sábado, 4 de enero de 2020

INVENTAR EL HUESO de Olalla Castro

INVENTAR EL HUESO de Olalla Castro.

Opiniones de un lector. Por Custodio Tejada.


INVENTAR EL HUESO de Olalla Castro. Editorial Pre-textos, Poesía. XXXIII Premio Unicaja. Heurístico título donde los pronombres marcan una declaración de intenciones y una ruta a seguir. Con una portada desnudamente monocromática está envuelto en un plástico prescindible. 16 Euros. Tamaño especial de 13x19 cms. 87 páginas y 41 poemas separados en seis partes. Distribuidos de la siguiente manera: I.- “Decir yo es cavar una tumba” con siete poemas, II.- “Tú en el hueco” con siete poemas, III.- “Nosotras, que vinimos de lejos” con otros siete poemas, IV.- “Ellos vendrán” con seis, V.- “Del lenguaje y sus muertos” con ocho poemas y VI.-“Atraviesa bailando este dolor” con seis poemas. Tres citas, como tríadas o trinidades dialógicas, casi todas de mujeres, preceden cada parte.





INVENTAR EL HUESO de Olalla Castro. Editorial Pre-textos, Poesía. XXXIII Premio Unicaja. Heurístico título donde los pronombres marcan una declaración de intenciones y una ruta a seguir. Con una portada desnudamente monocromática está envuelto en un plástico prescindible. 16 Euros. Tamaño especial de 13x19 cms. 87 páginas y 41 poemas separados en seis partes. Distribuidos de la siguiente manera: I.- “Decir yo es cavar una tumba” con siete poemas, II.- “Tú en el hueco” con siete poemas, III.- “Nosotras, que vinimos de lejos” con otros siete poemas, IV.- “Ellos vendrán” con seis, V.- “Del lenguaje y sus muertos” con ocho poemas y VI.-“Atraviesa bailando este dolor” con seis poemas. Tres citas, como tríadas o trinidades dialógicas, casi todas de mujeres, preceden cada parte.


            Cuando enumeramos una serie de citas elaboramos un contexto que estudia la dialéctica entre el contenido manifiesto y el contenido latente. El lector cuando opina sobre una lectura, desde su óptica, plantea una serie de estrategias que guían un descubrimiento o una caja de resonancias. Se le atribuye a Iósif Stalin la frase: “Si quieres conocer a la gente que te rodea, averigua qué leen”. Así que, sin subestimarme por ser un lector común, añadiré otra cita igual de puntiaguda, esta vez de Henry Thoreau: “No conozco a casi ningún intelectual que sea tan abierta y auténticamente liberal que se pueda hablar con libertad en su presencia”. Escribe Rosa Luxemburgo en “Reforma o revolución” lo siguiente: “Porque es nuestro sistema dialéctico el que le muestra al proletariado el carácter transitorio de su yugo, les demuestra a los obreros la ineluctabilidad de su victoria y ya está realizando una revolución en el dominio del pensamiento”. También dice Valentín Volóshinov que “La palabra es el fenómeno ideológico por excelencia” o que “toda palabra expresa a una persona en relación con la otra”. Para Mijaíl Bajtín el lenguaje y la palabra “son el indicador más sensible de las transformaciones sociales”. “Hay una grieta aquí/ partiendo las palabras/ pintadas sobre el muro./  Una infección.” –que diría el poeta Raúl Quinto. El propio Vladimir Illich Lenin y su experiencia utópica/distópica plantea en su libro “El Estado y la revolución” una tesis en la que “El estado es un instrumento del que se valen las clases dominantes para perpetrar su poder sobre las clases explotadas”. Si cambiamos el concepto Estado por el concepto Lenguaje y la palabra “clases” por “sexo/género-raza”, estamos en las mismas latitudes y nos vale la tesis anteriormente mencionada para afrontar la lectura de este poemario de una forma más profunda y certera. Antonio Gramsci manifiesta que “La realidad está definida con palabras. Por lo tanto, el que controla las palabras controla la realidad” o “La conquista del poder cultural es previa a la del poder político, y esto se logra mediante la acción concertada de los intelectuales llamados –orgánicos- infiltrados en todos los medios de comunicación, expresión y universitarios”. Silvestre Manuel Hernández en “Dialoguismo y alteridad en Bajtin” afirma que “Las palabras significan aquello que la sociedad que las –produce- les asignan. Su funcionalidad y resemantización depende de los discursos socioculturales o literarios donde se inscriben… la palabra pertenece tanto a quien la enuncia como a quien se destina y la confronta”. Jesús G. Maestro dice que “No hay literatura a-estatal. La literatura es una prolongación de la política”, o, “El mito de la cultura, un grimorio posmoderno, es la gremialización del individuo”. “La –lucha por la historia-, es decir, la lucha por ganar la verdad histórica, le puede interesar a toda facción o grupo para mantener su hegemonía frente a otros en el presente (sea con fines políticos, o sea con fines ideológicos” –remarca Pedro Insua. “La poesía de la experiencia… quiso construir la cuadratura del círculo: desde la izquierda, -reconstruir- el sentimiento y al individuo, dos pecados que siempre combatió el comunismo” –afirma Francisco Morales Lomas. También Luis García Montero concluye que “El reto de la creación es una toma de postura en un conflicto en el que no marcan el paso las discusiones abstractas, sino los sentimientos de verdad. De ahí su verdadera dimensión ideológica” (p.13 del libro Nuevas poéticas y redes sociales, coordinado por Remedios Sánchez). Y apostilla Fernando Valverde que “El poeta, dentro de los moldes del capitalismo social, tendrá que perseguir una supuesta originalidad para encontrarse con todo lo contrario, la imposición de un lenguaje y de una forma”. Valerie Solanas postula que “El hombre es un accidente biológico; el cromosoma Y no es más que un cromosoma X incompleto, una serie incompleta de cromosomas. En otras palabras, el hombre es una mujer fallida, un aborto ambulante, un aborto congénito. Ser hombre es tener algo de menos…” Todo lo dicho sería el sustrato del “inconsciente ideológico”, que diría Juan Carlos Rodríguez. Y mientras, debajo de su nogal heredado, Basilio Sánchez canta que “No nos quedan lugares en los que sea posible lo absoluto”, o que “La poesía no explica ni argumenta,/ la poesía sólo llama a las cosas”; sin embargo, siempre habrá quienes busquen con ahínco “desfacer agravios y enderezar entuertos”, quizá por esa tendencia quijotesca que el español tiene para luchar por las quimeras y el idealismo.

