre de 2011

EL ESCRITOR PROLÍFICO (microrrelato)

EL ESCRITOR PROLÍFICO (microrrelato)

Había una vez un escritor tan prolífico que parecía un momia envuelta en un larguísimo renglón. Con su muerte apareció el primer y único punto final de toda su obra.


                                         Autor Custodio Tejada

lunes, 26 de septiembre de 2011

UNA VIDA JUNTOS (relato)

UNA VIDA JUNTOS (relato)

UNA VIDA JUNTOS

Águeda fue una joven muy guapa y ahora es una abuela muy bella. Se casó por amor. Luis es menor que ella. Desde que se conocieron el uno no puede pasar sin la otra y viceversa. Juntos decidieron crear un hogar. Visitaron inmobiliarias, eligieron un piso de sesenta metros y se hipotecaron hasta la vejez. Soñaban con vivir la mejor aventura de sus vidas. La convivencia al principio les resultó un poco difícil hasta que se adaptaron a sus respectivas manías cada uno. Luego vinieron los hijos, dos, Paula y David. Los educaron lo mejor que pudieron. Sacrificios que fueron recompensados con dos brillantes expedientes académicos. Jubilados, dieron a sus nietos los caprichos que negaron a sus hijos. Hoy, Águeda y Luís, después de cincuenta años juntos, celebran sus bodas de oro y siguen enamorados como el primer día. Una fiesta sorpresa les hará que olviden por unas horas la grave enfermedad que padecen. Con una pasión a flor de piel sueñan con morir el mismo día y a la misma hora, juntos, igual que han vivido casi toda su vida. Lo que todavía no saben es que el destino les concederá esta noche su último deseo.


Autor Custodio Tejada

sábado, 20 de agosto de 2011

EL PERRO DEL FARMACÉUTICO (relato)

EL PERRO DEL FARMACÉUTICO

Eligió el día más lluvioso de enero para morirse sin más. Juan Ruiz de Azpitarte falleció a causa de su adicción a los somníferos y a un carácter apocado demasiado propenso a la depresión y la tristeza. El día de su entierro fue el único de todo el invierno en el que el sol brilló con fuerza; como si el tiempo quisiera rendirle un último homenaje a un hombre extremadamente sensible que vivió sin darse cuenta de su suerte y sin saber disfrutar de su fortuna. Juan Ruiz de Azpitarte, farmacéutico de profesión y arqueólogo ameteur en sus ratos libres, era un buen hombre al que nunca le gustó hablar mal de nadie, siempre dispuesto a echar una mano a quien se lo pidiese. El suyo fue un entierro multitudinario. No faltó nadie. Acudió hasta el alcalde. Ya sabéis que para lo único que se unen en los pueblos es para asistir a los funerales y para criticar al prójimo. En los pueblos hay demasiado rencor, la gente no perdona fácilmente y como tienen todo el tiempo del mundo para pensar y sacarle brillo a la memoria, el deseo de venganza se nota en los ojos de las personas. Aunque hay pueblos y pueblos. Todos no son iguales, eso es verdad. Unos son más hospitalarios y agradecidos que otros.

Quien más sintió la muerte del farmacéutico, además de su viuda, doña Leonor García de Santacruz, fue Mingo, el perro de la tía Eulalia, del cual se hizo cargo Juan Ruiz de Azpitarte al fallecer ésta cinco o seis años atrás. Había que ver en el entierro del farmacéutico con qué aflicción marchaba aquel pobre animal detrás del coche fúnebre. Era digna de ver la solemnidad de Mingo detrás del féretro. Aquel día sólo le faltó llorar. El pueblo entero recuerda cómo se quedó solo en el cementerio cuando los demás nos marchamos cada uno a nuestra casa. Permaneció durante tres días y tres noches a los pies de la tumba. Después de aquello nada más se supo de él. Hay quienes piensan que Mingo también murió aquel día igual que su amo.

