lunes, 25 de abril de 2022

ALTAR DE LUZ Y LUNA de Antonio Agudelo

 Opiniones de un lector. Por Custodio Tejada

ALTAR DE LUZ Y LUNA. De Antonio Agudelo.



ALTAR DE LUZ Y LUNA de Antonio Agudelo. Iruya Editorial. Tapa blanda, con las esquinas redondeadas. El libro se presenta como un cuaderno de campo, un cuaderno de dibujo o un diario de viaje. Tiene una portada minimalista, con letras de oro y carmín sobre fondo ocre, con aspecto de albero o papel de estraza y con tacto de cuero.  Un poemario con 163 poemas sin títulos y 240 páginas distribuidas de la siguiente manera: Un prólogo de Francisco Arriero Ranz, cuatro partes tituladas: Amoramor (con 46 poemas, 7 de ellos en verso libre y los demás en prosa), Covid-19 (con 48 poemas, 9 de ellos en verso libre y los demás en prosa), Química de la ira (con 40 poemas, 11 de ellos en verso libre y los demás en prosa) y Revolución ( con 29 poemas, 13 en verso libre y el resto en prosa), un Epílogo (En alianza con lo dicho) de Arturo Hernández González, más una foto y la biobibliografía del autor, y por último, los Agradecimientos. Aquí el autor ha dejado su alma esculpida en palabras, como si el libro entero fuera un epitafio extenso o un mapa-guía de viaje. Una imagen a todo color de una pintura mitológica de Tiziano, “La Bacanal de los Adrios”, te recibe a portagayola en la página tres. La escena, casi premonitoria, como una declaración de intenciones, aspiración suprema o deseo, predispone para afrontar la lectura que va más allá de su relato. Dicha pintura nos proyecta una visión dionisiaca de la vida, toda una écfrasis sinestésica intencionada para abrir boca desde el comienzo, para dejarnos clara “la voluntad epicúrea contra el pesimismo”.

 

Como dice Louis Aragon: “Un libro no se escribe de una vez por todas”. Sabemos que un libro sigue escribiéndose en cada lector. La escritura es el desbordamiento de la lectura, lo que el grifo abierto es a la jarra de agua que se derrama, otra forma de salir de nuestra zona de confort, aunque permanecer callados a veces nos sea más ventajoso y saludable. Hay que leer a los demás como nos gustaría que nos leyeran a nosotros mismos, con generosidad, con pasión, con valentía y con entrega, desde el respeto siempre, como si no hubiera otra cosa más importante que hacer en el mundo. Podemos leer mirando el vaso medio vacío o mirando el vaso medio lleno. A mí me gusta leer poniéndome en el lugar del autor, siempre en pro del libro que uno tiene entre manos, porque cualquier libro puede encerrar una lectura sublime, es cuestión de encontrar el momento y la chispa de yesca que encienda la magia. Hay que dedicarle el tiempo necesario para conectar con las dendritas lectoras del texto en cuestión, hasta hacer del autor y el lector un solo cerebro y un solo corazón, si es que ello fuera posible y compatible con la idea de ser un dragón con dos cabezas. No me siento un crítico literario, jamás lo he pretendido. No vivo de la crítica y a veces pienso que pierdo más que gano cuando doy mi opinión lectora a pecho descubierto. Soy un mar de dudas con algunas pocas certezas de las que a veces también dudo. Me considero un lector aficionado y autodidacta que anota su parecer sin más pretensión que la de compartir un punto de vista, un itinerario lector alejado de cualquier magisterio o tutela.

No quisiera ser yo uno de esos “lectores no deseados” que “atormentan al autor” de los que habla Friedrich Nietzsche. En “El nacimiento de la Tragedia” dice: ¿Acaso la voluntad epicúrea contra el pesimismo no sería más que la precaución del que sufre? Y en “El Caminante y su sombra” manifiesta una sinestesia que podría ampliarse de los olores a las emociones: “Olor de las palabras. Cada palabra tiene su olor, hay una armonía y disarmonía de olores y, por tanto, de palabras”. Escribe Reinaldo Arenas: “¡Oh, Luna! Siempre estuviste a mi lado, alumbrándome en los momentos más terribles…”, o, “mi mensaje no es un mensaje de derrota, sino de lucha y esperanza”. Peter Pan exclama en una de sus páginas: “¡Adelante! ¡Iros y creced! Pero cuando hayáis crecido no podréis volver a NuncaJamás.” Y Jhon Keats escribe que “la belleza es verdad y la verdad es belleza: eso es todo lo que necesitas saber en la tierra”. Para Gustavo Bueno “Poetizar es crear un mundo espiritual, con los materiales del mundo real: no es imitar la realidad dada y prosaica…, es una acción creadora de algo que sobrepasa la “realidad”..., es fundar el ser por la palabra…, es una forma de conocer… Poetizar es un pensar especulativo en imágenes”. Pues es ahí, desde esa encrucijada de citas, caminos e ideas, donde yo sitúo mi encuentro con Antonio Agudelo y su “Altar de luz y luna”. Antonio Agudelo poetiza su dolor y todas sus emociones como fórmula de alcanzar la gloria de la Belleza, el descanso del amor y la recompensa del Parnaso.

Ya el título “Altar de luz y luna” nos envía si no a lo sagrado, sí a lo mágico. Manifiesta lo que el texto tiene de ceremonial y de ofrenda, presentándose el autor como un chamán, un guía o un Prometeo, pero también como un poeta/cordero listo para el sacrificio. El autor se ha abierto en canal como fórmula de inmolación lírica o como un acto eucarístico revolucionario. ¿Y qué tipo de altar nos ofrece? Un altar pagano, erigido a un fin epicúreo, a la belleza entendida como un medio salvífico. El amor sin medida ni coartada. “El amor es el motor del mundo” –nos dice. El libro entero podría leerse como un credo o una oración pagana. “Creo en ti, poema” o “Creo en la palabra”  –reza en la página 15 o en la 98. La luna, un astro sin luz propia, que en latín significa “luminosa” o “la que ilumina”, y que en cuanto a su simbología nos lleva a la espiritualidad y representa a la Diosa Madre o a la Reina del Cielo. Por tanto, el título  pudiera parecer que tiene algo de oxímoron, pero en realidad actúa como un pleonasmo. Dice Lin Yutang que “Hay dos maneras de difundir la luz: ser la lámpara que la emite o el espejo que la refleja”. Pues aquí, Antonio Agudelo es las dos cosas al mismo tiempo: es lámpara y es espejo, es “Altar de luz y luna”.

Podemos leer en el prólogo de Francisco Arriero Ranz que  “Antonio Agudelo en Altar de luz y luna nos propone iniciar una búsqueda que dé sentido a la existencia, un viaje (iniciático) que va del amor a la muerte… y nos lleva de la ira que provoca la injusticia a la revolución”, “nos eleva hacia una especie de misticismo rebelde y sensual” o que “Es evidente que no es un libro para todos los públicos…” Y en el epílogo de Arturo Hernández González también leemos que “La asimilación de la realidad a través de imágenes es el primer recurso de este poeta cordobés para descifrarse”. “En Agudelo la poética asume contrastes de la ética humanista para reflexionar acerca de la otredad, la responsabilidad, la alegría, la dignidad, el dolor y la muerte… Ofrece su estética como una señal de compromiso y de memoria”. “Verso a verso, edifica un mundo dentro de su mundo”. “Ensaya con igual optimismo la prosa y el verso libre, para conseguir de ellos música e integridad”. En la Revista Colofón dice Arturo Hernández González que “la mística secreta es el fenómeno que mueve a Antonio Agudelo para dar luz a sus poemas… Parece practicar en su poesía una grácil –ética de la forma-, que supone en esencia un ejercicio de transformación espiritual sin el cual, la literatura quedaría vacía y relegada a una lectura estéril”. Y Janeth lanceros: “Este nuevo libro de Agudelo se detiene en la premisa de la poesía como necesidad y como lenguaje de cambio”. La obra contiene “una galería de pinturas y óleos, de canciones y salmos, de biografías poéticas y espionaje metafísico”. “Altar de luz y luna… estudia el motivo de estar en el mundo a partir de un examen de la belleza”. Su poesía mana “como interpretación de los sueños y las vivencias a partir de las sensaciones del autor”, “el mapa mental que es Altar de luz y luna”. José Miguel García Conde manifiesta en Culturamás.es: “Antonio Agudelo ha escrito un libro soberbio”, “se nos ofrece el mundo interior del poeta y la realidad que le rodea”. El poemario “acrisola composiciones en prosa poética y en verso” en los que siempre está presente el ritmo y la musicalidad. Y Rafaela Hames Castillo escribe en aceandalucia.es: El título “está lleno de plasticidad y sabiduría”, y el poeta “transciende cada línea para devolvernos estos aspectos magistrales de los instantes que suelen pasar inadvertidos. Con un lenguaje rico y sencillo a la vez, un estilo modernista, a la vez que onírico y un amplísimo bagaje cultural…”, “Antonio Ángel, demiurgo, está construyendo una liturgia, una mitología, unos motores de vida, muerte y orientación nuevos”. “Es la Belleza… Es el Amor… Es la muerte. He aquí una arcana trinidad a la que accedemos a través del discurso poético de Altar de luz y luna, un acto depurado que transforma la fe religiosa en una abrumadora rosa poética”.

