OXFORD CIRCUS de Gerardo Rodríguez Salas. Por Custodio Tejada.
OPINIÓN LECTORA de Custodio Tejada.
Entradilla
OXFORD
CIRCUS de Gerardo Rodríguez Salas. Colección Visor de Poesía. III Premio de Poesía Marpoética, Marbella
2025. 84 páginas y 21 poemas repartidos en cinco partes, en cinco “actos
circenses o performativos”: Vodevil (un poema), Burlesque (9 poemas), Teatro de
sombras (un poema), Fenómenos (Freak show) (9 poemas) y Extravaganza (un
poema). Oxford Circus, desde una poética elegante y discreta por la forma de
presentarlo, es un rompecabezas woke que el lector debe armar. La voz poética
del libro, a la vez vulnerable y resistente, está llena de simbolismos, tiene algo de voz
funambulista o voz vedette, una voz que nos lleva por la cuerda floja o el
alambre, pero también por la pista central del circo crisálida convertido en un
territorio líquido de significación. Es un libro singular escrito para curar,
para ahuyentar la angustia, que combate el dolor y lo transforma, que diría
Chantal Maillard; es una alegoría cuir con una poética fluida, posmoderna y
líquida. Un poemario activista lleno de códigos que, desde un surrealismo
entrevelado, muy bien armado y construido, demuestra el arte y el oficio del
autor. El libro concebido como un teatro o un circo con sus pistas o escenas,
le sirve al autor “como metáfora espacial e identitaria” “fluidas y subalternas,
que entretienen, pero no forman parte de la normatividad ni del centro social”.
Un poemario estructurado como una
performance cabaretera que nos lleva desde una dialéctica constructivista a una
dialéctica de la interseccionalidad. El libro contiene cierto hermetismo para
los no iniciados, por el mundo simbólico que encierra y la fe que profesa, cuya
lectura necesita de la búsqueda y la interpretación para exprimir todo su jugo,
necesita de un mapa conceptual para no perderse en el cruce de caminos que es
ese “aquelarre de la diversidad” y la inclusividad, como indica el propio autor.
Que Gerardo es un gran poeta ya lo sabíamos, aunque ahora ya sabemos que
también está ungido por el neuma de los grandes premios. En el poemario se respira
cierto solipsismo y catarsis lírica que deja al lector conmocionado en su
primera lectura si no eres un iniciado, y es en la segunda lectura cuando uno
comienza a comprender ese reguero de miguitas de pan cuir o geocaches woke que
el autor ha ido dejando esparcidas por el texto. Hay que estar atento a la iconografía y los
símbolos que construyen el poemario, a sus mitos y creencias, a sus itinerarios
léxicos y a sus rituales semánticos. La voz poética se erige como una víctima
vulnerable y propiciatoria, pero también resistente y capaz de subvertir la
narrativa dominante, como un nuevo cristo cuir redivivo que tampoco viene a
traer la paz sino la guerra de su “buenanueva”. Así el poeta, como un ladrón de
palabras o de nombres o de recursos o de poemas, como un alquimista lingüístico,
un taumaturgo de las emociones o un ilusionista de significados y símbolos, nos
ofrece un poemario que es un truco de magia, una especie de trampantojo por los
distintos niveles de lectura que posee. El planteamiento artístico y estético
es magnífico, digno de un depredador literario que hace versiones de otros
poemas, por la intertextualidad que contiene, por el recurso mise en abyme que usa y comparte en
línea con Chantal Maillard y por la apropiación de poéticas y códigos que
practica. Una auténtica obra de arte. Esta reseña podría titularse:
“Aproximación a la anatomía de un poemario woke y a su zeitgeist lírico.” Para disfrutar de su lectura no es necesario
desentrañarlo o diseccionarlo como he pretendido yo en esta reseña.
Cuerpo
Cuando uno opina manifiesta lo que sabe, pero también lo
que ignora. Esa es la única vía que puede aproximarnos a la duda como catarsis
o fuente de aprendizaje. Vivimos un zeitgeist
en el que hay una lucha titánica por el poder, por ganar el relato, por
despojar a las religiones tradicionales el monopolio de la espiritualidad y la
transcendencia, para asumirlo las nuevas religiones posmodernas, las ideologías
con su sesgo binario y el poder hegemónico financiero con sus proyectos
solidarios y filantrópicos a través de un reguero de fundaciones y oenegés, de
Netflix y demás sucursales mediáticas que expanden la agenda de las élites. Una
forma de convertir la fe, más líquida y fluida todavía si cabe, en un “soma” al
gusto y conveniencia de la jet society más absolutista. Y así, desde el “Dios ha
muerto” al espiritismo del siglo XIX pasando por el laicismo, el ecologismo
religioso, el transhumanismo y la religión woke, se intenta construir un nuevo
tipo de creyente con una espiritualidad y transcendencia al margen de las
religiones clásicas y según los nuevos gustos e intereses ideológicos y
políticos “correctos” de cada siglo. Se quiere construir una religión sin Dios
a imagen y semejanza de la élite hegemónica para imponer las consciencias
tranquilas de unos y agitar las consciencias de los otros, en un juego de
trileros y éticas. Convirtiendo la espiritualidad y la transcendencia (en esta
posmodernidad transhumanista, fluida y líquida del siglo XXI) en otro campo de
batalla, en otra controversia social, cultural y religiosa. Una guerra abierta
por el control del alma y las consciencias y las éticas, de opresores y
oprimidos, del bien y del mal, del paraíso y del infierno, del lenguaje sagrado
y del lenguaje diabólico…
La
industria cultural sabe que su éxito comercial depende del espíritu de época,
de ofertar lo que sabe que tiene demanda y se pude vender con facilidad porque responde
a un patrón de pensamiento que está de moda, y la moda no surge de la nada, es producto de unos
intereses. Si quieres despertar en el zeitgeist
del siglo XXI, al menos en Occidente, “el dogma principal del pensamiento
posmoderno” es la “construcción de la realidad”, como dice François Braunstein,
o sea, que es la dialéctica constructivista de tabla rasa la que nos ha
convencido que somos un constructo social, que podemos construir o deconstruir
la verdad y la realidad a nuestro capricho. El arte y la literatura serían los vehículos
correctos, como si fueran los nuevos textos sagrados, para ejercer las
liturgias y los rituales de esta nueva “religión woke”. “El poder censor de la
minoría es superior. Recordemos que la mayoría suele callar por miedo a ser
criticada” o a “vivir el rechazo, el aislamiento, el silencio e, incluso, la
exclusión.” –afirma Carmen Domingo. Y para Enrique Rubio el wokismo es un
“absolutismo supremacista” que se sustenta en una serie de teorías como la
teoría queer, la teoría crítica de la raza, la teoría poscolonial, la
interseccionalidad…
Hay libros que te llevan a otros libros, lecturas que
comparten vasos comunicantes, emparejamientos lectores que van más allá de
meras casualidades, como si sucediera una serendipia bibliográfica, como si el
cosmos lector estableciera una biblioterapia universal que permite comprender
cada lectura desde un espectro semántico y simbólico más completo al
establecerse una interconectividad significadora entre ellas. Hay libros cuyas
lecturas se juntan y suceden de una forma simultánea o correlativa, como si
hubiera una ley o un efecto de atracción lector que agrupa o empareja libros produciendo
un efecto trombo de ideas y significados. Porque la lectura, al fin y al cabo,
es eso, una simbiosis o una sinestesia de libros, de autores, de ideas, de
nombres y citas, de intertextualidades y asombros, pero también de
contradicciones. Y así, las lecturas de unos influyen en las lecturas de los
otros y viceversa, compartiendo un mismo contagio semántico.
