martes, 16 de diciembre de 2025

MIXTURA (Antología poética) de Marina Tapia.

 MIXTURA (Antología poética) de Marina Tapia.

Opiniones de un lector. Por Custodio Tejada.





MIXTURA (Antología poética) de Marina Tapia, poeta chilenoespañola, que nació en Valparaíso y vive en Granada. Aliar Ediciones, colección Averso. Diez libros más Exentos en diez años (2013-2024) que muestran toda una trayectoria poética, pero también existencial. 154 poemas y 250 páginas, más un gran prólogo que abre y desgrana las páginas en llamas de esta antología, firmado por el poeta Juan José Castro Martín, y después  una “Nota inicial” de la misma autora que sirve de aviso y brújula para lectores navegantes. La ilustración de la portada es una pintura de la propia autora: un jarrón con un pájaro posado encima y que mira hacia atrás. La edición de Averso como siempre tan exquisita. Una poeta con una voz de tornaviaje, de ida y vuelta, de nexo entre dos orillas, de la otredad y el yo.

 

            Escribe Gilbert Durand que las imágenes no valen  tanto por las raíces que ocultan, sino por las flores poéticas y míticas que revelan. Y eso es lo que muestra toda antología: una revelación. Para la poeta Dionisia García: “La poesía, cuando es verdadera, es arte sin paliativos.” “La poesía es muy caprichosa, es el género  por excelencia. Te exige ir por la vida con los ojos muy abiertos,  estar en medio de todo.” “Porque el poeta, si es poeta de verdad, no sabe lo que hace. Son los otros, los lectores, quienes pueden dar su opinión sobre lo leído.” (Entrevista realizada por Natalia Carbajosa, Jot Down). Y así es cómo la escritura, y especialmente la poesía seduce y embriaga, trayendo a nosotros la fragancia de esa consciencia universal que nos habita y que está en todas partes y también afuera, el poeta es solo un vehículo para manifestar su presencia.

            Sobre Mixtura, de la poeta chilenoespañola Marina Tapia, escribe Jimy Ruíz Vega en su blog El Fescambre, en una reseña titulada "Digerir el mundo”: “Mixtura es una antología que pone al lector frente a una exposición de poemas en el que el yo lírico se deja ver en el tiempo, desde su estado de entusiasmo e inspiración, hasta de éxtasis y fervor por la naturaleza. (…) En Marina, la poesía está totalmente despojada de retórica, y la metáfora nunca impide ver la vida, antes bien, se pone a su disposición. Y Ángel Olgoso dice en la reseña “Mixtura de fuego”, en Moon Magazine (8-10-2025) que esta antología reúne sus diez “poemarios fundentes, hermosos, coherentes, insoslayables.” “Marina ha transmutado alquímicamente su vida, sus estados emocionales y los armónicos acordes de su voz poética en una decena exacta de volúmenes, de los cuales se recoge felizmente una amplia selección en esta mixtura”. “Un libro panorámico”, “un florilegio hermoso”, “una poeta verdadera e imprescindible”. ”En su poesía, todo está vivo y fresco, primoroso en sus proporciones y cadencia, pequeño y encantador pero sólido y profundo en vez de impresionante”. Y para Santos Domínguez Ramos la “Imaginación y sensibilidad se conjugan en la voz de Marina Tapia y en su mirada plástica hacia el misterio del mundo para desarrollar una concepción de la poesía como búsqueda.”