Los que conocían bien a Juan Ruiz de Azpitarte aseguran que su mal empezó cuando visitó las ruinas del Castillo de la Peña Encantada. Junto con el párroco y el maestro del pueblo se dedicaban a investigar la arqueología del lugar y a realizar pequeñas excavaciones en las que encontraron un poco de todo; así es como hicieron su fabulosa colección de arte. En ella te podías encontrar lo mismo una hacha pulimentada o una vasija del Neolítico que un capitel visigodo, un trozo de mosaico romano que monedas de Al Andalus o exvotos iberos.

El párroco del pueblo, Evaristo Saenz Villanueva, amigo y camarada de correrías arqueológicas y pláticas variadas, no pudo aguantar la emoción y soltó unas lágrimas en la homilía que le dedicó a Juan Ruiz de Azpitarte el día de su funeral. Fueron las palabras más sentidas y llenas de cariño que se hayan escuchado jamás, una verdadera despedida para el amigo. Aquellas palabras todavía hoy retumban en los oídos de muchas personas del pueblo. Algunos dicen, los más atrevidos y descarados, que después de aquella no ha dicho otra homilía igual.

Desde la muerte de su marido doña Leonor García de Santacruz vive en una clausura permanente. Ataviada de negro sólo sale de su casa para hacer las compras necesarias y para ir a la iglesia, que es en el único lugar donde encuentra consuelo y fortaleza.

Según me contó el maestro del pueblo, Pedro Leyva de Irigaray, que era quien le acompañó aquel fatídico día, lo que se encontró allí abajo tuvo que ser algo muy fuerte; porque cuando subió por las cuerdas su rostro desencajado parecía el de un muerto que había vuelto a la vida. Al subir no dijo nada, simplemente le miró y en sus ojos se podía palpar el pánico. Lo que vio en el Castillo de la Peña Encantada le dejó marcado para siempre. Después de aquel día jamás volvió a ser el mismo, ya nunca más salió a buscar tesoros, nunca más habló del tema. Pedro Leyva de Irigaray me dijo que allí abajo, en aquellos corredores y pasadizos, no estuvo más de cinco minutos; sin embargo fueron los cinco minutos más largos de su vida, le parecieron una eternidad. Al principio oyó cómo Juan Ruiz de Azpitarte hablaba con otra persona, parecía una voz de mujer, pero acto seguido sólo se oyeron gritos y más gritos, y la petición de auxilio del farmacéutico: -¡Sacadme de aquí, por Dios! ¡Sacadme! ¡Sacadme!-

Transcurrido un año del sepelio hay vecinos del pueblo que aseguran haber visto a Mingo, el perro del farmacéutico, merodeando por las ruinas del Castillo de la Peña Encantada; incluso hay quienes atestiguan que duerme en la grieta por la que se desciende a los corredores y pasadizos secretos del Castillo. Hasta aquí llega lo que sé y lo que he podido averiguar, lo demás es leyenda.

Autor Custodio Tejada


miércoles, 3 de agosto de 2011

DESTINO

DESTINO

Entré en aquella habitación pensando que la luz de una mirada limpia podría comprender las razones que llevan a un individuo a quitarse la vida. Allí, en una esquina, encima de una mesa con aspecto de altar, se encontraba una máquina de escribir modelo Fitch de 1891 americana –una pieza muy rara y valiosa- y un taco inmaculado de cuartillas. En el suelo tirada había una botella vacía de güisqui barato y un revolver astra police con munición del 38 especial al que le faltaba una bala. La papelera estaba llena de cuartillas arrugadas con no más de una o dos frases escritas. Aquel pobre hombre no pudo soportar la soledad de enfrentarse a un papel en blanco. Fue víctima de su argumento y su propia sangre la tinta que escribió el final perfecto.


Autor Custodio Tejada

sábado, 30 de julio de 2011

TATUAJE

TATUAJE

No tengo suficientes palabras para contarlo. Quizá por eso he preferido hacerlo a través de un microrrelato. Cuando uno se enfrenta a un papel en blanco el pensamiento zozobra como un barco antes de hundirse en las profundidades marinas. El ritmo cardiaco se acelera y la mente parece un pozo sin fondo en el que sólo se oye el vértigo de la caída. Nadie puede imaginar lo duro que resulta escribir la primera frase, casi lo mismo que la segunda. Una vez que te adentras en la selva del abecedario los miedos te acechan detrás de cada coma; el rugido de una puntuación estridente te acongoja imaginando que detrás de los matorrales ortográficos te aguarda una fiera famélica dispuesta a devorarte. El hambre es el hambre y no respeta a nadie. Por eso cuando escribes el punto final de un relato el papel parece una piel llena de tatuajes.