Cada lector es un itinerario de libros y de autores,
también de ideas y sentimientos. Cada autor es a su vez también un lector, por
tanto, es otro itinerario de libros y de autores, y así, encajados los unos en
los otros, como una muñeca matriosca, formamos todos juntos, autores y
lectores, un selfie intertextual con
efecto Droste lector. Un club de lectura extendido en el tiempo como sinergia
sentipensante por imitiación o por oposición. La poesía es un material
altamente inflamable de combustión inmediata que nuestras neuronas sintetizan
como si fuera un gel energético para deportistas, de absorción rápida, que
funciona como un impulsor de la energía sentipensante, de la sinapsis entre el
cerebro y la consciencia, entre la filosofía y la ética, entre las neuronas y
los latidos. Dice Pedro Ugarte que “la interposición de unas palabras o de
otras aspira a condicionar el discurso del antagonista. (…) Si todo lo que yo
propongo lo califico como avance, ¿qué adversario tendrá el valor de proponer
un retroceso?”, quizá para “proscribir todo debate.” La literatura no solo se
lee, sino que se interpreta. Un libro es
un mapa que conduce a un territorio léxico, a un lugar semántico y a una
leyenda, pero también a una consciencia. Y como todo mapa tiene unos códigos y
símbolos que hay que descifrar previamente si queremos llegar a buen puerto, o
sea, a la epistemología de ese texto. Leer los premios literarios es una forma
de leer el zeitgeist de nuestro
momento histórico, de conocer sus sinergias y demandas, sus resonancias de moda y sus sinapsis
de ingenierías lectoras o sociogénesis editoras, en definitiva, otra forma de
estar al día y vivir nuestra época.
Escribía
Paul Valery que “La historia es el producto más peligroso que ha elaborado la
química del intelecto humano”, pero la poesía no se queda a la zaga. La poesía
es una tecnología punta. Y este libro, Oxford Circus, quiere también, de alguna
manera, reivindicar y reescribir una parcela de la historia a través de una
retahíla de geocaches líricos y de una iconografía léxica. Yuval Noah Harari
pone el dedo en la llaga y mantiene que “el poder humano depende de la
cooperación de las masas; la cooperación de las masas depende de fabricar
identidades de las masas, y todas las identidades se basan en relatos de
ficción, no en hechos científicos.” Y con estos hilos se van tejiendo los zeitgeist de cada época y sus libros.
Harold
Bloom habló en El canon occidental de la “Escuela del resentimiento” y dijo que
“Leer al servicio de una ideología cualquiera es, creo, no leer en absoluto.” Y
así bendecidos por la French Theory y el estructuralismo francés, una panoplia
de autores y obras han influido con sus discursos y con una devoción cuasi
religiosa en la lectura zeitgeist de
los últimos tiempos. Michel Foucoult (“No hay más realidad constatable que la
lengua ni más cosas que las palabras”), Jacques Derrida (“No hay nada fuera del
texto” o “deconstruir la realidad”), Jacques Lacan (“El inconsciente está
estructurado como un lenguaje.” O “Solo los idiotas creen en la realidad del
mundo; lo real es inmundo y hay que soportarlo.”), Gilles Deleuze (el papel del
individuo es “desmontar la red que la cultura en la que nacemos teje a nuestro
alrededor”), Lévi Strauss (“La lengua es una razón humana que tiene sus razones
y que el hombre no conoce.” O “La realidad es una ilusión creada por la falta
de imaginación”.) Herbert Marcuse, Theodor Adorno…Y así ha surgido el posestructuralismo
y la ideología woke. Donde la “nueva religión queer” nace de la mano de
filósofos que son profesores de universidades americanas como Judith Batler,
Peter Singer, John Money, Anne Fosto-Starling, Donna Haraway, entre otros. Pero
también Paul B. Preciado, Frantz Fanon, Richard Delgado, Derrick Bell…
Si
le hacemos caso a Michel de Montaigne y consideramos que “El mayor enemigo de
la verdad no es la mentira, sino la ilusión de saber la verdad”, deberíamos
saber que más allá de cualquier zeitgeist
y volksgeist hay una nueva luz
esperándonos, una luz que brota de la duda como liberación, aunque cada época
pretenda imponernos su verdad relativa como una verdad absoluta usando la duda
como coartada para el cambio y la imposición de sus nuevos dogmas. Y así para
entender mejor la vida, la lectura y las intertextualidades que brotan entre
ellas puede ser una buena forma abrir los ojos a los matices simbólicos y a las
citas que habitan en los textos.
El autor de este poemario, como buen profesor y poeta, ha
ido dejando un reguero de pistas o geocaches para que sus lectores no se
pierdan y guíen sus itinerarios sentipensantes, especialmente si no eres un
iniciado en epistemologías identitarias. Válgame a mí y a mi reseña-opinión
lectora, igual que Gerardo en Oxford Circus, hacer uso de la misma técnica o
recurso mise en abyme y remitir a un
entramado colectivo para adentrarme en su espesura lírica y en su hoja de ruta
creativa. Puesto que estamos en una época sagrada donde la espiritualidad y la
transcendencia se están continuamente redefiniendo, acudiré a otras lecturas
previas antes de leer los Evangelios. Son muchas las publicaciones al respecto,
tanto a favor como en contra. Yo señalaré aquí algunas para comprender el zeitgeist woke de Oxford Circus:
1.- La
activista, ensayista y poeta cuir-woke Titania McGrath (personaje creado por el
escritor, periodista y humorista Andrew Doyle y con la que se identifica desde
el humor y la ironía), quien considera su libro “Woke” (que “es una ironía
feroz sobre el mundo identitario”) como una especie de Biblia (Woke. Alianza
Editorial, 2019) y que es fiel creyente de que “Las palabras pueden cambiar el
mundo.”, nos convierte a todos en oprimidos y víctimas, pero también en
opresores o revolucionarios. Nos marginaliza y jerarquiza, según nuestros
traumas, para llevarnos a una lucha más identitaria que de clases, alejada de
la “tiranía” de los hechos, pero
refugiada en la “dictadura” de los sentimientos y las emociones, rompiendo la
sinapsis cuerpo-mente. Escribe que “En general, la cuestión de las clases es
una distracción de los problemas reales. Si el movimiento por la justicia
social nos ha enseñado algo es que tu orientación sexual, género o raza tienen
más capacidad para afectar tus posibilidades de movilidad social que las
circunstancias económicas, la educación o el nepotismo. (…) No puedes ser woke
sin defender la interseccionalidad.”