Cuando abro el libro me ilumina una dedicatoria escrita con fervor y con una caligrafía para enmarcar que confirma la sensibilidad extrema del poeta Antonio Agudelo. Una página después emerge a todo color una pintura de Tiziano: “La Bacanal de los Adrios”, que está en el Museo del Prado, y de la que podemos leer en su página web que “la escena transcurre en la isla de Andros, tan favorecida por Baco que el vino manaba de un arroyo. Dioses, hombres y niños se unen en la celebración de los efectos del vino…”

Cuando lees a Antonio Agudelo, con su particular mirada romántica de la realidad, sucede “algo misterioso como la magia de los gusanos de seda”. Antonio Agudelo pertenece a la Generación X o a la Generación de Peter Pan, la que va de 1965 a 1982. En la Ecoaula del diario “El Economista” leemos que “la generación X aporta a las empresas experiencia, estrategia, capacidad de sacrificio, perseverancia y dedicación”. Según dice Luis Casal en Businessinsider.es, los que somos de esta Generación X (hijos de los Babyboomers y padres de los Millenials) tenemos “vidas activas, equilibradas y felices en las que dedicamos gran parte del tiempo libre a la lectura”, también añade que nos hemos convertido “en esa clase media conformista y con un nivel de comodidad medianamente duradero”, aunque blablablá… La cultura y la lectura son dos facetas esenciales para la Generación X. También para Antonio Agudelo es importante, tanto como el aire que respira. “Ya solo me interesa… que me lean después de mi muerte” –confiesa en la página 125. Y como diría el filólogo húngaro Béla Hamvas: “La verdadera obra es póstuma”. Sabiendo que eso dependerá no solo de la obra de cada uno (que debería ser la parte fundamental), sino también del canon imperante y de las fundaciones/lobbies/capillas-grupos/hermandades/modas de época/intereses/ideología… que haya detrás de cada autor o escuela. Álvaro Romero nos plantea en un artículo del diario El Correo: “¿Quién lee hoy a Jacinto Benavente?”. Un siglo de su premio Nobel y “parece mentira que el autor de Los intereses creados haya caído tan en el olvido después de haber escrito 180 obras de teatro...”. Pero esto es otro tema.

Todo el libro de Agudelo es una caja de ecos y resonancias, una conjunción de rituales que funcionan como una especie de hechizo o liturgia: “Donde crece la salvia contra las cosas malas y el orificio de la infelicidad, para alcanzar el equilibrio” –explica en la página 155. El libro cabalga entre una poesía social y una poética existencialista con el que contribuye a la construcción de una identidad literaria y mítica. Como ya hemos apuntado con anterioridad, aquí la palabra es entendida como parte de un ritual mágico, como un Altar de luz y luna, una especie de ofrenda/sacrificio, pero también como una verdad revelada. El texto nos va adentrando en la voz del alma de Antonio Agudelo como si fuera una oración laica, convertida ésta en la voz de una conciencia entregada y comprometida con la literatura y con la vida. “Oh Dios del viaje inevitable, Dios del destino” –implora en la página 78. Su forma de escribir pareciera que es una escritura automática, un aluvión de ideas, imágenes, nombres, recuerdos, confesiones, referencias, intertextualidades… “Piérdete en la inmovilidad del lenguaje, olvida los significados. Vive en la luz de las palabras” –refiere en la página 100. Y es que el texto que nos regala Agudelo a veces embriaga con su poderoso perfume surrealista: “Los  pesados relojes pendían de las torres como las calabazas de los huertos otoñales… El alba es una nube púrpura que sangra con el cuchillo de los gallos…”, o “el endecasílabo se levantará cuando se pudra el mármol”, mientras otras nos seduce con un toque metapoético: “La poesía es el infierno o la nada,/ la poesía es un gran enigma  y sin enigma no hay poesía”, “sin encarnación del verbo no hay salvación posible, para que la salvación se extendiera al dios y al hombre la palabra se hizo carne”, “La poesía es un manual de supervivencia…es la conciencia ética de la otredad, lo que da consuelo y es esperanza, lo que nos salva de la muerte”. Su poética también tiene algo de écfrasis sinestésica: “Un pintor dominico… una capilla ardiente dibujada con pan de oro… descienden las palabras.”. O con pinceladas costumbristas: “Una calle bastante larga por desgracia, con una farmacia de guardia, una peluquería de señores y caballeros, un carnicero que disfrutaba descuartizando carne, dos miserables restaurantes…”. O pinceladas más metafísicas: “¿Cuánto tiempo cabe en los ojos de un niño?/ ¿Cuánto tiempo cabe en los ojos de Dios?” Y otras pinceladas más  metaliterarias y políticas: “Antaño, un poeta clásico como Dante…/Ahora,/ lo que triunfa es la poesía vulgar y chabacana/ de los superventas como Marwan y Defreds.”. O “Será porque en España los premios son un cachondeo… Rafael Cabaliere”. “Lo dijo Rosa Luxemburgo. No leas a los poetas alemanes, a los partidarios del sufrimiento y de la purgación. No leas a los poetas comunistas, a los carniceros sonrientes que disfrutan descuartizando la carne, todos están locos… No al nuevo fascismo… No al analfabetismo político cuya retórica es el engaño… No es no”. O “viene Lutero hablando de la libertad y de los derechos humanos”. Algunos de sus renglones (tan contundentes que suponen chispazos que alumbran toda la página a modo de un nuevo mito de la caverna de la que él quisiera expulsarnos) podrían aparecer en una antología de aforismos: “Las palabras es el único refugio ético y moral que tiene la vida”, “…porque nada se pierde si vive en las palabras”, “los amores que matan nunca mueren”, “El cementerio es zona wifi” , “En la sala de espera, vivir es un sueño vacío”,  “Los cementerios están llenos de salvavidas y de poetas inmortales”, “Un cementerio es el mejor lugar para pensar en un curriculm vitae”.

Conforme vamos leyendo comprobamos que una letanía de nombres agita el texto como si fuera un cóctel intertextual. Palabras antena que emiten y reciben radiofrecuencias lectoras. Solo con mencionarlos ya se convoca su presencia y se crea un clima de diálogo o exorcismo, una estancia encantada o una música de aromas y estímulos. Así nos encontramos  con Wallace Stevens, Rimbaud, Michel Focault,  María Zambrano, Matshuo Basho, Dante, Shakespeare, San Juan de la Cruz, Manolete, Unamuno, Séneca, Góngora, Sócrates, Rilke, Kafka, Cervantes, Cernuda, Homero, Freud, Keats, Heidegger, Voltaire, Whitman, Mayakovski, Oscar Wilde, Hölderlin, Eliot, Vallejo, Lord Byron, Moliere, Quevedo, Hegel, Fichte, Leibniz, Lutero, Fray Luis de León, Ghandi, Heráclito, Cristo, Abraham, Job, Tarzán, Franco, Orfeo, Ulises, Capitán Trueno, Hitler, Caronte, Rosa Luxemburgo, Blas Infante, Greta Garbo… Pero también hay nombres que resuenan como una banda sonora: Chopin, Vivaldi, Paco Montalvo, Paco Alborán, Wagner, Beethoven, Vicente Amigo, Louis Amstrong. Y otros que hacen una écfrasis semántica como Leonardo da Vinci, Goya, Botticelli, Julio Romero de Torres, o referencias a Pablo Picasso y a sus cuadros “Las señoritas de Avignon” y “Guernica”… Nombres que señalan un itinerario de pensamientos y experiencias que el autor deja esparcidos por el texto a modo de hitos y señales, de puertas y ventanas. También nos encontramos un recorrido geográfico de lugares que nos hacen viajar dentro del viaje que ya de por sí es la lectura de “Altar de luz y luna” y que nos asaltan como un viacrucis crucigrama: Córdoba, Andalucía, Madrid, Viena, Venecia, Múnich, Senegal, Reino Unido, Villaviciosa, París, El Nilo, Las orillas del Tigris, Los Campos Elíseos, Canal de la Mancha, Jerusalén la Dorada, Troya, Marruecos, España, Nueva York, Egipto, León, Irak, Galilea… Porque “Altar de luz y luna” tiene algo de atlas y psicoanálisis, pero es sobre todo un viaje interior por el pensamiento y las emociones del poeta. Un viaje semántico que traza un itinerario de pensamiento a seguir. Y es que el autor viaja a través de las palabras, del lenguaje y su experiencia, “viaja de lo visible a lo invisible” o “de la existencia a la inexistencia” para encontrarse a sí mismo –revela en la página 82, o viaja “al centro del miedo” “para que nadie se muera de hambre, ni se quede sin luz, sin belleza y sin palabras” –advierte en la 64.