              El título, la palabra Mixtura significa: “mezcla, juntura o incorporación de varias cosas”, es por tanto la antesala de una simbiosis, una amalgama de sentidos, de memoria, de emociones y sentimientos, de lecturas, de palabras y nombres y lugares, de olvidos y silencios, de múltiples elementos que forman el cóctel lírico que es Marina Tapia; un conjunto de ingredientes que fusionan vida y literatura, magia y alquimia, esencia y consciencia. La Nota inicial y el Prólogo proporcionan la información necesaria para recorrer con éxito la lectura del mapa antológico. Leer a Marina es habitar un territorio, recorrer un camino de palabras que va de lo íntimo y lo próximo a lo más alejado, del prójimo a uno mismo, y de paso deambula como una náufraga por un magma lírico de imágenes y misterios. La antología tiene un hilo conductor sutil y delicado que es la propia sensibilidad y consciencia de la autora. A la vez que es una exploración de la poeta es también una exploración de su época, de un desarraigo o errancia biográfica, pero también de una ubicación en el mundo y en el tiempo: un legado escrito. Podría decirse que tiene una voz de nexo de esa alma hispana repartida en dos hemisferios, una sinergia lectora de encuentro, la ruta de los nombres al menos así lo manifiesta. Cuando un autor decide publicar una antología de todos sus libros es porque considera que ya ha recorrido un camino y un periodo vital, o porque considera que es el momento idóneo para hacer una fotosíntesis lectora de su obra, una forma de reescribirse y reinterpretarse con una mirada global y entregarse así de nuevo, igual y diferente, al lector. La selección de poemas y su disposición en la antología se resignifican y se expanden en su nuevo hábitat antológico. Por lo tanto, una antología tiene algo de ritual, de acto oficiante o eucarístico, pero también de hogar y descanso: el lenguaje convertido en vida disecada o en un museo de recuerdos sentipensantes. Es un mapa.

            Publicar una antología es una forma de hacer balance de una trayectoria y también la experiencia de haber conseguido una meta. Podríamos asegurar que un autor es el resultado de todo el imaginario que surge de su iconografía léxica. Y así Mixtura es un retablo lingüístico: 50 mujeres desnudas, El relámpago en la habitación, Marjales de interior, Jardín imposible, El deleite, Bosque y silencio, Un kilim de palabras, Islario, Corteza, Piedra que mengua y Exentos. Y con estas ventanas de su estancia la autora se entrega al lector, a través de esta precisa y panorámica mirada que nos habita en el itinerario simbólico. Y es precisamente esa semántica de imágenes las que nos da el ser y el sentir de la poética de Marina, de su epifanía cosmológica y existencial. Mixtura invita al misterio y a la curiosidad, a la intuición y a la sensorialidad, a asomarse a la consciencia. Vamos de la reivindicación femenina a la percepción más telúrica, de una simbiosis entre la naturaleza y la poeta, de la tierra y la poesía, de la ecología y el ser, del tiempo y del espacio. “Madre piedra que estás en la tierra,/ santificada sea tu extirpe./ Vuelva a nosotros tu reino./ Hágase tu voluntad,/” (Piedra que mengua, p. 237). O su poema Imagen: “Despojarme del peso de mi imagen,/ vivir sin piel,/ a nada estar sujeta,/ vestirme o desvestirme de mí misma.” (Corteza, p 212). Es la poética de Marina una poética de ida y vuelta, una voz de tornaviaje y encuentro. “Estoy aquí, Granada, ante tus cielos amplios, ansiosa,/ seca,/ náufraga./ He llegado/ con mi atril-ataúd” (Islario, p. 195).

             Y ahora os enunciaré y haré referencias a dedicatorias, citas, lugares, nombres y versos de su antología que alumbran y perfuman su poética y esta reseña, a modo de geocaches lectores. Las dedicatorias trazan una ruta directa al corazón de la autora: a su abuela María, a su madre, a su padre, a su hija Camila, a su hermana Gloria, a Ángel, a su amiga Margarita Osborn, a sus amigas del Laurel de la Azotea, a Sophia Halkidou, a Ana Mañeru Méndez, a Elena, paco y Eugenia, a Pamela, Daniel y Sofía, a José Manuel Darro, a Josefina Martos Peregrín, a Elena Martín Vivaldi, a Anna Ajmátova, a Emilia Pardo Bazán…