2.-La
filóloga y escritora feminista Carmen Domingo Soriano, (autora de #Cancelado.
El nuevo Macartismo. Editorial Círculo de Tiza, 2023) dice: “Quizás la
cancelación que ha sido más virulenta en los últimos tiempos ha sido la que ha
sufrido el feminismo de la mano de la izquierda posmoderna y su teoría de
género, o teoría queer. Una teoría que, por resumirla de algún modo, señala,
por irrelevante, la biología, mientras que le da predominio a los estereotipos
de género que se eligen voluntariamente y, a partir de entonces, cada uno puede
autodeterminarse como quiera, independientemente de su sexo biológico.” O “Y en
aras de esa corrección política, aunque por el momento no se quema a nadie, se
lanza a las llamas metafóricas de la opinión pública a cualquiera que no opine
«lo correcto». Aunque la metáfora de la hoguera es preocupante… es válida.
Porque el tan temido regreso de las hogueras de libros es un hecho, sí, pero
sus impulsores no son nazis, sino progresistas fanáticos escudados en la
«diversidad» y «la inclusividad».”
3.-
Según el filósofo francés Jean François Braunstein (autor de “La religión woke.
Anatomía del movimiento irracional e identitario que está poniendo en jaque a
Occidente”, Editorial Espasa): “…el hombre blanco occidental y heterosexual,
por definición sexista, racista y colonialista, es el «chivo expiatorio». (…)
El culto woke, como muchos otros cultos religiosos es un culto a víctimas
inocentes, martirizados injustamente. (…) Lo más característico de esta
religión woke es que no existe el
perdón. El «privilegio blanco» parece ser el equivalente a una especie de
pecado original. El hombre blanco (y el heteropatriarcado) es culpable de que
sus antepasados oprimieran… Lo primordial es no entablar ningún tipo de diálogo
con el réprobo: ese es el objetivo de la cancel
culture… buscan una catarsis de la sociedad… La teoría de género es el
centro de la religión woke. …su misterio casi teológico. (…) La destrucción de
la lengua es una de las consecuencias, cuando no uno de los objetivos del
proyecto trans.”
4.-El escritor Enrique Rubio (autor
del ensayo “Religión Woke. El despertar del supremacismo identitario. ¿Cómo el
izquierdismo se ha transformado en la religión conservadora y totalitaria más
importante del siglo XXI?”. Editorial Almuzara, 2023) escribe: “Para esta
religión (woke) no existe el conocimiento objetivo ni la verdad, ya que todo lo
visible y lo invisible son constructos culturales…El cine, la literatura y el
arte en Occidente es pura propaganda política izquierdista desde hace mucho
tiempo. (…) Junto a otras empresas relacionadas con el consumo cultural y la
tecnología, Netflix es uno de los símbolos y uno de los motores de la evangelización
woke. (…) El izquierdismo woke heredó el pecado, la culpa y la vergüenza de la
tradición cristiana, pero sin posibilidad de redención.” O “¿Por qué en los
últimos años ha estado ganando por goleada el relato de la izquierda woke sobre
las religiones capitalista, liberal, conservadora, católica… hasta el punto de
que las grandes empresas sean los patrocinadores principales de esta secta
mundial? (…) ¿Se lo permitirían de no ser porque es la agenda de las élites?”.
Y después de este peregrinar lector uno parece estar
ungido para afrontar el zeitgeist de
Oxford Circus, porque uno descubre que, como siempre, estamos, ya sea desde una
dialéctica ilustrada, romántica, capitalista, marxista, psicoanalista,
constructivista, de la interseccionalidad o woke, en una batalla por el relato,
por construir a través del lenguaje otra ética y otra consciencia, por fabricar
otro mundo quizá igual de imposible que todos. Como vemos partir de una
semántica o de otra nos predispone a leer de una o de otra manera, a ser o no
ser.
Oxford Circus pudiera parecer hasta un libro hermético en
la primera lectura. Es en la segunda lectura cuando descubres que varios
itinerarios cruzan el libro, varias sinergias lo atraviesan y cada una colabora
en la significación que encierra el texto lírico. Todas suman. Desde las citas
y sus nombres al título del libro y de sus partes, desde el lenguaje utilizado
a sus símbolos, desde sus gritos a sus silencios. Y así Oxford Circus, Oscar
Wilde, Bonnie Hancell… nos conducen a una herencia, quizá como parte de la
realidad académica del autor como catedrático de literatura inglesa y de su
paso por aquellos lugares como estudiante. Y en la contraportada, casi como un
colofón, con el “nihil obstat” woke bendecido por Sara Torres, se nos cita y
orienta la significación señalando hacia Jack Halberstam y su obra “El arte
queer del fracaso”, que de alguna manera, resemantiza todo el poemario, ya que
nos conduce a otro aluvión lingüístico y semántico de conceptos que se
retroalimentan unos a otros en un totum
revolutum, como heteronormatividad, lógicas hegemónicas de poder, crítica
al capitalismo, a las formas de parentesco, masculinidad, blanquitud,
eurocentrismo, noción de víctima, feminismo radical y masoquismo, apropiación
cultural, patriarcado heteromormativo, interseccionalidad cuir, cancel culture,
empoderamiento… Y como dice Pedro Ugarte el uso del lenguaje nunca es inocente.