“Altar de luz y luna” es, por tanto, un espacio sensorial, una arquitectura hecha de lenguaje, como una atmósfera que va mutando página a página hasta hacerse estructura de un edificio en llamas. Tiene un sesgo de canto hímnico o de texto sagrado. Agudelo nos muestra el mundo que percibe con sus cinco sentidos a modo de lámpara y a modo de espejo. Y lo mismo te lleva en un par de renglones del presente y su sentir biográfico al mundo de las emociones y los homenajes, que de la luz a la luna. Así podemos leer: “regreso a la plaza del huerto hundido donde brilla maravillosamente el violín de Paco Montalvo triunfando en la sala Cargegie Hall de Nueva York”, “la banda municipal de mi pueblo cantaba Julio Romero de Torres pintó a la mujer morena…” O “¿Para qué viene el Circo del Sol a un pueblo perdido?”. “La palabra cuando se pronuncia crea un nuevo mundo, y también nosotros nos recreamos en una mágica metamorfosis. Así es tu viaje al gran misterio…” –relata en página 48.

Utiliza todos los recursos a su alcance para dotar al texto de efectos mágicos, desde la supresión o exceso de puntuación, abundancia de puntos y seguido, supresión de mayúsculas… Desde una escritura fragmentaria, a modo de puzle, lo mismo usa la prosa poética que el verso libre. Y la musicalidad del misterio es la atmósfera que todo lo envuelve en un aluvión de imágenes. Antonio Agudelo cuando escribe lo que hace es encarnarse en la Palabra, se hace lenguaje inmolado y sacramental, casi eucarístico por lo que tiene de sacrificio ritual. “La poesía es la encarnación de nuestra propia vida, lo que salva” –expele en la página 181. El poeta no solo escribe para ser feliz y encontrarle un sentido a la vida, sino esencialmente para compartir su luz y luna “que no cesa”, y para huir. “Hoy es un buen día para viajar a una isla en medio del océano y ser feliz”, o, “El poeta escribe para vivir, para escapar de su destino” –canta en la página 183 y 186 respectivamente. El poeta como un “Prometeo liberado” o un titán lírico “utiliza el conocimiento para vencer el mal y guiar a la humanidad desde el estado de inocencia ignorante hasta el estado de virtud mediante la sabiduría” –que diría Percy B. Shelley. Y es que la poética de “Altar de luz y luna” es un tanto mesiánica, un ritual donde las imágenes se convierten en iconos salvíficos. “Lucha por tus sueños porque se pueden cumplir” –confiesa en la página 202. Su escritura es una forma de hacerse testimonio y testamento, de reflejar una época, otra forma de ser herencia y querencia. “Este Altar de luz y luna era un buen lugar para vivir y morir. Realmente era un buen lugar para la muerte y la salvación” –sentencia en la página 63. También nos dice que “la poesía es una metáfora que contiene el mundo”, o, “lograré infundiros mi esperanza, mi fe en la luz de la Palabra”. Aunque sabe que “El poeta no elige el futuro, prefiere cambiar de zapatos en el umbral del desierto” y que “lo importante es alcanzar el equilibrio”.

El neurocientífico Juan Lerma afirma que “El cerebro es esclavo de las emociones… La literatura, la música, la pintura… son expresiones de una emoción que tienen como objeto provocar otras emociones”. El poeta cordobés contempla, medita, indaga, interpela, exorciza… y con esos hilos va tejiendo el texto hasta convertirlo en un acto/traje revolucionario hecho a imagen y semejanza suya, como una estancia que se construye a medida de su alma. Lo que hace es poetizar las emociones, especialmente el dolor, hasta ensalzar y sublimar la vida y la poesía. Y esa es la revolución/metamorfosis a la que aspira el poeta con su escritura, la gran revolución de provocar/compartir otras emociones en el lector. Antonio Agudelo que sabe que “En el sur no se puede ser desgraciado” porque “aquí estalla la alegría”, pide “un poco de respeto a la lengua, un poco de justicia poética”, y nos confiesa a lo Keats que “La luz se hizo Palabra. El mundo sólo puede ser salvado/ por la Belleza”, y esa es la máxima aspiración que tiene, hacerse Palabra, inmolarse en la Belleza de la Literatura como fórmula de alcanzar la inmortalidad, con la única intención de salvar al mundo con su poética y su utopía literaria, nada más y nada menos. Si mi consejo os sirve de algo, Antonio Agudelo merece muchas lecturas y ocupar un sitio en las estanterías de vuestra biblioteca.

 

Opiniones de un lector

Custodio Tejada.

Marzo de 2022


https://www.todoliteratura.es/noticia/56250/poesia/altar-de-luz-y-luna-de-antonio-agudelo.html


http://granadacostanacional.es/altar-de-luz-y-luna-de-antonio-agudelo/


lunes, 7 de marzo de 2022

BIGBUG de Jean-Pierre Jeunet

 OPINIONES DE UN ESPECTADOR. POR Custodio Tejada

BIGBUG Una película de Jean-Pierre Jeunet



BIGBUG de Jean-Pierre Jeunet. BIGBUG (“El gran error”: un título premonitorio). Un film de Jean-Pierre Jeunet, el director de la inolvidable y entrañable “Amélie” y de “Delicatessen”. Estreno el 11 de febrero de 2022 en la plataforma Netflix. Duración una hora y cincuenta minutos. Género: Ciencia Ficción, comedia, robots, Thriller futurista. Guionistas: Jean-Pierre Jeunet y Guillaume Laurant. Música: Raphaël Beau. Fotografía: Thomas Hardmeier. Producción francesa. Productora: Eskwad, Gaumont (Distribuidora Netflix). Reparto: Elsa Zylberstein, Isabelle Nanty, Claude Perron, Stéphane de Groodt, Youssef Hajdi, Claire Chust, François Levantal, Alban Lenoir, Marysole Fertard, Helie Thonnat, Juliette Wiatr, André Dussollier, Julie Ferrier, Nicolar Marié, Jean-Pierre Becker, Dominique Pinon, Cyril Casméze y Patrice Boisfer. La película nos plantea, de una manera equidistante y superficial, el pensamiento transhumano y las incertidumbres de un futuro posthumano que parece cada vez más cerca, aderezado todo con pinceladas de otros temas como las relaciones de pareja, pinceladas animalistas… La eliges porque al leer la sinopsis te crea muchas expectativas, pero el resultado final que ofrece no está a la altura esperada. Una película que quiere ser satírica y cómica, pero que se queda varada en los estereotipos y el tedio.

Las cosas no suceden por casualidad, tienen una correlación. Nuestro pensamiento y nuestra conciencia es fruto de muchas inercias que no siempre están decididas por nosotros mismos. ¿Cuánto hay de deconstrucción y re-construcción en nuestro día a día, estaremos viviendo un gran reinicio? El cine y la televisión en general, y las películas en particular, siempre han jugado un papel catequizador y adoctrinador importante en el siglo XX, y parece ser que mucho más lo va a seguir siendo en este siglo XXI. Y si no que se lo pregunten a Hollywood. Nada más catequista que los Western. Miremos la programación de sobremesa de Antena 3 en los fines de semana para comprobar cómo el “cine europeo” (con sus producciones alemanas, francesas…compradas por kilos) pretende dejarnos su impronta de “Arcadia Común” a la que aspiramos. A la vez que aparecen películas con un enfoque determinado y sibilino, los suplementos culturales de los periódicos se llenan de artículos y debates (como guías de conciencia) para reforzar con ahínco el matiz que nos lleva al terreno movedizo que siempre les interesa a los que deciden de veras y marcan nuestro destino.

Yuval Noah Harari nos advierte en “Homo Deus” que la inteligencia ya se está separando de la conciencia mediante los algoritmos. Elon Musk quiere conectar cerebros con los ordenadores. Klaus Shwab y otros economistas asocian transhumanismo y cuarta revolución industrial, y hablan del Gran Reinicio. Y otros nombres como los científicos Kevin Warwick o Neil Harbisson nos ponen de manifiesto que ese futuro transhumano ya forma parte del presente. Y el cine, que no se quiere quedar a la zaga, nos presenta películas como BigBug para estar a la “¿altura?” de su época.

            Sin intención de hacer un destripe de la película, en su sinopsis/resumen podemos leer: “En 2045, los robot se encargan de casi todo tipo de trabajo y dan a los humanos una vida muy cómoda. Los habitantes de un barrio tranquilo disfrutan de esta paz hasta que las máquinas se rebelan e intentan tomar el control del mundo. Un grupo de robots domésticos encierran a los humanos en su propia casa para protegerlos mientras la rebelión de los androides Yonix amenazan su existencia”.

El director, Jean-Pierre Jeunet, desde las primeras escenas filosófico animalistas, donde los androides Yonix con sus risas sarcásticas sacan a pasear a los humanos como si fueran perros o se ponen a torearlos, intenta captar nuestra atención a través de la provocación, a través de un enfoque satírico (cómico-burlesco), para provocar en nosotros una reacción, una toma de posición autocrítica o autoculpabilizadora, en ese refrito de planteamientos y suma de “chistes-bromas” que al final resulta ser BigBug (con la intención quizá de advertirnos que el Humanismo ha muerto). Con los estereotipos de siempre (como el planteamiento sobre la tauromaquia, el consumo de carne o las pinceladas animalistas) busca caricaturizar en la misma dirección tópica típica de siempre. Podría haber elegido alguna escena de los Yonix a los pies de “Madame Guillotine” cortando cuellos humanos a lo Robespierre (que hubiera sido más adecuada y sugerente para el argumento propuesto), pero eso habría sido demasiada autocrítica para el chovinismo galo, especialmente a la hora de afrontar su historia. Lo que no sabemos con seguridad es si esta película también forma parte de la agenda 2030-2050.