Las citas que pueblan el libro también nos plantean un itinerario intertextual y lector a seguir, una herencia que también está repartida en dos hemisferios: Rubén Darío, Gabriela Mistral, Federico García Lorca, Antonio Carvajal, Jorge Teillier, Pablo de Rokha, Juana Castro, Gonzalo Rojo, Andrés González Andino, Eduardo Lizalde, Francisco Umbral, Clara Janés, Yayo Herrero, Rosalía de Castro, Rafael Guillén, Violeta Parra, Ángeles Mora, Raine María Rilke, Ángel Valente, Mariluz Escribano Pueo, Antonio Machado, Octavio Paz, Úrsula Kle Guin…

                Y os dejo aquí también una letanía casi hímnica de palabras y nombres, como vasos comunicantes que resuenan como gongs y que guían el viaje semántico y simbólico del libro, por la pintura, la poesía, el pensamiento, la mitología…: Goliat, Lilith, Pollock, Picasso, Yves Klein, Noé, Platón, Georgia O,Keeffe, Annie Dillard, Chagall, Penélope, Lord Byron, Mary Shelley, Rousseau, Emily Dickinson, Artemisa… Y también nos hace viajar por territorios y nombres que como mapas guardan tesoros y memoria: Granada (España), Valparaíso (Chile), Troya, Zujaira, Carmen de los Mártires, Machu Pichu, la Alhambra, Guadix, jardines de Daraixa, Fuente Vaqueros, Almuñécar, Jericó, Asgard, Valhalla, jardín de las Hespérides, Cartago, Iznajar, Rapa Nui, Mediterráneo, Vancouver Island, Baeza, Antequera, Petra…, pero también por la zarza ardiente y la fotosíntesis, la Madre Piedra y la lava, el canto y el grito, el beso y el semen.

             Y ahora, como un derviche lector que gira de página en página y de libro en libro, os voy a llevar a un conjunto de versos que actúan como portales interdimensionales a su antología, esa casa hecha de vida y de palabras a la que nos invita Marina. “Probadme, mordisquead mis pensamientos” (Derechos y deberes de la autora, p. 39, del libro 50 mujeres desnudas); “Para la migración/ yo fui educada,” (N.I.E. p. 41, 50 mujeres desnudas); “Exiliarse fue un acto rotundo” (Razón de la gaviota, p. 42, 50 mujeres desnudas); “Llegas a mi sediento y luminoso,/ nadie te ve en mi cuarto,/ nadie ha visto/ esa vida de luz/ de tu esperma,” (El relámpago en la habitación, p. 56, del libro del mismo título); “Ven, pueblo, congregación de voces y paisaje” (Ruta de las Fortalezas, p. 81, del libro Marjales de interior); “Allá en Valparaíso/ se eleva un volantín de aire” (Septiembre, p. 92, Marjales de interior); “Oculta en una cueva de Guadix/ maduro el silencio/ mis palabras” (Casa cueva, p. 91, Marjales de interior); “Estoy aquí, Granada, ante tus cielos amplios,/ ansiosa,/ seca,/ náufraga/ (Razón del desembargo, p. 195, del libro Islario); “Mis ojos se recrean en los charcos/ lo mismo que en los cielos.” (Oración de la orquídea, p. 125, del libro Jardín imposible); “Acércate al reinado del oído” (El oído, p 138, del libro El deleite); “La luz será una colcha que te guarde” (La vista, p.139. El deleite); “Soy la miga de pan que retiene tu mano,” (El tacto, p.140. El deleite); “He sido, soy, seré poeta… Poeta precedida de otros vuelos” (Vocación, p.163, del libro Bosque y silencio); “Mi espíritu de hoja/ zigzaguea en el aire,/ buscando su sentido/” (Y pese a todo, canto, p. 177, del libro Un kilim de palabras); “A mí solo me bastan los senderos que van hacia las olas/…/ los símbolos de un viaje hacia mí misma.” (Afirmación, p. 188, del libro Islario); “Valparaíso,/ encima de esta grieta te recreo/” (Boceto sin modelo, p.199, Islario); “Renace de un recuerdo/ guardado en mis esquinas.” (Voces, p.205, del libro Corteza) “Mi familia es un bloque/ de cajones pequeños/ que no pueden tocarse.” (La colmena dispersa, p. 210, Corteza); “Hoy voy a hablar de límites,/ del peso del pasado,/ de conquistas.” (Celebración, p.218, Corteza); “Antes de que tu aliento me llevara, / nosotras, las errantes/ (Guardianas de las tumbas)” 16, p.235, del libro La piedra que mengua); “Madre Piedra que estás en la Tierra,/ santificada sea tu estirpe. Vuelva a nosotros tu reino.” (22, p. 237, La piedra que mengua); “Soy de ella, de él/ de vosotros,/ de esa turbia moheda/ de culpas.” (Terceto de la luz negra, p. 246, Exentos.)