Autor Custodio Tejada


sábado, 23 de abril de 2011

LA MARIPOSA (microrrelato)

LA MARIPOSA

Una mariposa se posa en un árbol y después de meditar varios minutos decide echar raíces. Es entonces, cuando deja de ser un simple animal para convertirse en una flor de seda.


Autor Custodio Tejada

jueves, 14 de abril de 2011

A NINGUNA PARTE (Relato)

A NINGUNA PARTE (Relato)

A NINGUNA PARTE

“Querido amigo Javier, el mundo está loco pero nadie lo sabe. La gente anda por las calles buscando paraísos que no existen, cómodas redenciones. Sueñan con el éxito fácil. Amigo mío, ¡ánimo!. La rebelión de la naturaleza ha comenzado. Tsunamis, cambios climáticos, extinción de especies, guerras, contaminación... Me dicen que soy un catastrofista, que para la edad que tengo no se percibe el optimismo de la juventud ni la vitalidad de la sangre, que así no se va a ninguna parte. Y quizá sea verdad y tengan razón. Pero quienes me critican están ciegos. ¿No lo ves?. Javier, algo está pasando y no queremos darnos cuenta. Algo estamos haciendo mal. Demasiada competitividad, demasiadas injusticias. Yo no puedo esperar más. Yo no puedo esperar a que sea demasiado tarde y el dolor me destruya. Yo no quiero convertirme en un zombi, en un siervo más del sistema. El mundo no me necesita, no cuenta conmigo. A nadie le importo...”

Después de haber leído varias veces esta carta de mi amigo Jorge Campos, he sabido por la prensa y la televisión que nueve jóvenes se han suicidado juntos este fin de semana tras hacer un pacto por Internet. Quedaron citados en un área de descanso de la A-7, cerca de Valencia. Murieron asfixiados dentro de sus automóviles. Conectaron el tubo de escape al maletero y dejaron encendido el motor. Todos ellos enviaron por correo una carta de despedida a sus mejores amigos. Eran jóvenes entre 19 y 25 años. Nadie se lo explica. Nadie entiende cómo han preferido la muerte antes que una vida llena de sorpresas, de milagros, de aventuras. ¿Por qué? Yo tampoco me lo explico. Siempre tan alegre, siempre tan preocupado por los demás... La carta que envió mi amigo termina con una posdata que dice: “Te esperamos en Ninguna Parte”. También lleva anotada una dirección en Internet.