            El sello de Jeunet con su estética peculiar, ese toque juguetón de huella dactilar [diverguay]­ que el director le da a sus películas se percibe también en BigBug, pero no con el resultado y el éxito que consiguió en Amélie o en Delicatessen. Al mantener el mismo escenario durante todo el tiempo nos hace partícipes de esa claustrofobia que de alguna forma  pretendía transmitir el director al espectador, aunque al final la verdadera claustrofobia está en el aburrimiento que provoca, aderezado con una histeria de emociones y sentimientos que como dice Luis de la Iglesia en Mondosonoro.com resulta ser “una extravagancia visual y narrativa” que “ni divierte ni emociona”. Haciéndole honor al título, podríamos construir el símil de que “errar es cinematográfico”. BigBug, aunque con atisbos de entretenida, no cuaja, es lenta y cansa, y por tanto decepciona las expectativas creadas. Incluso David Pérez en “noescinetodoloquereluce.com” afirma que “la espera no ha valido la pena”. Oscar Cabrera en el artículo titulado: “Bigbug: el chiste sin gracia del creador de Amélie” dice: “Y lo peor llega porque la acción del regreso a la ciencia ficción de Jeunet se reduce prácticamente a los decorados multicolor de una casa, con todos los personajes gritándose entre ellos y cuatro robots domésticos intentando poner algo de cordura cibernética. Robots marcados por una misoginia que esperábamos extinta en 2045: la cocinera sigue siendo la mujer y la vecina cotilla tiene un robot macho que la consuela”. En contraposición, Mariano González, en cinemagavia.es nos cuenta que “BigBug es como una película coral. Hay una buena cantidad de personajes, cuya caracterización no es muy profunda, pero sí distintiva… Jeunet ha vuelto con una notable y burlona película, que se sirve de un humor heterodoxo para censurar a una humanidad cada vez más fascinada y dependiente de la tecnología”. Y es que aunque Jeunet ha pretendido hacer un film ameno y divertido rociando su obra con gotitas de erotismo, de suspense, de terror, de humor, de ciencia ficción, de crítica social… al final el perfume conseguido es una implosión pop art de olores sin matices.

            Sin llegar a ser apocalíptica, con una posición reflexiva equidistante sobre el fenómeno que ya estamos empezando a vislumbrar y a caballo de ser el ojo de un Gran Hermano que todo lo ve, la película con múltiples pinceladas temáticas pretende plantear un debate en las conciencias sobre la humanidad, el futuro de la ciencia y el progreso tecnológico que parece imparable en su llegada y quizá también en sus consecuencias. En el trasfondo último planea la relación sempiterna del poder y la cultura. Con una puesta en escena saturada de un colorido chillón que a veces roza la estridencia, igual que la caracterización de los personajes tan frikis que nos recuerdan al cómic, Jeunet nos pretende introducir en una aventura “cómico-filosófica” de un futurismo cada vez más de moda: El Transhumanismo y el Posthumanismo, aparte de otros temas como el animalismo, la Inteligencia Artificial... Con un argumento donde los robots del hogar actúan bien y desean ser como los humanos, mientras los rebeldes y revolucionarios androides Yonix planean exterminar a la humanidad, el director pretende plantear un debate en tierra de nadie, sin mojarse demasiado, políticamente correcto salvo en sus típicos chistes tópicos, quizá para no enfurecer a las élites que controlan y dirigen de forma absolutista, más allá de la democracia, nuestro futuro. La tecnología y la ciencia no entienden de democracia, sino de posibilidades, patentes y privilegios. Todo lo que la investigación nos permita será, independientemente de la conciencia y del tandem beneficios-perjuicios; los poderosos y los que deciden de verdad cambiarán una conciencia por otra si es necesario para sus intereses, de hecho ya ha comenzado la función.

            Hay diferentes corrientes: Transhumanismo versus Posthumanismo. Aunque ya, cada día más, ambos conceptos confluyen. El catedrático de filosofía Alfredo Marcos define el transhumanismo como “una ideología que aboga por la transformación profunda de lo humano por medios tecnológicos”. Marcel Gaullet afirma que se está produciendo una “mutación antropológica”. Para el teólogo Eloy Bueno de la Fuente (en su artículo “la Teología dialoga con el transhumanismo y posthumanismo” publicado en el confidencialdigital.com): “Estamos inmersos en una revolución antropológica y en un cambio de civilización”. “El Transhumanismo aspira a potenciar al ser humano pero sin superar el nivel de lo humano. El segundo, (el Posthumanismo) busca superar el estadio actual de la evolución para generar una especie distinta y superior al homo sapiens”. También afirma que “es probable que la pandemia tenga algo que ver con esto”.

            Robert Peperell, Hans Moravec y Marvin Minsky fundaron el movimiento intelectual transhumanista. Dice Peperell: “Los posthumanos serán personas de habilidades físicas, intelectuales y psicológicas sin precedentes, autoprogramados, autodefinidos y potencialmente inmortales” o que el humano “no estaría concebido como superior o singular y conviviría horizontalmente con robots y sería cíborg”. Solo hay que leer el “Manifiesto Transhumanista” para darse cuenta que estamos inmersos en un proceso que cambiará nuestra conciencia de una manera radical para poder dejar atrás el humanismo ¿lastre? y trivializar la identidad humana con la intención de poder hacer y deshacer a su antojo en el campo de la ingeniería genética, la inteligencia artificial… Sin plantearse siquiera si ¿lo que vamos a ganar compensa lo que vamos a perder? Solo nos atrae el “superpoder” jamás visto que ello nos otorgará en un planteamiento absolutista del futuro: Todo para la Humanidad, pero sin la Humanidad.

            En el artículo “Posthumanismo y los cambios en la identidad humana” de Gabriela Chavarri Alfaro, publicado en la revista Reflexiones (scielo.sa.cr) podemos leer: “Para los transhumanistas, el hombre posthumano sería ya una persona de unas capacidades físicas, intelectuales y psicológicas sin precedentes, porque ya habrían sobrepasado los límites biológicos, neurológicos y psicológicos”. “Los defensores del posthumanismo como los representantes del transhumanismo no creen que exista ninguna esencia espiritual o alma en el ser humano y reafirman la idea que… la identidad humana es una identidad concebida como pura materialidad”. ¿Podría entenderse toda la ideología de género como una antesala o campo de experimentación para lo que nos espera en esa posrealidad posthumana? –pregunto. Gabriela Chavarri continua diciendo: “El pensamiento posthumanista debería ser parte del debate público y del debate académico porque sus ideas sobre el futuro de la humanidad promueven cambios radicales en las bases sobre las que está construido nuestro mundo, y porque es el pensamiento que se encuentra muchas veces sustentando la acción de compañías transnacionales, farmacéuticas, institutos de investigación avanzada, laboratorios, asociaciones médicas… Además, es parte también del imaginario del futuro de la humanidad que se propaga a través del cine y los grupos mediáticos”. “En este sentido, el posthumanismo pareciera encarnar más bien los deseos de una élite mundial postindustrializada y millonaria que tiene cubiertas sus necesidades humanas tan completamente que ahora puede ponerse a pensar en las diferentes formas para extender su existencia… Podría también ser el instrumento para crear otro tipo de discriminación, la discriminación genética”. Y ahí tenemos otras películas de androides que apuntan por ahí como “Vice” de Brian A. Miller estrenada allá por 2015, y otras que apuntan en dirección de las modificaciones genéticas como puede ser “Clifford, el gran perro rojo” de Walt Becker, estrenada en 2021 para el público más pequeño…