Y para finalizar esta opinión lectora dejadme que os invite a leer a esta poeta verdadera rebosante de conocimiento y de consciencia. Una antología, Mixtura, que es un florilegio de vida y emociones, de poesía “elegante, sensorial y rítmica”. Un viaje por el lenguaje de una voz poética llena de música y símbolos, de espacio íntimo y otredad. Mixtura representa una transubstanciación de la vida y el alma de Marina Tapia que se hace lenguaje mistérico para regalarse a nosotros sus lectores.

 

OPINIONES DE UN LECTOR

Custodio Tejada

Noviembre de 2025


TODOLITERATURA.

https://www.todoliteratura.es/noticia/61960/poesia/mixtura-antologia-poetica-de-marina-tapia.html


viernes, 12 de diciembre de 2025

MADERA DE DERIVA de Ángel Olgoso.

 

MADERA DE DERIVA de Ángel Olgoso. 

OPINIONES DE UN LECTOR. Por Custodio Tejada Cruz.



MADERA DE DERIVA de Ángel Olgoso. Editorial Libros del Innombrable. 192 páginas y 36 textos/relatos, casi todos dedicados. El libro, lleno de “emociones y maravillas”, está escoltado por el “Prologuillo hecho con astillas” de Oscar Esquivias y una sinopsis en la contraportada de Eloy Tizón, tres gigantes reunidos de nuestras letras en un palmo de papel. La portada es un collage del propio autor, coloreado por Marina Tapia. Una imagen onírica que nos hace viajar por los sueños con final incierto y un toque surrealista. Es un texto híbrido por el que mientras lees lo mismo transitas por la poesía, la opinión, el cuento, las memorias, los viajes, la crítica, la metaliteratura… En 2025 publica ESTIGIA en Eolas Ediciones  (252 páginas y 99 relatos) y Madera de deriva, y así, a la vez, hace balance entre su debe y su haber como escritor y expande su cuenta de resultados. Su escritura seductora no te dejará indiferente.

 

Yo soy un lector de retales, y ¿por qué digo que soy un lector de retales? Porque como mucho uno puede leer unas cuantas obras completas de un puñado de autores sin morir de empacho o de viejo. Por lo general ningún lector lee obras completas, lee de aquí y de allá,  y picotea con ahínco donde más le gusta y se encuentra cómodo. Pocos pueden ser los lectores que cogen unas obras completas de un autor y cuando las acaba va a por las de otro y así hasta que no acaba unas no empieza las otras. Por lo que ningún lector es un lector absoluto, jamás habrá un lector absoluto, por falta de tiempo y de ganas, simple y llanamente. Y para colmo ese mundo editorial que no se detiene. Entonces uno descubre que no vivirá para contarlo sin morir antes en el intento, y descansa enormemente sabiendo que jamás será un lector absoluto porque jamás podrá leerlo todo. Por lo que el síndrome del lector total se desvanece y la ansiedad y el estrés también. Ya uno lee sin prisas y sin complejos. Aunque al otro lado tenemos el síndrome del lector selecto, que no deja espacio para los no consagrados, y solo busca las listas de los mejores libros o de los más vendidos. Así que todos somos lectores de retales, lectores de saldos o antologías, lectores tránsfugas y pasajeros que esperan en un viejo andén el paso de un nuevo libro o un nuevo autor que nos lleve por los raíles del asombro y la belleza. Por lo que todos somos víctimas y verdugos de nuestro afán lector, entendido éste como un síndrome o enfermedad incurable. Nadie lee por generosidad literaria, sino por egoísmo lingüístico y compulsivo. El lenguaje es nuestro alimento favorito. Lo necesitamos para vivir, sin sus nutrientes no somos nada ni nadie. Nuestra alma está hecha de relatos, de poemas, de historias, de aforismos y de palabras que se traducen en pensamientos y sentimientos.