Autor Custodio Tejada

viernes, 4 de junio de 2010

PRIMAVERA





PRIMAVERA

En primavera las golondrinas van y vienen de sus nidos incesantemente, de la misma manera que hacen las olas en la orilla de la playa. La alegría se desborda en sus picos, en sus alas, en sus trinos, en cada una de sus cabriolas. Con su aleteo incansable las golondrinas dibujan en el cielo la silueta de un cofre lleno de tesoros. El vuelo de las palomas también se vuelve más litúrgico. Su vuelo, deliciosamente iniciático, nos ayuda a comprender los misterios de la vida; es como si la naturaleza estuviera programada para realizar un sagrado ritual de colores y sonidos. Toda la primavera y su espectáculo convierten la contemplación en un camino gnóstico que contiene la explicación más didáctica de los grandes secretos de Dios y su creación.
La primavera es una estación pensada para el deleite de los sentidos, para gozo y disfrute de los paladares y para recreo y éxtasis de los corazones. La primavera, esa habitación amueblada con todo lo necesario y repleta de sueños, es una reverencia del creador para recompensar al alma por su peregrinar humano. Como en una pista de baile cada ser vivo danza una hermosa coreografía de luces y sentimientos. En primavera la creación se viste con sus mejores galas para salir a la calle y pasear agarrada de nuestro brazo, de nuestras pupilas, de nuestro olfato...
En primavera la belleza se desborda, la magia invade cada rincón, la sorpresa espera impaciente en cada parterre, el mundo entero se condensa en el pétalo de una flor. La razón de nuestra existencia encuentra sentido en el vuelo de una mariposa, en el zumbido de un abejorro, en la sonrisa de un gorrión y en el brinco de un saltamontes. Y aunque el poeta se empeña en convertir a las palabras en lindas macetas rebosantes de margaritas y campanillas, de aulagas y abrojos, de amapolas y jaramagos, el poeta también descubre a su pesar que es imposible germinar una flor en un tiesto de letras, que no se puede resumir tanta hermosura en un renglón ni en un millón de renglones. ¡Que no se puede injertar en la misma rama una flor y una palabra!
Cada piedra, cada célula, cada átomo se revoluciona reproduciendo dentro de sí mismo el milagro del big bang; esa es la gracia eterna de la primavera. Un estallido de belleza invade los confines del universo. La primavera explosiona en los ojos de quien observa la naturaleza como un castillo de gestos y silencios que intentan atrapar un segundo de gloria, un reflejo del éxtasis divino. Sin palabras, sin idiomas que separen, sin fronteras, la naturaleza se explica a través de los perfumes y de los colores. La vida nos embriaga con sus delicadas manos. La tierra se transforma en un templo construido de zafiros y diamantes, de rubíes y esmeraldas y demás piedras preciosas. La tierra se convierte en un gran signo de admiración.
Los almendros anuncian la llegada de la primavera de la misma manera que Juan el Bautista anunció la venida del Mesías. El cielo se abre cada mañana para regalarnos una nueva alianza, un nuevo compromiso con el hombre, una nueva oportunidad de hacer un mundo más justo donde toda la humanidad unida disfrute de su privilegiada existencia. Los almendros al menos así lo anuncian. Luego, sin grandes alharacas, lo confirma el bautismo de la primavera.
Los susurros del viento llevan y traen suaves aromas y suspiros sublimes. Las miradas recobran su plenitud y coraje. Los nidos vuelven a ocupar su posición de privilegio en las copas de los árboles. Los paseos se vuelven besos, dulces melodías y sensuales arrebatos. Los saludos se dicen con más cariño. El horario se estira y bosteza. Y la luz juguetea donde antes se escondía la sombra. Todo se hace más auténtico y más diáfano.
Las libélulas patrullan las acequias de dos en dos. Las abejas esparcen con sus alitas el polen de la fe. Hasta las lombrices salen a tomar el sol, de tres en tres. Los ejércitos de hormigas comienzan su entrenamiento y se preparan para llenar su despensa. Las cigarras desempolvan su lira y recitan sus himnos sagrados. Los topillos corretean los sembrados buscando raíces frescas. El caracol madruga más temprano para disfrutar del rocío.
Cuando la primavera llega es más fácil creer en la resurrección y en los milagros. La divinidad se percibe en cada centímetro cuadrado de la piel, del cielo y de la tierra. El universo entero cabe en una flor y la esperanza en el más allá adquiere forma de jardín frondoso. En primavera mi cabeza es un delirio, mis manos son las llaves de un embeleso y mis ojos como dos suspiros místicos, como dos globos llenos de helio, se elevan por el edén de las interjecciones y los silencios.



Autor Custodio Tejada

domingo, 16 de mayo de 2010

LA HORMIGA


LA HORMIGA

Desde la profundidad de la tierra una hormiga entretiene su pensamiento mirando a través de la claraboya de su hormiguero. El invierno es tan largo que tiene tiempo para satisfacer los caprichos de la reina pero también para dedicarse a sus inquietudes más metafísicas. En sus antenas puede sentirse el orgullo del deber cumplido y el calor del trabajo bien hecho, incluso el bostezo del descanso merecido. De todos sus pensamientos hay uno en especial que le quita el sueño. Lleva varias noches oteando el horizonte mientras piensa si serán las estrellas y los planetas granos de trigo de una gran despensa de la que se alimenta Dios en su peregrinar por el Universo; o si más bien serán arsenales de rabia que Lucifer devora con fruición para recrear una y otra vez el final de los tiempos. Sea lo que fuere, la hormiga, tras un largo trance místico, destapa el hormiguero y comienza otra campaña de recolección acompañada del canto amigo de una nueva cigarra. Ahora no le queda tiempo para mirar el cielo.