Dice Antonio Colinas, Presidente del jurado que concedió
el premio Marpoética, en la entrega de éste; que llamó la atención “la audacia
del libro,” que tiene fulgor y una intensidad de palabra nueva, que Gerardo es
un autor con oído cuya poesía fluye y que hay dualidad en este libro. Un libro
extraordinario con una atmósfera engañosa por la profundidad del libro que nos
lleva a unos espacios, circunstancias y anécdotas y a ese desgarro extremado
entre los símbolos. Hay formas poéticas llenas de cortes, de silencios muy bien
resueltas por el poeta. En el poemario hay cierto diálogo entre clasicismo
(versos endecasílabos y alejandrinos) y ese lenguaje y forma audaz nueva. La
poeta Rosa Berbel apunta en la presentación del libro en Granada que “Aunque
hay referencias teóricas, en realidad lo que nos encontramos aquí no es nada
académico. Como digo es una carta de amor a la escritura, y a la escritura
poética como una fuerza de vida. Estos poemas piensan desde su naturaleza
poética, son vibrantes poéticamente y emiten una gran cantidad de luz, son
juguetones y experimentales, pero también conscientes de su tradición y de su
genealogía, son rupturistas a muchos niveles, pero son sobre todo reparadores;
son intertextuales, que, es algo muy propio de Gerardo, siempre están
remitiendo a un entramado colectivo, pero también atestiguan la consolidación
de una voz singular y muy propia.” Para Francisco Javier Guerrero (“Un arco
sagrado”, Cuadernos del sur, Córdoba, 27 diciembre 2025) es “Un libro de poemas
genuino. Una voz nueva y transformadora.” “La noción del circo estructura las
cinco partes del poemario como una alegoría terrenal identitaria que enaltece
las virtudes limítrofes.”, “… una apuesta estética que desgarra el lenguaje y
lo renueva a través de un estilo y unas formas –los espacios, los cortes del
verso, y hasta la tipografía tienen una intención semántica–“. “Oxford Circus
es un libro que renueva y sana. Que ensancha las posibilidades formales de la
poesía actual. Y que, sobre todo, nos propone una forma distinta de habitar el
mundo y su lenguaje.”
Adentrarse
epistemológicamente en Oxford Circus, en sus creencias y conocimientos, en su
verdad y la justificación que la sustenta, es adentrarse en la reivindicación
de la diversidad; en cuanto a su forma y estilo es más ecléctico y experimental
que su anterior libro: Los hilos de la infamia,
aunque comparten vasos comunicantes y una misma voz poética. El poeta
intenta que la correspondencia, la coherencia y el pragmatismo de su verdad lírica
ayude a entender el mundo real, a proyectar una forma de ver y sentir, como si
su poética fuera un espejo de cuerpos y ojos que refleja hacia afuera y hacia
adentro; un True Mirror que muestra
tu reflejo tal y como te ve el otro, o el Espejo de Oesed de Harry Potter que
muestra el deseo más profundo de quien se mira en él. Y así, con su escritura
de obsidiana, nos refleja a todos y a sí mismo, y atrapa líricamente un zeitgeist, esa es la gran hazaña de
Oxford Circus, su esencia. Y así utiliza el recurso mise en abyme creando un efecto espejo donde un verso, un poema,
una cita… establecen un diálogo intertextual, un reflejo especular, una
repetición y desdoblamiento donde el cuerpo, el dolor, el grito woke… crean un
laberinto textual de significación que reivindica la felicidad del placer y una
liberación identitaria (“aquí escondemos/ en los armarios/ portales a otros
mundos” p. 41), una pugna entre lo telúrico y lo aéreo o entre Platón y
Aristóteles (“se ha estrellado el avión/ no buscará/ nadie estos cuerpos/ pero
algún día/ habrá un ciclón/ a plena luz/ un saturnal de vientos y de gritos de
arcilla.” P. 73).
Gerardo, como un “acróbata que salta en el vértigo de las
palabras” para insuflarles una nueva vida, que diría Vicente Huidobro, transita
por el surrealismo a través de una catábasis lírica en busca de metáforas que
alumbren la oscuridad, que alcancen un sentido encantado con el que hechizar al
lector. Gerardo ha convertido la poesía de este poemario en una poderosa
tecnología de rituales y símbolos, dotándolo así de un misterio o una atmósfera
de elipsis y silencios intertextuales que se complementan o completan en la
mente del lector y su inconsciente. Los títulos, las citas y el lenguaje en
general (convertidos en geocaches literarios sentipensantes) marcan una
intencionalidad creativa, una multitud de itinerarios dentro de un único
camino, con una multitud de niveles o capas semánticas, que se hacen
imprescindibles identificar o descifrar para comprender la lectura general del
libro y su auténtico significado. Gerardo, como hijo de su tiempo y del zeitgeist actual, se enrola en la
sinergia woke para ver el mundo de una forma determinada a través de la
dialéctica constructivista cuir de moda.
Empezaremos por la portada. Título e ilustración
comparten, a priori, una disonancia y en conjunto predisponen para el
tratamiento surrealista que contiene el poemario, donde símbolos y significados
se solapan en una gran metáfora, se superponen en diferentes estratos, que
aunque vale como mérito, alguien podría verlo en su contrario. Pareciera
sobrevenido, ya que al principio, en la primera lectura, no encuentras una
sincronía semántica con los versos del libro, pero en la segunda lectura y ya a
través de la explicación que el propio poeta da en la entrevista de Javier
Gilabert comprendes la intención del poeta. La ilustración es una pintura
titulada El malabarista (1956) de la artista surrealista Remedios Varo que
“representa la lucha personal por el equilibrio espiritual y la transformación,
que da vida y significado a un mundo ordinario”, dice la IA. Wikipedia dice que
“La obra de Varo evoca un mundo surgido de su imaginación donde se mezcla lo
científico, lo místico, lo esotérico y lo mágico”. El título: Oxford Circus, en
un principio un título sugerente nos hace viajar semántica y geográficamente
hasta Reino Unido, a un cruce de caminos, a una estación de metro de Londres-
Wesminster, a la intersección de las Calles Regent Street y Oxford Street. Desde esta primera mirada, Circus
significaría circular y podríamos emparentarlo con un tiempo y un espacio
circular. Pero en cuanto empiezas a leer te das cuenta que no es ese su
significado correcto, así que esa interpretación te invita a pensar que es un
título sobrevenido o por lo menos que invita a confusión. El propio autor en
una entrevista dice: “el marco estructural del libro me lo dio el motivo del
circo” y después añade: “el título se fragmenta en sus dos palabras: Oxford es
un lugar que marcó mi trayectoria académica, porque allí fue donde realicé mi
master en Estudios de Género y el lugar donde empecé a explorar mi propia
disidencia de género. (…) A su vez, Circus alude a un cruce de caminos
(identidades fluidas, cosmopolitas, extranjeras), pero también al circo, como
lugar de identidades nómadas, o a la idea del cerco de brujería, la magia, el
conjuro…” Entonces todo encaja, especialmente por la idea de circo.