Son muchas las apreciaciones aparecidas sobre la obra de Ángel Olgoso. Oscar Esquivias nos advierte en su prologuillo que este libro es “variopinto, raro, sabio, misterioso, lleno de fervor por la literatura, en el que relata historias reales que parecen fábulas y cuentecillos con aspecto de noticias o crónicas”, “cada texto debe ser leído como si fuera un cuento o un poema”. Y Eloy Tizón, en la contraportada, dice: “Ángel Olgoso tiene el coraje de dar un volantazo inesperado a su prosa e internarse por territorios de hibridación y humor melancólico, con la libertad y maestría del que ya no necesita demostrar nada… Madera de deriva es un modelo de cuento desabrochado y libre en el que no escatima los juegos con la Historia y la ciencia, la cita culta y oportuna ni la imaginación metaliteraria”. Para Jaime Lechuga, ilustrador de Estigia, Madera de deriva es “destilación purísima de la literatura (microrrelato, libro de viaje, teoría literaria, memorias, crítica social, poesía, artículo de opinión…)  Para Francisco Morales Lomas (publicado en el suplemento Cuadernos del sur del Diario de Córdoba) con Madera de deriva “se inicia una nueva etapa en la que los elementos autobiográficos poseen un espacio e identidad propia tanto como la reflexión metaliteraria”, “es una obra enormemente rica, heterodoxa, plural…” Para Jesús Ortega es una “hermosa miscelánea… Con sus ensayos narrativizados y sus narraciones ensayísticas, con sus evocaciones, sus crónicas, sus textos memorialísticos, sus notas de lectura, sus poemas en prosa, sus ensayos de poética personal. Marina Tapia dice de Madera de deriva que es un conjunto de “narraciones híbridas, frescas, empapadas, embebidas y sin complejos, armonizadas por una voz que arroja con su minuciosidad detalles, referencias y citas”, lleno de “humor e ironía marca de la casa”, “de los ecos y resonancias de otros maestros”, “un equilibrio entre pensamiento y vida”. Así que con estas mimbres críticas el lector no tiene excusas para hincarle el diente a esta exquisitez.

Ángel Olgoso, en este nuevo volumen de su aventura literaria, da fe y levanta acta de sus emociones, de sus miradas y pensamientos. Y así va como un náufrago a la deriva del lenguaje y en busca del lector, yendo de la Dehesa del Camarate en Lugros a la librería Babel en Granada, a vuelapluma y volando en una alfombra de palabras y frases. Se convierte en un cicerone para llevarnos de la palabra precisa a la imagen locuaz y viceversa. Porque Madera de deriva es un viaje físico y emocional, por el lenguaje, pero también por la experiencia o la memoria, por el conocimiento y la biografía, un perfecto artefacto lingüístico repleto de vida y anécdotas. Una existencia escrita que fluye desde textos como “Glosario” (p. 25) a otros como “Chile en el corazón” (p. 29) con un trato más costumbrista, que funciona como un relato de viaje o un retrato de familia.  Unos más críticos e irónicos como Besos de fantasmas, Los fuegos fatuos o La pocilga de la facilidad (donde hace un retrato peculiar del mundo literario y su intemperie) y otros más metaliterarios como Los cigarrillos mentolados de Julio Ramón Ribeyro. El autor expande los límites del conocimiento y disuelve lo real y lo imaginado, el mito y el logos, con su narrativa detectivesca, como si fuera un Borges o un Bolaños. Ángel juega con el lector y se convierte en un autor que funciona como un club de lectura, siempre en sintonía y confidencia con el lector amigo, en complicidad, al que le gusta llevar y traer por sus andanzas lectoras y vitales como un Quijote para hacerle sentir inteligente cuando juega con él, especialmente lo digo por lo que tiene la escritura de Ángel Olgoso de juego erudito, metaliterario y humorístico, pero también de satírico e irónico. Ya que por sus páginas transitan un sinfín de nombres, obras, lugares, intenciones y momentos.