Dice Nietzsche en “La gaya ciencia” que “…guardémonos de afirmar que hay leyes en la naturaleza. No hay más que necesidades”, o “la humanidad es un prejuicio, de la que los animales no adolecen”. Incluso los políticos se permiten “bromear”  haciendo declaraciones como la del primer ministro británico Boris Johnson: “Podríamos alimentar a los animales con seres humanos”, planteándola como una medida para atajar el cambio climático. Virtudes Azpitarte García autora del ensayo “Nietzsche y los animales” plantea que el animalismo es el nuevo humanismo, y que “la pregunta por el hombre es la pregunta por el animal”. Pero el posthumanismo va más allá, y es también “la gran cuestión en la filosofía de Nietzsche”. Javier de Lucas manifiesta que [Sin duda, Nietzsche ofrece una lectura corrosiva, debeladora de lo jurídico y aun de la noción de derechos humanos… A juicio de alguno de nosotros, creo que también de Virtudes Azpitarte, es una crítica certera, no tanto contra lo que entendemos por la igual garantía de necesidades básicas por las que no debemos dejar de luchar, sino frente a esa superchería que es la religión de los derechos humanos, con sus iglesias, sacerdotes y dogmas, con su antropocentrismo y también su patriarcalismo y eurocentrismo, una religión que se revela como un instrumento particularmente eficaz de domesticación, mediante esa falacia que consiste en proporcionar la buena conciencia propia de “hombres mejorados”] Y planteo yo: ¿No estaremos con el Transhumanismo/Posthumanismo justo en el mismo sitio cuántico que nos plantea la anterior cita, o en algo similar? Caminamos por una época en la que parafraseando la frase que nunca dijo Groucho Marx podemos creer: Esta es mi conciencia, pero si no le gusta tengo otra. Todo esto nos demuestra que el ser humano y la Humanidad misma están mutando, Nietzsche y su superhombre están cada vez más cerca (a pesar de que la experiencia nazi no nos vislumbre nada bueno), y aunque para ello tengamos que dejar de ser humanos, he ahí la paradoja, con permiso de Peter Sloterdijk mediante, ese filósofo posthumano continuador del sueño de Nietzsche, eugenesia de por medio. Para que el poshumanismo triunfe es necesario un mecanismo/proyecto eugenésico, una estrategia de ingeniería social que quizá ya haya comenzado y no seamos conscientes de sus efectos. Las élites no consultarán a la mayoría para seguir con sus planes, simplemente nos “convencerán con inmunidades de rebaño” de sus ventajas sin detenerse en los inconvenientes, apartando al disidente y al discrepante con pasaportes o cuarentenas si es preciso. Francis Fukuyama dice: “La amenaza más significativa planteada por la biotecnología es la posibilidad de que ella alterará la naturaleza humana y nos llevará a un estado poshumano de la historia. Esto es importante, yo diría, porque la naturaleza humana nos ha proporcionado una continuidad estable a nuestra experiencia como especie”. Y añade: “Es la idea más peligrosa del mundo”. En contraposición, Ronald Bailey comenta que el transhumanismo es un “movimiento que personifica las más audaces, valientes, imaginativas e idealistas aspiraciones de la humanidad”. El mercado está abierto, entren y compren su mercancía, el pensamiento que mejor les vaya en cada momento y según apetezca a cada conciencia.

            Como por arte de sincronía, justo ahora, también se publica el ensayo “Breve historia de la especie humana. Hacia un nuevo modelo.” De María Zabay y Antonio Casado, en la editorial Berenice. Nos cuentan que “es ahora cuando vivimos el verdadero salto que está modificando nuestras vidas y nos transformará a nosotros como especie”. La ciencia en estado puro: Robótica, genética, inteligencia artificial, nanotecnología… “Los avances como la robotización, la automatización, el 5G, el 6G, el 7G y el transhumanismo van a cambiar el mundo en los próximos años. Por ello, debemos mirar a nuestro interior, analizarnos como colectivo y definir las fronteras de lo moral e inmoral para que científicos y tecnólogos sepan hasta dónde llegar y a dónde no acercarse…” En un artículo publicado en el suplemento ABC XLSemanal y firmado por Carlos Manuel Sánchez se dice que el transhumanismo además de una ideología es también un mercado y tiene un valor. Se estima que moverá 56.000 millones de euros en 2028 según el índice Global Biohacking Market. Y en ese interés de transformación de lo humano por la tecnología, ya aparecen nuevos términos como Cíborgs, biohackers, grinders… un laberinto de nuevas tribus “urbanas” que ya empiezan a estar aquí, y otras inimaginables que están por llegar.

La filósofa Francesca Ferrando dice en la revista Conecta: “El mensaje más importante del Posthumanismo es entender una coexistencia que no solo engloba al ser humano como múltiple, sino también la ecología con los animales, el aire, las plantas y el cosmos. La tecnología ayuda a entender quiénes somos”. “Debemos darnos cuenta del impacto de la tecnología que no puede entenderse como algo que estamos usando; ya no es solo un medio, es algo con un poder ontológico, que explica lo que significa el ser, la existencia”. Está claro, añado yo, que lo que nos plantea el Posthumanismo es un cambio de conciencia, un nuevo paradigma ético y moral con el que borrar nuestro pasado antropocéntrico para siempre. Para el Transhumanismo el hombre actual ha transcendido sus límites, como dice Ferrando es “interesente porque abraza la ciencia y la tecnología conocida y la que está por emerger; se habla de nanotecnología, biotecnología, inteligencia artificial y transferencia de la mente en la máquina; posibilidades radicales que cambiarán la genealogía de lo que se entiende por ser humano”. Y añade: “La especie humana necesita sentirse escuchada, necesita entender lo que está pasando y para ello no podemos solo poner millones de referencias, tenemos que explicarlo en un lenguaje que se entienda”. Y eso es lo que quizá  ha pretendido Jean-Pierre Jeunet con BigBug, poner sobre el tapete un debate no muy bien urdido ni planteado y que pretendía ser inteligible. Así que como un aperitivo del tema que aquí planteamos no está mal ver BigBug, sabiendo que es decepcionante en muchos sentidos.

 Si el posthumanismo nos plantea que animales, humanos y máquinas compartimos el mismo estatus ontológico, por tanto, el principio de Protágoras: “El hombre como medida de todas las cosas” ya no nos sirve, o al menos, eso es lo que nos están planteando y nos pretenden imponer desde todos los frentes. Juan José Millas también declara que “La Transferencia de identidad a la máquina me parece posible… ya no me parece irreal que nuestra conciencia pueda trasladarse a una inteligencia artificial. No es inverosímil y es una cosa deseable”. Y el físico Freeman Dyson dice que “la humanidad me parece un comienzo magnífico, pero no la palabra final”. Yendo por donde vamos ¿dónde quedará el materialismo científico o el cierre categorial de Bueno en la era posthumana? El ser humano siempre ha perseguido la inmortalidad o la fuente de la eterna juventud, pero ¿dejará a un lado la obsolescencia programada de frigoríficos, lavadoras… que tantos beneficios produce o la convertirá en una especie de control remoto o en una futurista versión eutanasia 2.0 de androides y posthumanos para seguir con la ganancia? Para terminar os voy a contar una anécdota que me ocurrió el otro día. Entro en un bar, pido una cerveza y oigo la conversación de unos jóvenes de no más de veinte años donde uno dice: “En algunas cosas vamos para atrás, pero nos venden la película como si fuéramos palante”.Y a lo mejor, digo yo, es que ha llegado el momento en la Humanidad de plantearnos La Gran Renuncia y no El Gran Reinicio. A los que habéis sido capaces de leer toda esta larga disertación os doy las gracias y os dejo una pregunta casi apocalíptica que retumba en mi mente y no espera respuesta, al menos de momento: ¿Nos llevará nuestra inteligencia a la extinción como especie? Confiemos en que la curiosidad no mate al gato. Pero mientras todo esto fragua Rusia invade Ucrania.

 

Opiniones de un espectador

Custodio Tejada

25 de febrero de 2022



https://www.todoliteratura.es/noticia/56131/bigbug-de-jean-pierre-jeunet.html

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miércoles, 24 de noviembre de 2021

LOS ÚLTIMOS DESEOS de Andrés Ortiz Tafur

 OPINIONES DE UN LECTOR. Por Custodio Tejada

LOS ÚLTIMOS DESEOS de Andrés Ortiz Tafur.




LOS ÚLTIMOS DESEOS de Andrés Ortiz Tafur. Editorial Sílex. Colección Cuentahilos. La imagen de la cubierta es también del autor: un tendedero con una colada tendida que desprende una paciencia infinita, donde un banco parece esperarte al atardecer o al amanecer. Todo un presagio de la silla cómplice que te espera dentro, una forma de ser y de estar en la vida y en las ideas, pero también en la literatura y en el mundo. 89 relatos/capítulos/artículos (muchos publicados en prensa), más un prólogo de Ernesto Calabuig y “Agradecimientos”. 200 páginas en total. El libro alterna las páginas escritas y en blanco, los textos en las páginas impares y las pares permanecen inmaculadas. La mayoría de los fragmentos/artefactos/ensiemplos solo tienen un párrafo, de unos 20 o 25 renglones en su mayoría, de unos 1100 caracteres aproximadamente  y sobre 280 palabras cada uno,  con un empaque posmoderno y a la vez costumbrista. Se balancea en un terreno fronterizo y movedizo, a caballo entre el diario, la crónica, la autoficción, lo poético, lo pictórico, lo filosófico, lo periodístico, lo autobiográfico, lo político, lo didáctico, lo moralizante… Este libro es un espacio yoísta que busca o pretende ser una voz colectiva o erigirse en opinión pública, una colada ecléctica (en sus dos acepciones: como ropa tendida, pero también como masa de lava que también expulsa bombas volcánicas) de 89 retazos/retales/prendas/vestidos que como un tendedero existencial pone el autor a secar al sol de los ojos lectores. Es su forma/código de entender el cuerpo ciudadano y la belleza ideal de estar/caminar en el mundo, en este caso en Santiago-Pontones, como paradigma de la España vacía-da y el mundo globalizado posmoderno. Ante todo, Los últimos deseos, es un territorio geográfico y literario, pero también un territorio intertextual y algorítmico, fundamentalmente con “La España vacía” de Sergio del Molino como late motiv que todo lo enmarca, pero a mi entender también con Pedro Antonio de Alarcón, Gerald Brenan y don Juan Manuel. En este libro el autor establece un pacto claro consigo mismo, pero también con el lector, como paradigma del otro, y en cierta medida, tienes la sensación de estar viviendo una inercia que te empuja a pensar que el conde Lucanor estuviera hablando con Patronio sobre sus reglas, sus valores, su pensamiento, su mirada, sus deseos de simetría y orden hasta convertirse en un relato catecismo de época. Escrito con una prosa brillante que engancha y seduce es un libro de ágil y amena lectura. 