Oxford
Circus es un poemario que recurre al recurso literario mise en abyme o puesta en abismo (“un procedimiento literario
fractal de metaliteratura o de muñecas matrioscas”) cuya interrelación hace de
la intertextualidad una vía de significación sine qua non para comprender en toda su riqueza el verdadero
alcance del poemario que tenemos entre las manos. Gerardo también toma una
preferencia por el cuerpo accidentado, el dolor y el grito como senda, como
ética y estética, igual que hace Maillard en “Matar a Platón”. El autor, como
buen profesor, ha dejado un reguero de geocaches lectores para que no nos
perdamos por el camino en la interpretación de su obra, aunque tengamos que
realizar una labor detectivesca para descubrir su leitmotiv. Y así para llegar a Gerardo Rodríguez Salas y a Oxford
Circus hay que pasar antes por Chantal Maillard y el poema “Escribir” de su
obra “Matar a Platón”, pero también por Paul Preciado y su obra “Yo soy el
monstruo que os habla”, Theodor W. Adorno y la poesía después de Auschwitz,
Leopoldo María Panero y su poema “El cinco” del libro “La Casa del Miedo”,
Oscar Wilde y la larga carta a su amante “De Profundis”, Albert Wendt y su obra
“Inside us the dead”, Shakespeare y su ser o no ser, El retrato de Dorian Gray,
Adán y Eva y la Biblia, Juan Ramón Jiménez y su poema “Distinto” de su libro
“Una colina merididana”, Lucrecio y su obra epicúrea y hedonista “De rerum
natura”, Frankfurter Engel, el reverendo Charles Tindley con “we shall
overcome”, Pedro Lemebel y el “Manifiesto: Hablo por mi diferencia”, Charles
Darwin y su Origen de las especies, Bonnie Hancell y su obra “In this Allegory/
Where we Dissappear, Zygmunt Bauman y su obra “Modernidad líquida”, Sidnead
Overbye y su poema “El río”, Rosa Berbel y el poema “Limpieza general” de “Los
planetas fantasmas”… Oxford Circus es un libro de poemas que parecen una
reescritura de efecto matriosca a través de una voz lírica disociativa que
suplanta poéticas y técnicas como fórmula creativa y juego identitario, por lo
que podría decirse que tiene una creatividad fluida. Y así podemos comprobarlo
especialmente en los poemas “Somos cuerpos opacos”, “No hay respuesta” y “Una
gota” donde las reminiscencias de Overbye o Hancell son más que evidentes,
igual que el poema homónimo Escribir donde Gerardo también imita a Chantal
Maillard. Los idiomas que intervienen en el discurso poético del poemario son
el español, el latín, el inglés y el francés, lo que le da también una
atmósfera líquida.
También
es un poemario iconoclasta que, a su manera, derriba estatuas y campos
semánticos religiosos clásicos para resignificarlos con el dolor y su luz negra
de víctima en “la abrupta ladera de la Historia”: “rocía sal/ ¡sal!/ en las
estatuas”, “me lanzan dos encapuchados/
-una estatua no puede/ bailar- pero yo hago/ piruetas/ a veces/ los
ángeles/ no tienen alas/ su hoguera/ prende el asfalto/ en la caída”; “y aquél
ángel de Fráncfort/ con heces de palomas/ aquella noche/ alzamos/ un muro/ de
las lamentaciones”. Hay una pugna/batalla religiosa por ocupar y reinventar la
espiritualidad y la transcendencia y ganar el relato de la fe, entre la
herencia woke-cuir y la herencia católica de la voz poética, y así podemos
seguir un reguero de referencias que en contacto unas con otras y puestas en
abismo reinventan el lenguaje y su significado, los ritos y los mitos, y un
anticlericalismo que reescribe la Biblia convirtiendo los versos de Oxford
Circus también en una escritura sagrada: “infestado de cuerpos invertidos/ que
sangran y decoran/ sin ser beatificados” (p 18); “sed cantos de este templo
circular” (p.25); “sobre un altar sin cirios” (p. 25); “probad la fruta de este
árbol/ todos los árboles del mundo” (p 26); “que venís del jardín de las
manzanas” (p. 28); “pues no nos salva/ el hijo que heredó/ la grandeza del
padre” (p. 32); Pentecostés/Corpus Christi (p. 37) “y hurgaste en mi costado”;
Lamentaciones, 1:12, Credo de los Apóstoles, “sin un dios que abrazar/ …/ sin
obispos ni conjeturas/ sin sueños de manzanas/ sin un juicio final/ que nos
maldiga” (p. 63); “que nadie/ creó a
nadie/ que jamás hubo/ costillas…” (p.38);
“S/ omos cuerpos opacos/…/ cuerpos infam/ es sin coronas de espinas s/
omos templos sin pr/ eces…” (p.63); “N/ o hay respuesta el pec/ (h)ado se
disuelve en mi b/ oca un cuerpo márt/ ir deja un tenaz re/ gusto en este cuerpo
m/ ío que sangra…” (p. 71); “… con más/ fuerza que nunca rompiendo crucifijos…”
(p. 82); “aquí nada es sagrado ¿o tal vez sí? … hoy por fin confesamos” (p.
83). Y es en ese nivel freático sagrado
woke-cuir de significado desde donde manan todos los veneros simbólicos de este
libro mapa, de este poemario matriosca intertextual y simbólico. Después de
leer a Natalie Diaz y a otros poetas y activistas posmodernos y líquidos uno
descubre que comparten un radicalismo existencial y creativo, un activismo
militante woke que hacen del imperativo y la deconstrucción su hábitat
favorito. Gerardo usa los recursos literarios como el oxímoron o el mise en abyme entre otros como una
metodología queer para combinar
elementos contradictorios entre sí, diluir identidades y autores en su poética,
deconstruir significados y símbolos, romper la gramática y los versos en caída
como una forma de destruir el lenguaje y establecer una neolengua… en busca de
otras coherencias significativas, menos normativas, para desde ahí proyectar
una performatividad creadora.
Una
polarización constante sostiene a este poemario y su mundo simbólico y
afectivo. Símbolos que hay que valorarlos por su fuerza más que por su forma. Una
dualidad mística atraviesa el poemario que funciona como un oxímoron vital con
forma de larva: la lluvia (el llanto) y el fuego, la noche y la luz, el frío y
el calor, vigilia y sueño, el sol y la luna, blanco y negro, el bien y el mal.
Una lluvia-llanto y un fuego que bautizan en el dolor y purifican
resignificando el lenguaje y su pasado simbólico, como una forma de exorcizar
fantasmas, terrores y pesadillas. Y es ese isomorfismo o polarización de
imágenes la que establece una constelación de emociones y pensamientos que
ahondan en lo mistérico, lo esotérico y lo sagrado, estableciendo una
dialéctica entre la luz y las tinieblas, imágenes opuestas que consagran la
poética de Oxford Circus y su contexto histórico donde la voz poética se
metamorfosea en una voz justiciera: o conmigo o contra mí, pareciera que no hay
espacio alternativo para la concordia ni la tolerancia (“En la ciudad donde los
libros (las togas, las nubes) nunca/ duermen no habrá lugar para vosotros”, p.