Autor Custodio Tejada

lunes, 3 de mayo de 2010

A DUERMEVELA (relato)

A DUERMEVELA

El tiempo se había detenido como un animal disecado. Todos los relojes marcaban la misma hora. Inmóviles, las agujas infectadas de afonía acentuaban la sensación de incertidumbre. Sólo una voz metálica interrumpía el silencio sepulcral de la noche.

-La muerte no es el final, querido amigo. Al contrario, es el comienzo de una trepidante aventura que te coloca de nuevo en el epicentro del Universo, justo en el corazón del Big Bang. No temas la muerte. No te aferres a esta vida efímera. No creas a pies juntillas las verdades que has aprendido tal y como te las han enseñado los cinco sentidos que ahora tienes. La muerte es sólo un medio de transporte. El faro que orienta en la oscuridad. Al otro lado te aguardan nuevas dimensiones, múltiples y refinados sentidos que te permitirán alcanzar una sabiduría más exacta acerca de todo lo creado. Cuando cruces el puente que te separa de la eternidad descubrirás otros sentimientos mucho más adictivos. El Cosmos entero se postrará a tus pies para siempre.

-¿Quién eres? ¿Dónde estás? - Dijo Gabriel tragando saliva con dificultad y frotándose las manos con nerviosismo.

- Yo soy la luz que ilumina cada mañana y la sombra que oscurece cada tarde. Soy la materia y también el espíritu. Soy todo y nada al mismo tiempo. La fe y la duda. El antes y el después. La voz y el silencio. Soy la casa y quien la habita. Estoy aquí y allá. Dentro de ti y también fuera. En todas partes puedes encontrarme y en ninguna. Puedes verme en el jardín y en el trastero, en el camino y en la posada. Estoy cuando quieres verme y cuando no. En cualquier lugar mi presencia y mi ausencia te sirven de cobijo por igual.

- ¿Qué quieres de mí? ¿Por qué soy el único que puede oírte? ¿Qué hago metido aquí dentro? - Gritó Gabriel mientras la desesperación se apoderó de él.

- Vete, vete y no mires atrás porque todavía no ha llegado tu hora.

Sobresaltado, preso de la taquicardia y con la adrenalina desbordándose por cada poro de su piel abrió los ojos de golpe. Una brisa fresca atravesó la estancia y aquel resplandor desapareció. La voz cesó y aquel bienestar incómodo pero a la vez excitante dio paso a una tranquilidad extrema, casi irreverente.

Entretanto, en la sala número tres del tanatorio municipal, todos los familiares dormían mientras el único que parecía despierto era el difunto.

Autor del relato Custodio Tejada

domingo, 24 de enero de 2010

LA CASITA DE COLORES (relato)