Si en Madera de deriva, una nueva entrega “de cuento desabrochado y libre”, Ángel se presenta ante sus lectores, escoltado por los grandes Óscar Esquivias en el prólogo y Eloy Tizón en la contraportada, formando un trío de ases literarios; en Estigia, una nueva recopilación y reorganización de sus antiguos relatos, le acompaña el magnífico prólogo de Ana María Shua. Estigia lo ha publicado en Eolas Ediciones, con 252 páginas y 99 relatos. Una nueva presentación de su legado, quizá la ordenación definitiva para reposar en sus obras completas.

En la portada de Estigia nos espera Caronte y su barcaza, en una posición de ida, que no de vuelta, casi invitándonos a que subamos en ella, quizá como metáfora lectora y sinestesia entre ilustración y escritura, entre sentidos y sentimientos. La imagen es de Jaime Lechuga Rodríguez del Castillo. En cambio, la portada de Madera de deriva es más onírica, incluso psicoanalítica. Un galeón con todo su velamen abierto surca el mar a todo pulmón, un rosetón gótico entre las nubes a modo de astro que recuerda a una catedral de aire, y como un sueño o pesadilla, a modo de naufragio o deriva dos manos con dos tenedores que imaginan ser dos barquitos de vela ligera, una de esas manos sujeta a una dama. Es un collage del propio autor coloreado por Marina Tapia.

Y es que, parafraseando a Marina Tapia en la página 36, el destino de todos los lectores quizá no sea tanto un lugar o un libro, sino estar junto a los escritores que los han seducido y encandilado, en una especie de metempsicosis lectora o bibliográfica, según haya sido la vida lectora de cada cual. Si esto fuera así, Ángel Olgoso ocuparía un lugar distinguido en ese territorio biblioteca y nosotros con él, porque los lectores transmigran sus almas a los autores que les hacen volar.

Ángel escribe sobre sí mismo, sobre su vida, sobre la madera de su vida que es deriva de trastos y nombres, de libros y recuerdos, de alegrías y desengaños, o sea, de su camino itinerario por el lenguaje y la biografía convertida en un vestigio. La vida también se escribe, como diría Pirandello, pero yo creo que muchas veces se lee más que se vive. Madera de deriva es un intento por preservar el pasado con las bolitas de alcanfor que resultan ser las palabras en las manos de Ángel Olgoso, otra forma de retener el tiempo y detener el olvido. Y como buen pintor de palabras que es, sabe llenar sus textos de pinceladas metaliterarias, satíricas, costumbristas, poéticas, humorísticas, irónicas… Porque el ingenio y la destreza de Olgoso no dejará de sorprenderte y encandilarte por mucho que lo leas. Cualquier libro suyo merece una tarde de mesa camilla y brasero.

 

OPINIONES DE UN LECTOR

Custodio Tejada Cruz

Noviembre de 2025

TODOLITERATURA

https://www.todoliteratura.es/noticia/61857/criticas/madera-de-deriva-de-angel-olgoso.html