En toda sociedad y en toda época siempre se le pretende buscar a cada cosa un patrón, un canon y una medida. Tanto para leer como para vivir hay que alejarse, cuanto más mejor, de las susceptibilidades y demás ñoñerías. Si algo mágico hace la lectura es que termina construyendo consciencias. La lectura profunda de un libro produce un trance telepático e hipnótico que genera hipervínculos entre el autor y el lector hasta empatizar o ecpatizar, según el momento y la causa. La lectura adecuada consigue que la biblioterapia se convierta en un modo de sanación o solución a nuestros problemas cotidianos, pero la lectura inadecuada puede provocar la enfermedad y hasta la muerte, entendida ésta como antesala de otro reinicio. Todo libro pretende transmitir un punto de vista, en definitiva, un modo de ser y de estar en el mundo y en las ideas. Quizá escribir o leer no sea una virtud como a veces lo pintamos, sino el mayor de los defectos, por lo que a veces encierra de vanagloria y supremacismo. Pero éste no es el caso, porque creo que he leído este libro al alimón de cómo ha sido escrito, observado y vivido. Unos fragmentos los he leído en el coche mientras esperaba, otros sentado en la terraza de un bar a la luz de un café o una cerveza, otros en el parque a la sombra de un árbol, algunos debajo del flexo, varios en la mesa camilla abrazado por el sofá o en la cama antes de irme a dormir, en la habitación de un hotel o en la parada del autobús rodeado de viajeros. Una forma de leer muy posmoderna. Es una intuición, claro, y como toda intuición tiene algo de fantasía y algo de premonición. Cuando uno emite una opinión lectora lo que menos quiere es meter la perra en las cebollas, pero hemos de saber que toda reseña o ensayo de un libro, por disparatada que sea, es una especie de fajana literaria de dicho texto. Y como bien dice Andrés Ortiz Tafur metalingüísticamente: “Malditas palabras, no solo se las lleva el viento, también se abren a infinidad de reinterpretaciones”. P.81

Nos aconseja el filósofo Gustavo Bueno en su ensayo “El mito de la cultura”: “Toma tu barco y huye, hombre feliz, a toda vela desplegada de cualquier forma de cultura”, y también nos previene que “el ideal de la cultura es como la forma actual del opio del pueblo”, o que “la cultura es la gran justificación de nuestro tiempo: los poderes… se legitiman ante los ciudadanos por la cultura”. La cultura, esa patente de corso, esa nueva diosa y esa nueva fe que nos hace fieles adeptos y devotos creyentes que se salvan por la mera fe en ella.

            ¿Ha muerto el espíritu crítico y el pensamiento aspersor ha ocupado su lugar? Wikipedia nos dice que “el término -corrección política- juega un papel importante en la guerra cultural de los Estados Unidos entre progresistas y conservadores”. “Se utiliza para descubrir el lenguaje, las políticas o las medidas destinadas a evitar ofender o poner en desventaja a personas de grupos particulares de la sociedad”. Aunque desde esta perspectiva también....SI QUIERES TERMINAR LA RESEÑA...


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Opiniones de un lector

Custodio Tejada

Noviembre de 2021

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viernes, 29 de octubre de 2021

EL TERCER REINO de Santos Domínguez

OPINIONES DE UN LECTOR. Por Custodio Tejada

EL TERCER REINO de Santos Domínguez



EL TERCER REINO de Santos Domínguez.  Editorial Pretextos, Poesía. Portada color azul cielomar con letras en azul oscuro y blancas. 77 páginas y 56 poemas, uno introductorio y los demás divididos en tres partes: la primera titulada “Híbrido mundo “con 20 poemas, la segunda titulada “El pájaro en la nieve” con 15 poemas y la tercera titulada “Punto de fuga” con otros 20. Primera edición Septiembre de 2021. Cuando lo lees parece que te está mirando El ojo de Dios (la Nebulosa Hélix) –como apunta el autor. Es como si estuvieras experimentando un despertar espiritual y nadaras en una galaxia de versos y sensaciones que se hacen rezo y oración, libro y laberinto. Un poemario cuántico, lleno de “resonancias”, sinestesias, sincronías, serendipias, sinergias, reminiscencias e intertextualidades que nos llevan a otros campos, a otras ideas, a otros libros-mundos paralelos, pero también es críptico, telúrico, surrealista en apariencia, metafísico, místico, metalingüístico…Aquí el lenguaje se hace materia mental transcendente e inductora.


La literatura actúa sobre la realidad, el efecto literatura podría entenderse como una reacción cuántica en la materia mental sincrónica que conduce a nuevas alternativas o posibilidades de pensamiento, a mundos paralelos de interpretación y por tanto de percepción lectora que transforman el resultado final observado. Dice James McCosh: “Un buen libro no es aquel que piensa por ti, sino aquel que te hace pensar”. Rafael Guillén expresa que “la poesía del siglo XXI no debe dar la espalda ni a la ciencia ni a la técnica”. Y Jimy Ruiz Vega sentencia que “El prólogo de todo libro lo pone la curiosidad del lector que lo toma entre sus manos”. Así que, quien se acerque a esta reseña le pido que la entienda como un prólogo que escribo para mí mismo y no necesario para la lectura de “El Tercer Reino”. También dice Jimy Ruiz Vega en El Frescambre: “Podríamos afirmar que los escritores oyen el silencio, descubren lo invisible y lo insólito y, después, lo cuentan… pero hay otros pocos… que tienen la cualidad de escuchar el pálpito del lenguaje.” Justo Sotelo confirma que el relato de J. L. Borges “El jardín de senderos que se bifurcan”  “es una mezcla entre la literatura y la Física cuántica, ya que Borges era un escritor atento y sabía que en sus textos se tenía que hablar de los últimos avances científicos”. Y dentro del relato de Borges podemos leer: “ Ts´ui Pên diría una vez: Me retiro a escribir un libro. Y otra: Me retiro a construir un laberinto. Todos imaginaron dos obras; nadie pensó que libro y laberinto eran un solo objeto”. ¿Será el lenguaje la máxima expresión cuántica de nuestro cerebro o el eslabón que manifiesta la unión mística con el resto del Universo? Según el principio de symploké no todo está conectado con todo; sin embargo, el mundo cuántico recurre al monismo del todo está conectado con todo para explicar su otra realidad globalizada. Por lo que podríamos aventurar que autor y lector, por entrelazamiento cuántico, estarían conectados irremediablemente desde siempre y para siempre. Desde el Principio de Incertidumbre cuando uno lee un libro, además de leer a otro, también está leyéndose a sí mismo en un proceso de individuación, porque en cierta medida la lectura y la escritura son también un “campo morfogenético”. Flora Lewis afirma que la Incertidumbre es “un principio que requiere respeto y cierta deferencia hacia las ideas y opiniones de los demás”...


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Opiniones de un lector.

Custodio Tejada




miércoles, 6 de octubre de 2021

MADRE LLUVIA de José Antonio Santano

OPINIONES DE UN LECTOR. Por Custodio Tejada

 MADRE LLUVIA de José Antonio Santano.

MADRE LLUVIA de José Antonio Santano. Olifante, Ediciones de Poesía. 70 páginas. Editado con la ayuda del Departamento de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de Aragón. Publicado el 29 de abril de 2021. El título, con dos sustantivos en aposición, configura una metáfora potente en relación a lo que nos espera dentro: una memoria que no quiere caer en el olvido sino formar parte de la historia. Madre lluvia, un título lleno de fuerza expresiva y cierto animismo concomitante. Una fotografía a página completa del autor nos mira con cordialidad en la página 7, está realizada por Ramón Torres Piernagorda. Después tres citas predisponen la lectura, una de José Ángel Valente, otra de Pablo García Baena y la última de Antonio Colinas. A continuación una introducción de Alfonso Berlanga Reyes coloca las primeras señales faro del sendero que vamos a transitar. El poemario está dedicado a su madre, in memoriam, con Iponuba-Baena al fondo, como geografía matriz. Después un poema largo partido en 23 fragmentos, más una plegaria y un epílogo a modo de epitafio reparador, y una nota biobliográfica del autor al final.  Y detrás, el colofón y cuatro páginas con todos los títulos y autores publicados en esta colección. La Guerra Civil y la memoria enmarcan la poética de este libro estanque que viene acompañado con un marcapáginas y una postal con la fotografía del autor en luz sepia. Texto y paratexto conforman un libro delicadamente escrito y editado donde contenido y continente se dan la mano.

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viernes, 13 de agosto de 2021

JUNGLE CRUISE. Un film dirigido por Jaume Collet-Serra

 OPINIONES DE UN ESPECTADOR. Por Custodio Tejada

JUNGLE CRUISE. Un film dirigido por Jaume Collet-Serra

JUNGLE CRUISE. País: Estados Unidos. Un film dirigido por Jaume Collet-Serra. Los guionistas son John Requa, Glenn Ficarra y Michael Green. Nos viene presentada con el sello Disney, Walt Disney Pictures. Un amplio elenco de actores y actrices encabezados por los protagonistas Emily Blunt y Dwayne Johnson. Estrenada en los cines españoles el 31 de julio de 2021. No es inocua.  Contiene una gran carga de hispanofobia y de leyenda negra, y también de mito del buen salvaje.