27), (“Nosotros hoy maldeciremos”, “aquí habrá fiesta aunque no quede nada”, “y
habrá una luna nueva en vuestra noche”). Pero son múltiples los oxímoros
repartidos por el texto, quizá como una materialización lingüística de los
“cuerpos invertidos”, de la metamorfosis que persigue el poemario: “soñar un
sol/que bañe el pie/ en la sombra” (p. 17); “no tolerar más/ vuestra
tolerancia” (p. 18); “inventar un afuera/ dentro” (p. 19); “salir adentro”
(p.35); “ardió la llama oscura” (p. 38); “encendemos la noche”, “somos doradas
sombras/ que colmamos de luz” (p.47);
“Un cielo alterno/ bajo el mar” (p. 61); “nunca fui luz/ nunca fui sombra”
(p.65); “die hará resu/citar” (donde se juega con el significado de “die” en
inglés, morir, quizá como un tratamiento líquido o fluido del lenguaje y los
idiomas) (p. 71)… Es frecuente el uso metafórico de la lluvia (el llanto) en
sus versos con un significado profundo de renovación simbólica ambivalente:
purificación y vida, pero también tristeza y desastre. La lluvia está ligada a
lo sagrado y a la abundancia, a un renacer espiritual y emocional, pero también
representa la hostilidad del entorno. “… seguir el rastro/ del arcoíris/ que
deshizo la lluvia” (p.16). “… ladrillos rojos, paraguas que no os salvarán/ de
esta lluvia/ que suena diferente…” (p.27), “La lluvia/ tras el cristal” (p. 39)… Escribió
Gilbert Durand: “Bachelard muestra cómo el grito inhumano está vinculado a la
«boca» de las cavernas, a la «boca de la sombra» de la tierra, a las voces
«cavernosas» incapaces de pronunciar voces suaves. Por último en la exploración
experimental del sueño, se encuentran sujetos aterrorizados por los gritos de
seres semianimales que aúllan, sumidos en una charca fangosa.” Por lo que en
este poemario se vislumbra una agresividad de bestiario donde los humanos y los
animales intercambian sus roles como criaturas híbridas: “muerdes botones con
saña animal” (p. 31), “tan espesa la sangre/ sucia y grumosa” (p.38), “un
hombre sueña/ con abrir la ventana/ llamar a gritos/ a un joven/ cualquiera” (p.
39), “y las brujas bailamos una vez/ en nuestra cueva, animales aullando/ en su
guarida, hipnóticos conjuros/ de letras inventadas y de fuego” (p. 68), “ cómo
me amabas/ cómo gritaste”, “aquí danzamos fuera de las jaulas” (p.82). La
agresividad animal de las fieras, “y sus músicas horrísonas” que devoran,
funcionaría como símbolo de agitación y cambio, de transformación y
metamorfosis. (Ciempiés, avestruces, gallos, carneros, palomas, sirenas,
larvas, primates, luciérnagas, hormigas, mariposas… recorren los versos). Un poemario
crisálida, donde “no tiemblan ya las mariposas”, que nos lleva a un territorio
léxico nocturno lleno de hogueras como un relato de terror camuflado con
purpurina. Y así comprobamos que también el cuerpo y el oscurantismo junto al
anticlericalismo configuran una poética que resignifica la negrura
convirtiéndola en crisálida de palabras y significados nuevos, un poeta que actúa
como un médium que habita otras poéticas para crear una poética nueva. La
herida como símbolo de la vulnerabilidad y una conciencia compartida. Y la
palabra terrible sangre, “tan rica de misterio, de sufrimiento y de terror” que
diría E. A. Poe, como drama y maleficio, como puerta de la vida y de la muerte
también abre a la feminidad. (“cuéntame un cuento/ hasta sangrar” p. 30). Y la
noche, “tan espesa cruel y grumosa”, como sustancia maléfica que el poeta
resignifica/invierte como positiva convertida en sustancia del tiempo, junto a
la bestialidad que impregna todo el poemario, invoca a Cronos, pero también a
Thánatos y por tanto a Eros. Y esa oscuridad de las tinieblas de la caverna y
sus hogueras es resonancia del grito de dolor y de placer y de rabia que
sostiene la larva de la voz poética que se encarna en el lenguaje.
Y
así vamos atravesando la ideología woke y su agenda ritual con un reguero de
referencias, desde la teoría queer (“Nadie recordará/ la caja/ el residuo biológico/
de tantos cuerpos negros/ tan convienientemente/ reciclados/”) con poemas como
“Gender Buttons” (botones de género) o “Los cuerpos opacos” y su cita de la
poeta queer Bonnie Hancell a una teoría colonial con poemas como “Dentro de mí
los muertos” y citas a Albert Wendt. O a
la teoría de la raza: “aquí no hay/ anillos de poder/ razas buenas o malas” (p.
41). O se hace referencia a la necesidad de una neolengua, a una
resignificación y reescritura, a una lucha por el control del lenguaje
(“escribir/ urdir la gran mentira/ sobrevivir” p. 19), (“inventaremos nombres/
cazaremos los vuestros” p.42), (“-¿quién te sostiene a ti?- / las letras
encarnadas/ de una historia silente/- muchas historias-“ p.52), (“arrastra mil
palabras que cortaron tu cuerpo/ las anega/ resurgen puras” p.75), (“aquí
inventamos lenguas” p. 81). También nos dirige a la deconstrucción y recreación
del pasado y su poder (“no hay reto(r)no/ no funciona el ctrl z/ (des)hacer el
pasado (re)hacerlo/ cortar pegar” p. 34), (“Te invité a imaginar/ otra
historia” p. 38), (“somos las sombras de tu historia” p. 49). O a la fiebre
iconoclasta (“me lanzan dos encapuchados/ -una estatua no puede/ bailar- pero
yo hago piruetas…” p 49), (“rocía sal/ ¡sal!/ en las estatuas”), (“ardemos eso es el presente girar sin pausa/ prendernos con las llamas del pasado” p. 83). O a la cancel culture
(“no tolerar más/ vuestra tolerancia” p.18). Y a la batalla por el lenguaje y
el relato (“¿dónde encajamos/ en vuestro
puzle? /…/ ¿dónde encajáis/ vosotros/ en nuestro puzle?” p.70) con el que
interpela directamente al lector.
Su
primer poema “Escribir” es claramente metapoético y metaliterario y podría
leerse como una declaración de intenciones o una poética, está escrito a modo
de confesión donde el autor explica lo que pretende y a modo de justificación recuerda
a Adorno y su “ladera de la Historia”, donde la escritura o la reescritura,
como base de un constructo social-político-religioso y su dogma de tabla rasa,
pone al servicio de su fe cuir. Pero también nos lleva hasta Chantal Maillard y
“Matar a Platón” con la que comparte la noción del daño, la preferencia por el
cuerpo y la herida, también ese recurso mise
en abyme y la importancia de los títulos y apartados en las distintas
lecturas que tiene el poemario. Escribir, un poema donde la repetición se hace
ritual y la mirada se convierte en grito. Hay un poema experimental, visual y
semántico, que llama poderosamente la atención, “Sílencio”, donde el autor juega con el lenguaje, intenta recrearlo
y resignificarlo a través del juego, con signos y cabriolas gramaticales, como
si el lenguaje fuese moldeable o una cadena de ADN líquido y cuántico. O los
poemas “Pentecostés Corpus Christi”
y “Mi infancia son recuerdos” donde la
bipartición del poema nos conduce a una
dualidad demiúrgica invertida, a un uno que se desdobla o un desdoble que se
unifica, que recuerda a los romances y donde la tradición y la modernidad se
funden como en todo el poemario. O los poemas
“Somos cuerpos opacos” y “No hay respuesta” donde la lengua, la gramática y los versos se
rompen o se derriten, y ese juego de caída y ruptura resignifica y expande al
propio lenguaje y al propio poema. O el puñetazo en la mesa y en las sienes que
es el poema Puzles líquidos y su referencia al filósofo Zigmunt Bauman. O el
aquelarre final del poema “Arded” donde los “cuerpos fulgentes que gritan”
transcienden el imaginario para alcanzar una epifanía simbólica y una purificación.