            En todas las épocas se vive una lucha a muerte por controlar la dirección del idioma y por dirigir el rumbo de las conciencias, en definitiva, por imponer una visión supremacista, totalitaria y redentora frente al otro, considerado siempre como un disidente o un infiel, cuanto menos, si discrepa o difiere, quizá porque nadie quiere un lenguaje verdaderamente inclusivo donde quepamos todos, al contrario, siempre terminan siendo excluyentes. Vivimos una época caótica donde todo se subvierte, todo se cuestiona y está en continua transformación, todo muere o se le mata como una especie de “totum revolutum” en un continuo Génesis creador, porque si algo ha demostrado el siglo XIX y especialmente el XX es que al ser humano le gusta matar o anunciar la muerte, y además genocidamente: al prójimo, a Dios, a la poesía, al arte, al autor, al lenguaje, la ideología, la democracia, la historia, al estado, la justicia, la tragedia, la función poética, la literatura, la verdad…, todo está en cuarentena porque descontentos y hastiados con lo que tenemos buscamos otra cosa que nos sirva y nos salve mejor. La extinción, por tanto, se convierte en la única salida revolucionaria para empezar de nuevo, piensan algunos que la solución es explotar un final atómico o de guillotina para encontrar un renacer más puro y más justo al otro lado, como ya se pretendió tan fatídicamente en el pasado. ¿Pero en ese río revuelto en el que vivimos, quiénes son los pescadores y cuál es su ganancia? Mientras tanto, suenan nuevos tambores de guerra anticapitalista para justificarnos, como grafitis abracadabras pintados en cualquier pared urbana: “Destroy the system”; y otras pintadas más largas y nostálgicas como: “¡Por la reconstitución ideológica y política del comunismo!”. “Y es que al principio no fue el verbo sino el daño/ y nadie desde entonces ha sabido extinguirlo” –leemos con rabia en la página 65.

Esta opinión lectora bien podría titularse “El marxismo como trasunto poético en Olalla Castro”, y por extensión en muchos y muchas poetas de esta época. El marxismo y sus nuevos matices más o menos dulcificados impregnan la obra de muchos creadores en este comienzo de siglo y milenio, una poesía que pretende transformar el lenguaje, reinventar la realidad y reinterpretar el mundo y la historia. Conseguir a través de la palabra una nueva revolución ideológico-conceptual del mismo calibre que se produjo con la reforma protestante y sus efectos WASP, salvando distancias y matices.