JUNGLE CRUISE. País: Estados Unidos. Un film dirigido por Jaume Collet-Serra. Los guionistas son John Requa, Glenn Ficarra y Michael Green. Nos viene presentada con el sello Disney, Walt Disney Pictures. Un amplio elenco de actores y actrices encabezados por los protagonistas Emily Blunt y Dwayne Johnson. Estrenada en los cines españoles el 31 de julio de 2021. No es inocua. Contiene una gran carga de hispanofobia y de leyenda negra, y también de mito del buen salvaje.

Otra película de aventuras Disney de 2021 con un relato de estereotipos adoctrinadores ya convertidos en tópicos negrolegendarios e hispanófobos que tanto interesan en Estados Unidos y en algunas otras latitudes tanto geográficas como ideológicas y que tanto perjudican a Hispanoamérica y España. Apoyados en el mito del buen salvaje, la doctrina Monroe y sucedáneas no descansan de imponernos su hegemonía cultural de la mano de los nuevos “Bolívares” del siglo XXI que siguen buscando su botín de guerra en la división y los complejos de la Hispanidad.

Desde el principio, a modo de bautismo, como si fuera un retablo barroco, el relato empieza a inocularnos sus doctrinas y dogmas confiando en hacer adeptos de su fe a los más pequeños de la casa y a cualquier espectador poco leído. Como película no es gran cosa, pronto podemos advertir que es una mala réplica de Tomb Raider o Indiana Jones, un tanto pesada y con algunos entretenidos efectos especiales.

Desde hace siglos nuestras élites disfrutan escupiendo hacia arriba, quizá porque es condición sine qua non para sentarse a la mesa de los vencedores que reparten las credenciales y las prebendas del “mundo civilizado y la corrección política” en cada época. De Fernando VII a Fernando Trueba pasando ahora por Jaume Collet-Serra podríamos decir irónicamente que estamos bien protegidos y representados por nuestras élites y no necesitamos enemigos externos. Todo sea por la posverdad, la libertad y la autoestima posmoderna. La leyenda negra, como un caballo de Troya regalado, no descansa en su intento de destruirnos en todos los frentes, y como una hidra, cuando crees que la estás venciendo se reproduce con más virulencia.

En un artículo publicado en El español, por Marcos Ondarra, podemos leer que, como señala Alberto Gil Ibañez, autor de La leyenda negra: Historia del odio a España, “el movimiento indigenista ha resurgido milagrosamente al mismo tiempo que se ha unido con movimientos izquierdistas”: “Una combinación absurda ante la que cabe preguntarse Qui prodest? -¿A quién beneficia?. Según Alberto Gil todo sucede con la intención de “ocultar las leyendas negras de los demás”, en referencia a Inglaterra y Estados Unidos. “Ellos sí que perpetraron un verdadero genocidio, con una filosofía de fondo que lo justificaba. Nada que ver con los españoles, que fueron ayudados en su labor por –indígenas esclavizados y sistemáticamente asesinados (y comidos) por aztecas e incas”. Y continúa diciendo: “El mito del paraíso prehispánico no se sostiene mientras se olvida el modelo más que exitoso que representó la América Virreinal. Con la independencia, los indios perdieron derechos, tierras y hasta la vida, pero de esto no se habla”. Y añado yo: No se hacen películas. “En lugar de apuntar a las élites criollas o a la intervención extractiva del mundo anglosajón en la américa hispana postindependencia se opta por la cantinela de utilizar a España como chivo expiatorio”.

También podemos leer en el ensayo Madre Patria de Marcelo Gullo Omodeo que “Es justamente esa intelligentzia (británica) la que introdujo en Hispanoamérica la leyenda negra para disolver al imperio español; el libre-comercio para hacer de cada república un apéndice de Gran Bretaña, y el nacionalismo de campanario para que nunca más se pudiese pensar en la reconstrucción de la unidad perdida”. O “la difusión entre las élites criollas hispanoamericanas de la leyenda negra de la conquista española de América constituyó la columna vertebral del imperialismo cultural anglosajón para derrotar al imperio –hispanocriollo-, ya que sembró en éste el germen de la secesión. Luego, curiosamente, la posta de la prédica de la leyenda negra recayó en las manos de EE.UU y de la Unión Soviética”. “Hasta el día de hoy, para la mayoría de los historiadores, politólogos, sociólogos y –opinólogos- norteamericanos, la conquista del Oeste realizada por EE.UU fue una grandiosa gesta, sin embargo, la conquista española de América fue un atroz genocidio”. En el ensayo Morderse la lengua Darío Villanueva nos dice: “El pensamiento –fuerte-, el metafísico, solo puede ser ejercido imperialistamente por los vencedores, perpetuadores del statu quo”. Y eso es precisamente lo que pretende este largometraje, Jungle Cruise. Y así podríamos seguir… preguntándonos ¿por qué no hay películas similares donde se pongan a británicos, estadounidenses, franceses, holandeses, belgas… en idénticos o peores guiones cinematográficos?

En ella encontrarás una página más de Hollywood y de Disney llena de leyenda negra e hispanofobia, amparándose en el mito del buen salvaje, con la clara intención de dirigir y manipular  las emociones y los pensamientos de los espectadores. Para ver este tipo de películas, que parecen inofensivas y no lo son, los espectadores deben acudir leídos, y antes y después de verla, deben hablar o practicar un cine fórum con sus hijos si no quieren ser devorados por la manipulación y la tergiversación de la historia y sus dañinas consecuencias.


Custodio Tejada

Opiniones de un espectador

Agosto de 2021

https://www.todoliteratura.es/noticia/55753/cartelera/jungle-cruise-del-cineasta-espanol-jaume-collet-serra.html


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domingo, 13 de junio de 2021

CUERPOS DE CRISTO de Antonio Praena

 CUERPOS DE CRISTO de Antonio Praena. Por Custodio Tejada,

CUERPOS DE CRISTO de Antonio Praena. Editorial Visor.  XIX Premio Emilio Alarcos. 62 páginas. Aproximadamente unos 600 versos repartidos en 26 poemas. El libro tiene dos partes, la primera titulada VOSOTROS con 13 poemas y la segunda titulada ECCE HOMO, con otros 13 poemas. Una ilustración-autorretrato de Juan Praena Medina (padre del poeta) da color a la portada: Unos pies cruzados que nos invitan a imaginar la cruda realidad del camino. La gratitud es crucial para comprender la ofrenda que representa este poemario en cada parte y en su conjunto.




CUERPOS DE CRISTO de Antonio Praena. Editorial Visor.  XIX Premio Emilio Alarcos. 62 páginas. Aproximadamente unos 600 versos repartidos en 26 poemas. El libro tiene dos partes, la primera titulada VOSOTROS con 13 poemas y la segunda titulada ECCE HOMO, con otros 13 poemas. Una ilustración-autorretrato de Juan Praena Medina (padre del poeta) da color a la portada: Unos pies cruzados que nos invitan a imaginar la cruda realidad del camino. La gratitud es crucial para comprender la ofrenda que representa este poemario en cada parte y en su conjunto.


 


         Afirma Fray Luis de León en su libro De los nombres de Cristo que “La poesía… sin duda la inspiró Dios en los ánimos de los hombres, para, con el movimiento y espíritu de ella, levantarlos al cielo, de donde ella procede; porque poesía no es sino una comunicación del aliento celestial y divino…”. También que “…las Escrituras que llamamos sagradas las inspiró Dios a los profetas, que las escribieron para que nos fuesen, en los trabajos de esta vida, consuelo, y en las tinieblas y errores de ella, clara y fiel luz”. En muchas ocasiones las lecturas de los libros se entrecruzan por caprichos del destino y nos ayudan a comprender mejor lo que leemos, estableciéndose entre ellos una conversación mutua y un canal de vasos comunicantes. Mientras leía Biografía de la luz y Cuerpos de Cristo, ambos se iban abriendo paso a la luz compartida del mismo misterio celebratorio y gozoso. Ambos se retroalimentaban entre sí.

         Dice la flamante Premio Reina Sofía de Poesía, la poeta portuguesa Ana Luisa Amaral, que la poesía puede mejorar el mundo, pero que “la poesía no sirve para nada y por eso es absolutamente fundamental”. Pablo D´ors manifiesta en una entrevista para ABC Sevilla: “La palabra cuando nace del silencio actúa. Las palabras si nacen del silencio, pueden cambiar el mundo. Escribir o hablar es un ejercicio espiritual”. También dice Pablo D´ors en su libro Biografía de la luz que “leer desde el interior es lo que de verdad alimenta”. Y leer a Antonio Praena es adentrarse en la voz del alma a través de la poesía, porque eso es lo que pretende el poeta de Purullena: mejorar el mundo con sus versos, como un buen hermeneuta nos ayuda a comprender y nos eleva.