Nuestro poeta, en el poema “Somos cuerpos opacos” (p.63), quizá como la
artista/poeta del norte de Inglaterra Bonnie Hancell, lo que persigue es una
catarsis a través de la práctica creativa entendida y utilizada como una
terapia. De hecho las letras de algunos poemas de Gerardo se caen de un verso a
otro como ocurre en poemas de Bonnie Hancell, quizá un homenaje encubierto
(también sucede lo mismo en el poema No hay respuesta, p.71). Y es que como en
aquella, Gerardo también ha convertido los poemas de Oxford Circus y el cuerpo
en “un lugar de protesta absoluta y un lugar de epifanía poética”, que diría
Richard Scott, el cual también dice refiriéndose al libro de Bonnie Lain
Hancell, En esta alegoría/Donde desaparecemos, que “Leer estos poemas es ver
bajo la piel de la vida misma y enfrentarse a las crudas verdades de nuestra
propia humanidad.” Lo que nos lleva a otro paralelismo que se podría establecer
entre Hancell y Maillard. Podríamos decir algo parecido también de Oxford
Circus y de Gerardo Rodríguez Salas por los vasos comunicantes que tienen sus
poéticas. El planteamiento artístico y estético es magnífico, digno de un
depredador literario que hace versiones de otros poemas, por la
intertextualidad que contiene, por el recurso mise en abyme que usa y comparte en línea con Chantal Maillard y su
libro “Matar a Platón” y por la apropiación de poéticas y códigos que practica.
Una auténtica obra de arte que cierra heridas abriéndolas, válgame el oxímoron.
Dice
Gilbert Durand: “Semánticamente hablando, puede decirse que no hay luz sin
tinieblas mientras que al contrario no es cierto: la noche tiene una existencia
simbólica autónoma”. Oxford Circus es un libro que, refugiado en el simbolismo
de la noche, en “palpar las lindes de la noche”, irradia luz, una “luz negra”,
pero igualmente que toda luz emana innumerables sombras, precisamente por eso,
por ser luz. Y es esa iconografía léxica, esa fatalidad entre el Régimen
Nocturno y el Régimen Diurno de las imágenes y los símbolos, esa dualidad
permanente sublimada en un reguero de oxímoros y códigos la que nos guía el inconsciente
lector e interpretativo. Todo es un itinerario simbólico, una ceremonia poética
cuir-woke, un aquelarre lírico que
pretende mover voluntades y establecer miradas líquidas e intertextuales, una
consciencia fluida, por lo que es también una poesía activista.
Un
poemario que, como una «caja de herramientas» que diría Focault, pretende
desmontar y volver a montar una mirada civilizatoria retrospectiva desde una performatividad/performance
woke. Oxford Circus se balancea en la telaraña-creencia de que corrigiendo la
lengua se va a transformar la realidad, por lo que su lírica brota de un
pensamiento mágico y de un solipsismo extremo, al fundamentarse sobre la fe y
la ilusión de que la consciencia es lo único que existe y lo único que fabrica
o construye el mundo y la realidad. Un poemario que me lleva a otros libros que
indagan en la misma sinergia woke, en la misma teoría social y cultural, y que
comparten el mismo zeitgeist de este
presente fluido y líquido, cada cual con sus costuras pero todos atravesados
por un mismo hilo de reconocimientos y éxitos, como son: El sin ventura Juan de
Yuste de Ali Calderón (México), Poscolonial Love Poem de Natalie Diaz (Estados
Unidos) y Martinete del Rey Sombra de Raúl Quinto (España).
Y
es en esa intertextualidad en la que se balancea el libro y su telaraña
léxica donde el propio autor manifiesta
que las dos citas de Chantal son “un tributo a la escritura en diálogo con
Chantal Maillard”. Pero al releer el poemario podemos observar que las citas
hablan entre ellas, que el recurso literario mise en Abyme y la intertextualidad entre citas, ideas, libros y
autores nos guían por un itinerario lector concreto: “Yo soy el monstruo que os
habla” (Paul Preciado); “Escribir/porque
alguien olvidó gritar/ y hay un espacio blanco/ ahora, que lo habita.” (Chantal
Maillard); “Una y otra vez el chirriar de los trapecios/ una y otra vez.”
(Leopoldo María Panero); “For us there is only one season.” (Oscar Wilde, De
Profundis); “Inside us the dead,/ like sweet-honeyed tamarind pods/ that will
burst in tomorrow´s sun.” (Albert Wendt); “Si veis un hombre distinto,/
matadlo.” (Juan Ramón Jiménez); “Si non aurea sunt iuvenum simulacra per aedes
lampadas igniferas manibus retinentia dextris, lumina nocturnis épulis ut
suppeditentur.” (Lucrecio. De rerum natura II, 24); “Si est dolor sicut dolor
meus” (Lamentaciones, 1:12); “No soy un marica disfrazado de poeta.” (Pedro
Lemebel); A clean and sober temp/ le where no one comes t/ o worship.” (Bonnie
Hancell); “Parece que rezuman un agua antes oculta.” (Trinidad Gan); “The ocean
is calling me home.” (Sidnead Overbye);
Escribir/ para hallar la paz/ después de haber hablado/ con los muertos./”
(Chantal Maillard); “Me habéis dejado el suelo lleno de ideas hermosas. No hay
forma de limpiarlas.” (Rosa Berbel).