            Literariamente hablando también vivimos en la época de la “premiocracia” (eslabón orgánico del sistema convertida a la vez en crédito, dinero, mercancía y capital) donde los premios, como anzuelos, marcan el rumbo de casi todo, del poder y su interés, de la publicidad, de la literatura y el arte, de editoriales y mercados, de los autores y su prestigio, de los lectores, de los modelos de discurso a seguir, del lenguaje moda correcto y de la opinión pública adecuada. Conseguir un premio es la mejor carta de presentación y la mejor promoción que uno puede tener para estar en el candelero de las ventas y de la publicidad mediática y su ruido. Olalla Castro, por mérito de una obra exquisita, en este último año 2019 entra por la puerta grande del éxito no con uno, sino con dos premios consecutivos debajo del brazo: El “XXII Premio Internacional de Poesía Antonio Machado en Baeza” con “Bajo la luz, el cepo”, publicado en la Editorial Hiperión, y el “XXXIII Premio Unicaja de Poesía” con “Inventar el hueso”, publicado en la editorial Pre-textos. Dos libros magníficos publicados en dos grandes editoriales de poesía que comparten muchos vasos comunicantes, tocados ambos con la varita mágica del momento más propicio y la poética más laureada.

            Dice Asunción Escribano en su blog: “Inventar el hueso es, sin duda, un magnífico libro, inteligente y lúcido, que sigue abriendo camino… manifiesta la voz propia de la autora desde una mirada nueva y original. Sin duda alguna, todo un logro lírico.” El Jurado del premio conseguido lo definió como “un libro directo y bien construido, que responde a un proyecto estético reconocible y a profusas lecturas en torno a la problematización del yo y su reivindicación feminista”, o que el libro plantea “la búsqueda de un yo capaz de construir una genealogía nueva a través de lo poético”. José Enrique Martínez (Filandón) en el Diario de León añade: “se puede intuir que la voz de Olalla Castro es densa y conceptual, con un pensamiento difícil de sintetizar fuera de sus propios versos”. “El blog de los baños árabes” (hammamalandalus.com) afirma que [Su obra propone un relato por la libertad de las mujeres, la clase obrera, los pueblos colonizados, los subalternos y oprimidos] y la propia autora recomienda y nos confiesa “en lo colectivo y no en lo individual” ¿Cómo? A través de “la organización colectiva, el pensamiento y la praxis transformadoras, la lucha; sólo desde ahí podremos romper con la estructura del poder y aspirar a un tipo de libertad distinta a la construida por la fábula del capital que solo nos hace libres para vender nuestro tiempo, nuestra vida, fuerza de trabajo a cambio de un salario.”

“Inventar el hueso”, un título heurístico donde ya el verbo nos prepara para el cambio, para tomar partido y ser fuerza activa, para “crear alguna cosa nueva que antes no existía”, aunque es verdad que este verbo transitivo (que transfiere) también tiene un componente imaginario o ficticio. Al comienzo el hueso puede pasar inadvertido, pero cuando acabas la lectura caes en la cuenta de que el hueso hace referencia a la “costilla de Adán”, y ambos conceptos juntos como título, “Inventar el hueso”, trazan las coordenadas-estrategias del viaje interior que el poemario propone: una conversión ética y transformadora que guía el descubrimiento lector. En ese trayecto-recorrido que abarca más allá incluso de la historia, nos vamos encontrando una serie de epifanías que la poeta comparte con nosotros como la de la página 53 que dice: “Podremos defendernos” o “Esta vez, cuando regresen,/ se toparán con ellos”, o, con “Nosotras,/ que bailamos en la historia del mundo/ mientras alguien sin ritmo/ nos pisa los pies en cada giro.” –esplende también en la página 35.

            Nuestra autora, inmersa en la sociedad, no grita cuando escribe, susurra, “porque sabe(mos)/ que lo que de verdad es peligroso/ se ha de decir en voz muy baja.” –revela en la página 44, quizá porque “siempre hay un ellos/ donde seguimos mudas” (p.45). Olalla tiene claro cuál es su objetivo desde el principio, el fin que justifica su poética y su vida: “Lo urgente es la luz:/ decir su brillo sobre el cristal/ y no lo que la opaca.” (p.37), o “ha venido a enseñarte” –dice en el poema “Los ojos de los muertos” (p.79), quiere que nos bañemos neoheráclitamente en la sabiduría de su río para que aprendamos a renombrar el lenguaje y dotarlo así de una nueva con(s)ciencia, para ella la única posible. Ese es su plan salvífico (p.68). Ella, conocedora de la situación actual en la que vivimos, y con su visión de nuestro pasado y nuestro presente, se plantea cambiar el futuro, aunque sea metaliterariamente, porque sabe de la importancia del relato: “Retrocedamos/ decenas de siglos en la lengua/ hasta un segundo antes de empezar a fingir/ que una hebra invisible atraviesa los nombres/ y los une a las cosas” (p.63), o, “Eres esa memoria/ y también este incendio” –manifiesta en la página 69. “Desde el hueco terrible de la culpa” (p.52) señala a los culpables para impedir su impunidad, porque no quiere que “Ellos”, generalizadamente, se vayan de rositas “cada vez más pequeños,/ hasta parecer inocentes/ del grito, del semen, de la llama.” Y deja bien patente que la unión consigue la fuerza del cambio. “Nosotras:/ ¿para cuándo otras manos,/ otra historia, otra estirpe?” –esgrime en la página 41.