LA CASITA DE COLORES

Cuando la ví supe que era la casa de mis sueños. Con una inmensa terraza, situada frente al mar, la casa emergía sobre la arena de la playa como el tridente de Neptuno. No podía imaginar que una casita tuviese aquel aspecto de juguete recién comprado. Rodeada por un hermoso jardín parecía ser el escenario perfecto para vivir un cuento de hadas.
Las dos puertas y las cuatro ventanas de la casa estaban pintadas de un color azul sorpresa mientras el color de la fachada era amarillo, un amarillo intenso como los rayos de sol que la bañaban cada día. La teja roja del tejado terminaba dándole al conjunto una idílica imagen de postal para turistas: el azul del mar, el blanco del oleaje, el ocre de la arena de la playa, el verde del jardín, el azul del cielo… y la casita de colores erguida en medio. Toda una tentación para cualquier aficionado a la fotografía.
Algún tiempo después supe que la casa permanecía tal y como la dejaron los anteriores propietarios, una pareja de jubilados alemanes que por culpa del alzheimer regresaron a Frankfurt. Desde entonces un enorme letrero colocado en el jardín y escrito en varios idiomas anunciaba que se vendía o se alquilaba. Pero así lleva varios años. Y os puedo asegurar que es muy triste contemplar una casa deshabitada. En esta vida no hay momento más triste que cuando tienes que abandonar tu casa. Ya que una casa deshabitada es siempre un sueño roto o una esperanza perdida.
Durante varios meses estuve observando aquella casa. Llegué incluso a llevarme algunos objetos de su jardín, a los que olía con fruición igual que si fuera un fetichista empedernido. Fue así como supe la historia más íntima de aquella casa. Cada cierto tiempo se acercaba hasta ella un jardinero cojo que mantenía a raya las malas hierbas y permitía que el jardín brillara como correspondía según la estación del año. Era un hombre charlatán que guardaba cierto parecido físico con Ernest Heminway. En sus ojos cansados se podía masticar el paso del tiempo y la nostalgia de un pasado glorioso. Cuando conocía a alguien lo primero que hacía era contarle cómo quedó cojo por culpa de un toro llamado Malahierba. Quizá fue por eso por lo que se hizo jardinero, para vengarse de alguna manera de aquel toro del diablo. Tenía entonces veintiún años y era la tercera vez que corría los San Fermines. ¡Qué tiempos aquellos! -repetía una y otra vez sin dejar de suspirar.
Por las mañanas, frente a la casa, en la arena de la playa, los jubilados jugaban a la petanca. Y por las noches, sobre todo en verano, el jardín de la casa era testigo y a veces refugio de excitantes escarceos amorosos de parejas adolescentes y de turistas noctámbulos. Incluso a veces se convertía en la pista de baile de algún botellón improvisado.
Cuando se sentía habitada la casa parecía sonreír. Sus colores brillaban con más intensidad y la luz que la circundaba se tornaba en un manantial de emociones y sentimientos. Los vecinos más cercanos aún hoy murmuran que la casa tiene vida propia, que es un lugar mágico para corazones puros. Pero es en la noche de San Juan cuando la casa se vuelve loca y disfruta como una niña con vestido nuevo. Esa noche la playa se llena de hogueras y el paseo marítimo, como si fuera un nido de golondrinas, es un incesante ir y venir de gente feliz que hace eterna la noche más corta del año.
Angelitas, la agente inmobiliaria que se encarga de enseñar la casa cuando aparece algún cliente es una mujer morena y muy bien vestida. Tiene treinta y cinco años y todavía vive con sus padres porque la comodidad hace tiempo que se apoderó de ella. De vez en cuando se refugia en la casita de colores para dar rienda suelta a su pasión más desenfrenada y lujuriosa con un novio culturista que se ha echado por internet.
El último interesado que visitó la casa con la intención de alquilarla fue un médico naturista. Con gafas y calvo tenía más aspecto de notario que de médico. Quería usar una parte de la casa como consulta y la otra como residencia familiar. Pero aconsejado por su esposa cambió de idea y al final decidieron irse a vivir a un ático cerca del casco histórico. Que según su señora era donde residían las familias más acomodadas.
Quienes viven allí (en la mágica casita de colores) como auténticos ocupas, como marajás de la paz y el sosiego, alejados del estrés y los prejuicios, son una gatita que se cuela en la casa cuando quiere y que mantiene el jardín y sus alrededores a raya de ratas y ratones. Y es allí donde ha traído al mundo a sus últimas camadas. Pero también hay un nido de golondrinas en la cornisa, un hormiguero en el porche y una tupida telaraña en la bodega donde aún se guardan algunos excelentes vinos.
Cuando paseas por delante de la casa sientes en lo más hondo de ti que el tiempo se detiene y la vida se alarga. Y es que no hay nada más importante que se le pueda pedir a un hogar que ser feliz entre sus cuatro paredes.





Autor Custodio Tejada