Un
poemario que podríamos decir que ha sido concebido muy al gusto del estilo de
Broadway, de sus luces brillantes y de su teatro icónico, de plumas de colores
y lentejuelas doradas. Por lo que tiene de espectáculo de variedades, al menos
por cómo ha sido concebido en su estructura, más de teatro que de circo me
atrevería a decir yo: (Vodevil, Burlesque, Teatro de sombras, Fenómenos (Freak
Show) y Extravaganza), como una “poesía de viarietés”
como lo manifiestan los nombres puestos a las distintas partes del
poemario. Y así, de alguna manera, con “plumas que son cuchillos” y “con el
humo de colores y purpurina”, podríamos pensar que la voz del personaje que
conduce el poemario, esa voz transgresora y provocadora, es la voz de una
vedette de cabaret redimida. Y Oxford Circus, el título del libro, sería lo que
llama Bachelar, el “símbolo motor” que une todas las dominantes y las
representaciones que el libro contiene. Y es en ese juego simbólico que impregna
todo el poemario donde el teatro-circo, como arquetipo significante, muta y se
transforma, no en un lugar para ser feliz, entretener y reír, sino en un
territorio simbólico convertido en campo de batalla donde sufrir, transgredir y
resignificar, en un relato de guerra escrito para provocar una catarsis, porque
si no hay catarsis, hay psicosis. “Sed/ payasos de una carpa/ de ensueño/ y
corazones rotos” –leemos en la página 26.
Si
la escritura es la más alta tecnología humana, la poesía en manos de Gerardo consigue
ser un arma y un artefacto al mismo tiempo, una catapulta de palabras
sentipensantes llenas de sinergias con sabor a espectáculo, como constatan los
títulos de los apartados en los que está dividido el poemario. Un texto, Oxford
Circus, que invita a la lucha y al conflicto como vía de sanación o solución,
quizá como un duelo de sables o pistolas convertidas en palabras y metáforas,
todo un desafío. Y así nos encontramos dos interrogantes polarizadores que
interpelan al lector y encajan como el yin y el yang en la poética del libro:
“¿dónde encajamos/ en vuestro puzle?” versus “¿dónde encajáis/ vosotros/ en
nuestro puzle?”. (Poema: Puzles líquidos, p.69). Lo que nos conduce a un
enfrentamiento sin perdón ni tolerancia donde el destino está escrito o
servido, por mucho que nos escudemos en la diversidad y en la inclusividad, que
diría Carmen Domingo Soriano. El tratamiento cuir de su poética implica
militancia pero a la vez también creencia, esa mirada woke sobre la sociedad y
sobre la propia intimidad es asumida como ideología, pero también como
religión, como otra forma de alcanzar la transcendencia y afrontar la
espiritualidad, y por tanto, la salvación y el paraíso. Gerardo convierte el
poema en un espacio sinestésico donde conviven el plano fónico y el plano
semántico en un vaivén deconstructivo y mutante del lenguaje, lo visual, lo
auditivo, lo emocional, lo filosófico, lo identitario… Y donde pronto ese yo
poético infantil de algunos poemas, al inicio, conforme avanza la lectura se
metamorfosea en un yo-nosotros justiciero que destila terror y amor a la vez,
gota a gota, una química hostil, una alquimia de cuerpos, gritos, dolor y
sangre que destila por su alambique poético woke. También puede apreciarse ese
tránsito y esa venganza en el poema “Este cerco” en el que podríamos imaginar a
Humpty Dumpty transformándose en un Zanco Panco diabólico.
Si
una obra debe ser valorada en función de su valor estético y artístico, sin
duda alguna hay que señalar que Oxford Circus es un poemario fantástico desde
todos los puntos de vista, para unos, y un poemario fantástico literariamente
hablando para todos, un magnífico libro
de poesía cuya lectura se dirige al oído y al corazón al mismo tiempo a través
de un itinerario de miguitas de pan de una voz poética que juega con el lector
para llevarlo a una consciencia y una ética del mundo. Porque como dice el
propio Oscar Wilde en De profundis: “…todo lo que llega hasta la consciencia es
justo”, “porque… nada es imposible para la humildad y todo le es fácil al
amor”. De igual manera Gerardo ha venido a nosotros con su poesía para intentar
enseñarnos “el placer de vivir y el placer del arte”, pero también “el valor y
la belleza del dolor” que victimiza y redime, como diría Wilde. Así que para
finalizar hay que incidir en que es un poemario escrito con una sensibilidad y
un oficio desbordantes, que hace de la alegoría un retablo zeitgeist que entretiene mientras catequiza, por lo que tiene de
sagrado. Un poemario instalado en una visión de la realidad fomentado por la
izquierda posmoderna y líquida. Pero leer al servicio de una ideología eso no
es leer, que diría el pope de la literatura Harold Bloom. Y llegado aquí me acuerdo
del poeta Alfonso Brezmes que dice que le “basta un poema magnífico para salvar
a su autor del olvido; me sobran esas obras completas en las que no cabe un
solo instante para el hallazgo, el recogimiento, la ternura o el asombro.” En
este hermoso poemario encontraréis más de uno, el libro entero es un
espectáculo repleto de asombros y hallazgos, de suspenses líricos. Gerardo ya
está salvado del olvido. Su lectura os quemará por dentro. Arded con él, “Soñad
los libros/ que ardieron tantas veces.” Pasen y lean sin dejarse atrapar por la
banalidad del mal, que diría Hannah Arendt. La lectura espectáculo va a
comenzar. Ocupen sus asientos y ocupémonos del cuidado del mundo y del arte. Se
abre el telón. Un poemario, Oxford Circus, a la altura de la editorial que lo
publica y al nivel de Gerardo Rodríguez Salas, por qué no, el próximo Premio de
la Crítica Andaluza de Poesía, con mis respetos a los demás candidatos.
Bibliografía
- Rodríguez Salas,
Gerardo. “Oxford Circus”. Editorial Visor, 2025.
-McGrath, Titania.
“Woke”. Alianza Editorial. 2019.
-Domingo, Carmen.
“#Cancelado. El nuevo Macartismo.” Editorial Círculo de Tiza, 2023.
- Rubio, Enrique.
“Religión Woke. El despertar del supremacismo identitario.” Editorial Almuzara,
2023.
-Braunstein, Jean François.
“La religión woke. Anatomía del movimiento irracional e identitario que está
poniendo en jaque a Occidente.” Editorial La Esfera de los libros, 2024.
-Durand, Gilbert. “Las
estructuras antropológicas de lo imaginario”. Taurus Ediciones. Madríd, 1981.
-Gilabert, Javier. “Gerardo
Rodríguez Salas: «Siempre he apostado por la visibilidad de las identidades
disidentes».” Entrevista, Culturamás, 9-12-25.
- Guerrero, Francisco
Javier. Reseña: “Un arco sagrado”, Cuadernos del sur, Córdoba, 27 diciembre
2025.
- Ugarte, Pedro.
Artículo: “Pedagogía, resistencia y nostalgia”. El Español, 5-12-25.
-Hancell,Bonnie. (https://www.deathofworkerswhilstbuildingskyscrapers.com/product-page/bonnie-hancell-in-the-allegory-where-we-disappear)
OPINIONES DE UN LECTOR
Custodio Tejada
Diciembre de 2025
TODOLITERATURA
https://www.todoliteratura.es/noticia/62073/poesia/oxford-circus-de-gerardo-rodriguez-salas.html
GRANADA COSTA
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