            En el poema de la página 79 “Como quien lanza un anzuelo” se percibe cierto paralelismo simbólico con una cristo-poeta, Olalla Castro se autoerige en mesías y profeta de su causa, en la voz de la conciencia colectiva, en “ángel exterminador” del cambio que viene a purificar con el fuego de la palabra transcendiendo el victimismo, a desenterrar “la verdad que los otros enterraron” (p.78), en definitiva, a acabar con el miedo. “Me alimento de muerte:/ lo uso como cebo/ para atraer más muerte hasta mi plato.” –confiesa en la página 70. Morir para renacer, es un canto a la comunión, al tránsito de los pronombres: del yo al nosotras pasando por el tú y acorralando el ellos, lo colectivo frente a la turba del individualismo y el patriarcado, “Para que deje el lenguaje de ser/ o jaula o fuga” (p.64), evasión o cárcel, absolución o castigo.

            Varios hilos de Ariadna, como “cuerpos-péndulos” que nos balancean, tejen y sustentan este libro y también a la autora: la crítica marxista, la crítica feminista y de género, el colonialismo y la raza, Freud y el psicoanálisis, la semiología y las escuelas francesas de la crítica, la deconstrucción… Como el efebo que busca su lugar frente al precursor, así, Olalla Castro encuentra su sitio más allá de “la angustia de las influencias” y transciende “la escuela del resentimiento” que diría Harold Bloom, para seguir adelante con su discurso e instalarse en el parnaso-comité de la lucha de la palabra contra la barbarie del silencio, para conducirnos (por el camino de los pronombres) de la poética a la ideología. “Son los dedos blanquísimos/ conque disparan a los ciervos,/ azotan a los esclavos/ y a nosotras nos manosean sin permiso.” –denuncia en la página 54, o, “Ellos no entienden,/ pero adivinan ya, sólo con vernos,/ la forma en que nuestra ternura los socava.” –reza en la página 56.

            Un autor no deja de ser más que un lector que escribe, y eso es lo que pone de manifiesto la intertextualidad de un libro, el lector-época que lo habita. Además de los más o menos invisibles nos encontramos con los fehacientes como Rousseau, Descartes, Montaigne, Pessoa, Woolf, Musil, Heráclito, Antígona, Adán y Eva y el cristianismo (“a pesar de Platón y de su estirpe” –nos apunta en la página 15), AudreLorde-Samuel Beckett-Adrienn Rich, Ada salas-Pilar Fraile-Erika Martínez, Anna Almátova-Francisca Aguirre-María Sotomayor, Alejandra Pizarnik-Elisabeth Bishop-Nicanor Parra, Chantal Maillard-Jaques Derrida-SadiYusuf, AnneSexton-Cristina Peri Rosi-Marina Tsvetáieva…

            El poemario tiene un componente metalingüístico claro que deja en el aire una música de fondo que suena a Chomsky y a Lacán, especialmente en la parte V “Del lenguaje y sus muertos”. “No olvidemos que antes/ de trenzar las palabras/ nuestros dedos ya hallaban los caminos/… Tachemos la gramática/ y probemos a decir otra vez.” –susurra en la página 63, o, “A veces la poesía/ es esto oscuro que se embosca/ y respira de prisa detrás de la maleza” –encontramos en la página 71. Incluso en “Lo que se escurre es el poema” (p.72) podríamos hallar una poética activa y comprometida. El vocabulario utilizado apunta a lo apocalíptico y a la revancha, pero a la vez tiene algo de “ave fénix”, ya que transforma el lenguaje (cuando se interrelaciona) en un tejido de nuevos campos semánticos. Así leemos palabras como dolor, daño, rabia, turba, muerte, miedo, noche, temblar, huesos, muertos, sudario, tumba, bestias, árida, baliza, vacío, herida, ceniza, ceguera… pero también semillas, verdad, deseo, oro, grano, alimento, vida, luz, cantar…