Antonio Praena con cada nuevo libro que publica se hace cada vez más grande. La poesía de Antonio se encarna en los nombres, los convierte en palabras mayores, son palabras llenas de vida y de fe. Sin lugar a dudas está llamado a ocupar un lugar destacado en el Parnaso. El propio poeta dice en la revista Secretolivo que “No veo llegar los libros hasta que ellos se van encarnando por sí mismos”, o, en una entrevista para Valenciaplaza.com: “Quiero cederme y ser medio para que la realidad llegue al poema”, “La poesía, que es palabra y, en una clave teológica, palabra en la Palabra, en el logos, en el Verbum, por supuesto que es una privilegiada en ese servicio, en esa diaconía, en esa servidumbre humilde de hacer no sólo llevadero, sino humanizador, el sufrimiento.”

El poeta afirma con un deje metaliterario en la página 14: “Y aunque yo sé que mis palabras poco importan/ al resto de poetas y de críticos,/ que nada legaré para la historia/ de la literatura…”. Pero en mi modesta aproximación y opinión estoy en absoluto desacuerdo con él, Antonio Praena sí que importa, y pasará (ya está) a la historia de la literatura española como un gran poeta, ya se puede comprobar la importancia de su obra y los éxitos cosechados, así como el corpus crítico que hay detrás de ella. Tenemos ante nosotros a uno de los grandes poetas españoles actuales llamado a perdurar, con un estilo tan singular y pulido como exquisito.

         El libro Cuerpos de Cristo marca un camino, sigue un itinerario: el de la belleza, el de la fe y la resurrección, el del amor al otro, el de la gratitud y la esperanza, el del homenaje y la amistad, el de la transcendencia. En este poemario se percibe a un autor ungido por la fe cristiana que pone su don mayúsculo (el de ser poeta) al servicio de Dios y su mensaje. Nos revela Pablo D´ors en Biografía de la luz que en Jesús se dan “Los tres carismas por excelencia: la palabra: escucharla y anunciarla; la visión: ver y enseñar a ver; y la sanación: atravesar el dolor y redimirlo”. Y esos tres carismas/itinerarios son los que también se pueden percibir de alguna manera en la lectura de este libro. El poeta resignificándolo todo nos aproxima a su poesía que es “palabra en la Palabra” para que la escuchemos y de paso nos anuncie la Buenanueva resucitada del mandamiento nuevo: el amor a Dios y el amor al prójimo, pero no se queda solo ahí. La visión del poeta, la forma en que su mirada genuina y particular nos presenta la realidad y los poemas, nos enseña también a ver lo que él ve y a guiarnos hacia lo sagrado (solo basta con leer entre otros muchos el primer poema del libro para comprobar lo que digo) compartiendo con nosotros su testimonio/magisterio y su don. Y además el poeta que atraviesa el dolor, a través de tantos nombres y experiencias, lo redime/transciende a través de sus versos, a través de una sanación que resucita con cada lectura que puede llegar a ser hasta salvífica, por lo que tiene de autoayuda y meditación inductora. Es, por tanto, desde esta perspectiva, desde esta poética del ascenso, un libro carismático, una guía espiritual.

         En este poemario en concreto su poesía establece una “union mística, una visión beatífica (que dentro de la concepción doctrinal de la mística cristiana es un privilegio divino que consiste en el conocimiento inmediato de Dios)”. La alteridad (esa poética del otro) funciona en este poemario como un campo magnético que ejerce su influencia conductora a través de los nombres, y es que la fórmula que halla el poeta para llevarnos a Cristo es la de transcender lo anecdótico a un rango superior de consciencia que por elevación nos seduce y guía. El libro se abre con esta dedicatoria “Cada poema de este libro está dedicado a alguien. Cada una de esas personas, vosotros, sois los Cuerpos de Cristo”, y además una cita bíblica (Mt 25, 40) que nos lleva directamente al prójimo. Porque Cuerpos de Cristo es un libro de amor y entrega que da gracias por lo recibido, lleno de guiños a la biografía del autor. Además, es, quizá, su libro más sacerdotal y catequético (funciona como un retablo, donde la identidad y el tono cristiano es más que evidente). En él se percibe la vocación de fraile dominico al servicio de su compromiso religioso. El propio jurado del Premio Alarcos afirma que es “un poemario elegiaco, producido por la muerte de un ser querido y mezclado con profundos y heterodoxos conocimientos teológicos”.

         Según la numerología, el número 13, presente en este poemario, lejos de la superstición, es un número sagrado y se relaciona con la muerte, no como algo malo o negativo, sino como signo de cambio o transformación, y aquí en este poemario, en concreto, como algo más positivo, la resurrección en Cristo Jesús. “También nos resucitan” dice el poeta en la página 45, o “Pero este es el sentido de la muerte:/ manifestar resurrección” –reza en la página 34 del poema Vosotras. O en el poema Jueves santo dice: “Vivo o muerto,/yo sé que estás resucitado”. Nada más abrir el libro, un magnífico y emotivo primer poema (Mujer con pastilla de jabón) nos zarandea, nos recibe a porta gayola y nos avisa de que hemos entrado en un territorio sagrado, en un poemario mayúsculo escrito con el corazón, pero también con la habilidad de un poeta que domina el oficio y el idioma con especial maestría.  

         ¿Qué es lo que nos encontramos aquí en este libro, cuál es su piedra angular? El poeta nos presenta una vida (la suya diluida en la de otros) entregada al prójimo y a la poesía, nos encontramos “un terreno sagrado” lleno de dolor agradecido que diría Oscar Wilde y que Antonio lo incluye en su poema Junto a la carretera como un verso-cita.  Unas pérdidas o un dolor que son fuentes de conversión, puertas que abren a la salvación por la fe y el testimonio, convertidos en poemas para gozo artístico, porque la belleza es también otro camino de salvación. Aquí nos encontramos un conjunto de ausencias que al nombrarlas el poeta las hace presencias compartidas, desde Santa Teresa, San Juan de la Cruz, 43 estudiantes desaparecidos en Méjico, Amy Winehouse, Federico, Francisco José Pujante, Pablo García Baena… todos Cuerpos de Cristo unidos por la muerte, pero también por la resurrección cristiana que el poeta proyecta sobre ellos, a través de la fe que profesa y del lenguaje que utiliza.

         Varios hilos entretejen la poética de este poemario. Y es su foco el que ilumina centrando la atención donde le conviene y convirtiendo su mirada microscópica o telescópica en un acto de revelación, según la necesidad de cada momento y aunándolas a veces en el mismo instante. “…fabricado/ con sodio palmitato, glicerina,/ evernia furfurácea y extracto de lavanda./” , “El más valioso don que he recibido,/ tan solo comparable al acto/ que crea el universo de la nada” (p. 13). O “y abraza en lo concreto lo intangible,/ lo eterno en el instante, el todo en parte alguna./ (p.57). Y así nos encontramos lo cotidiano y lo sagrado, la vida y la teología, el lenguaje y la mística, la poesía y el testimonio, lo existencial-autobiográfico y lo elegiaco, lo fugaz y lo eterno, lo meditativo y lo artístico, la alteridad y la voz singular del poeta. Pérdidas que son ganancias en esa otra escala de valores que el libro propone. Citas-referencias y dedicatorias establecen otro diálogo interno y paralelo que proyectan el poemario a otras esferas que van más allá del texto, del lenguaje y del poema, que nos llevan a la misma vida. “No sabe del amor quien sale indemne/ de la carne del otro” –exhorta en la página 18.

Cuerpos de Cristo es un acto de iluminación que ha sido escrito para ser compartido como la luz que se saca de debajo del celemín. Basta con leer el poema Las cinco llagas. Porque como diría Pablo D´ors: ¿Y qué sucede cuando se ve a Dios en alguien o en algo de este mundo? Que se reconoce que esa luz de la que se disfruta no puede ser solo para uno”. El propio autor de Purullena nos confiesa sobre Cuerpos de Cristo que espera “que cumpla el destino que Dios, que es quien ha movido este libro tenga para él. Aunque ello incluso a mí me cueste más de un disgusto”. Y es que como dice Pablo D´ors: “Al verdadero maestro se le identifica por esta triple misión: propicia el desasimiento y la experiencia del misterio (es un mistagogo); experto en la tradición, dibuja un sencillo y sugerente itinerario formativo (es un pedagogo); desaparece para que aparezca la vida (es un místico)”. Y eso es lo que ha hecho Antonio Praena en este poemario, actuar como un mistagogo, como un pedagogo y como un místico al mismo tiempo, en una especie de misterio trinitario: tres misiones en un solo poeta. El poeta consigue en Cuerpos de Cristo que Amado y Amada (Cristo y poesía) se unan en una relación íntima y espiritual más que en ningún otro de sus libros anteriores. Detrás de cada poema hay un “ángel” que actúa como un arquetipo, y los poemas convertidos en ofrendas líricas llegan a ser oraciones o templos donde la conciencia se redimensiona y se comparte.

         El propio Antonio nos dice en una entrevista que “Si un libro no da pistas él solo, es que algo falla”, y añade que “No es un libro neutral”, que “Cuerpos de Cristo, mejor o peor, habla clarito por sí mismo si no intentamos forzar, sobre interpretar, imponer expectativas…” Así que lo mejor que podemos hacer es leerlo y dejar que su poesía nos hable, porque como dice en el último renglón de su último poema: “Solo es cuestión de andar sobre las aguas”, en este caso, sobre sus versos.

        


Opiniones de un lector                                        

Custodio Tejada.

6 de junio de 2021

 


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