            Para Olalla la poesía es un arma cargada y puesta al servicio de una causa: su fe, con la cual quiere reescribir-reconstruir otra vez el mundo y la historia, la poesía y las palabras. “Inventar el hueso” es, en su conjunto, una poética, un plan de vida, una filosofía, un programa político o un manifiesto, es todo eso y más, pero por encima de todo es una “mano-puente” tendida a los demás, del lenguaje con la vida, del pasado y el presente con el futuro, de la poesía con la política, del arte con la ética, de la palabra con la conciencia... y todo a su vez en interacción constante con la historia y la tradición. Aunque las etiquetas son lo que menos importan a la hora de afrontar una obra, ésta, se podría englobar dentro de la poesía crítica, poesía social y comprometida o de la conciencia feminista, una tendencia cada vez más intensa entre nuestras escritoras poetas, especialmente. La excelente poeta Olalla Castro, siempre en busca de su propia autenticidad, se debate a lo largo del libro entre dos imágenes o metáforas potentes, la del pan y la de los peces, la de panadera y la de pescadora, y que aluden por su significado a cierto paralelismo con la iconografía cristiana, quizá porque, como diría Andrés García Cerdán: “Se trata de desacostumbrar y desacralizar la literatura (el lenguaje) para, a continuación, resacralizarla según una fe rupturista”. La poeta, que busca “convertir [la poesía] en un anzuelo” (p.66) quiere descifrar o convertir el lenguaje en “un bisturí/ con el que sajar la vida” (p.68), y a los lectores nos da un papel de peces, sus versos serían los gusanos señuelos, y ella se convierte en una pescadora de almas que sueña con revoluciones pendientes que extiendan su vieja buena nueva. Pero también nos dice en la página 17 que “amasar a diario lo distinto/ implica aceptar que el pan sabe a otra cosa;/ que los nombres que inventamos no nos sirven”, y por tanto, urge establecer otra vía salvífica y redentora a través de una nueva percepción o una nueva ética: “Es necesario un tú/ donde salvar la vida.”, “hasta transformar/ lo atroz en alimento,/ el pan en grito”  –nos dice eucarísticamente en la página 23, o, “cocinando los huesos de otros/ para hacer esta sopa/ que a otros servirá de alimento” (p.40). Ya que solo así la mujer podrá decir que “hallaste el oro/ siquiera una pepita” (p.82) (¿será una referencia al clítoris?) y que de alguna manera evoca el Manifiesto Scum y la militancia activa de Valerie Solanas donde el hombre vive “en la creencia mística de que por tocar oro se convierte en oro”, o sea, en mujer para completarse; porque es imprescindible “un idioma común” para cambiarlo todo y hacer que triunfe “el amor que amontonamos en las yemas” –confiesa en la página 42.

“Inventar el hueso” es un libro incisivo en su mordedura, cuyo bocado nos lleva a un nuevo Génesis y a una nueva manzana, con una delicada destilación ideológica cuyo resultado alcanza el rango de proclama que susurra, aunque dentro lo que habita es un grito desgarrador que busca la liberación de un antiguo desgarro. En definitiva, estimado lector, aquí encontrarás una poesía escrita al más alto nivel lírico e intelectual llena de méritos y connotaciones, con muchas corrientes freáticas, llamada a perdurar como símbolo de una época y una lucha tan antigua como nueva. Su lectura no te dejará indiferente, su calidad tampoco.

Custodio Tejada

Opiniones de un lector.

Noviembre de 2019.


INVENTAR EL HUESO de Olalla Castro. Editorial Pre-textos, Poesía. XXXIII Premio Unicaja. Heurístico título donde los pronombres marcan una declaración de intenciones y una ruta a seguir. Con una portada desnudamente monocromática está envuelto en un plástico prescindible. 16 Euros. Tamaño especial de 13x19 cms. 87 páginas y 41 poemas separados en seis partes. Distribuidos de la siguiente manera: I.- “Decir yo es cavar una tumba” con siete poemas, II.- “Tú en el hueco” con siete poemas, III.- “Nosotras, que vinimos de lejos” con otros siete poemas, IV.- “Ellos vendrán” con seis, V.- “Del lenguaje y sus muertos” con ocho poemas y VI.-“Atraviesa bailando este dolor” con seis poemas. Tres citas, como tríadas o trinidades dialógicas, casi todas de mujeres, preceden cada parte.


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Nº 490 Noviembre de 2019. Granada Costa. Depósito legal Gr-1579/99